Alertan del colapso biológico del conejo de monte y la liebre ibérica en Castellón
- Un informe del Grup d’Estudi i Protecció dels Rapinyaires – Ecologistes en Acció de Vila-real (GER-EA) desmonta el mito de la plaga de conejos en el interior de la provincia.

El Grup d’Estudi i Protecció dels Rapinyaires y Ecologistes en Acció (GER-EA) ha redactado un exhaustivo informe que enciende todas las alarmas sobre el estado de conservación de los lagomorfos (conejos y liebres) en la provincia de Castellón. Los datos, extraídos de las propias series históricas de capturas de la Conselleria de Medio Ambiente y de censos de campo, revelan una realidad crítica: mientras la administración focaliza sus esfuerzos en declarar “emergencias cinegéticas” por daños agrícolas en zonas litorales, el monte interior sufre un vacío biológico sin precedentes.
La liebre ibérica: un desplome de más del 91% en Castellón
El caso de la liebre ibérica (Lepus granatensis) es el más dramático y evidencia un colapso inminente. La combinación de la presión cinegética ininterrumpida y el impacto de las nuevas cepas de mixomatosis ha provocado una regresión drástica en todo el territorio autonómico.
El balance de los últimos veinte años deja una cifra de 455.184 liebres muertas bajo autorización en la Comunitat Valenciana. La gravedad de su estado poblacional se refleja en el hundimiento vertical de las capturas en la última temporada (2024-2025), donde apenas se registraron 3.656 liebres en toda la Comunitat, una cifra residual que confirma el vacío biológico en nuestros campos.
El análisis provincial detallado por el GER-EA demuestra que el declive adquiere tintes alarmantes según el territorio: En Castellón, las capturas se han hundido un 91,5%, dejando a la especie en una situación de práctica desaparición en los campos castellonenses. En la provincia de Valencia: Sufre una regresión idéntica, con una disminución del 91,8% en su serie histórica. Finalmente, en la provincia de Alicante: El desplome alcanza el 92,1% de pérdida de capturas en las últimas dos décadas.
Por ello, desde el GER-EA califican la situación de “extrema gravedad” y exigen a la Generalitat la declaración inmediata de una moratoria zoológica y sanitaria de caza para la liebre.
El “mito” de la plaga de conejos en el norte
Respecto al conejo de monte (Oryctolagus cuniculus), especie catalogada “En Peligro” en su área de distribución nativa por la UICN, el informe desmonta el relato oficial de la sobrepoblación generalizada. Al analizar la última resolución de la Generalitat Valenciana sobre municipios en emergencia cinegética, se demuestra que Castellón solo aporta el 11,9% de la superficie afectada en toda la Comunitat.
En las últimas dos décadas, la región ha registrado la pérdida acumulada de 10.300.541 conejos de monte debido a la caza. Lejos de frenarse ante la evidente escasez en las masas forestales, la maquinaria extractiva continuó autorizando la muerte de 369.850 ejemplares en la última temporada (2024-2025).
“La Conselleria sufre un sesgo de muestreo de gravedad extrema: cuenta conejos en los taludes de autovías, vías de tren y regadíos intensivos, que actúan como refugios artificiales, y extrapola de manera errónea esos picos al resto del territorio”. La realidad es que, mientras la presión cinegética sigue vaciando los montes de Castellón con un volumen de capturas que se mantiene artificialmente alto, la densidad media en la provincia es de apenas 0,27 ejemplares por cada 100 hectáreas en el medio forestal ; un umbral crítico que impide que el ecosistema mediterráneo funcione como sustento.
Un ecosistema sin alimento para las rapaces
La desaparición de estos animales no es un problema aislado, sino que afecta directamente a más de 30 especies de depredadores ibéricos. Aves tan emblemáticas y amenazadas en las comarcas castellonenses como el águila perdicera, el águila real, el búho real o gato montes dependen críticamente de la biomasa de conejo para el éxito reproductivo.
A este vacío trófico se suma la presión humana sobre carnívoros clave como el zorro (con cerca de 10.000 ejemplares abatidos al año por cazadores), lo que desmantela por completo el control biológico natural del ecosistema. Sin presas en el monte y sin depredadores que regulen el medio, el colapso de la biodiversidad está asegurado.
El GER-EA considera un grave fracaso institucional y de gestión la permisividad y continuidad de la actividad cinegética sobre los lagomorfos, ejecutada en ausencia de un control riguroso por parte de la administración y sin una evidencia científica que avale la sostenibilidad de dichas extracciones. Mantener la presión de capturas sobre una especie clave desatiende los criterios biológicos mínimos, anteponiendo la gestión reactiva del conflicto a la protección del patrimonio natural.
