Edgar Borges •  Opinión • 30/05/2018

Entrevista con el escritor Antonio Álvarez Gil: “Puedo sufrir en varios idiomas y realidades”

Entrevista con el escritor Antonio Álvarez Gil: “Puedo sufrir en varios idiomas y realidades”

Antonio Álvarez Gil es un escritor del mundo no sólo porque haya vivido buena parte de su vida entre Cuba (lugar de nacimiento), Suecia y España, sino por la propia dimensión de su obra. Como los grandes creadores de arte, traspasa los límites de la realidad social para contarnos las otras posibilidades que descubre a través de su mirada. Esta intención nos entrega en su nueva novela “A las puertas de Europa” (Huso Editorial, 2018), un drama sobre los refugiados sirios que no pretende ser crónica ni reportaje, sino una implosión que nos despierte ante la pesadilla que por repetida ha dejado de ser cercana a todos.

Pregunta: -Antonio, ¿haces literatura para convalidar la realidad?

Respuesta: -No soy un cronista de la realidad. Me baso en conflictos humanos para contar historias desde la imaginación. Mis historias ocurren dentro de las realidades humanas, son tragedias que tienen que ver con seres vivos. No escribo sobre experiencias marcianas, pero tampoco hago crónica en mis novelas, son situaciones inherentes al ser, narradas desde el poder de la ficción.

Cuando las primeras casas de lo que había sido su pueblo aparecieron tras un recodo del camino, Mourad Sarkissián tuvo la certeza de que entre aquellas ruinas sería difícil encontrar a algún miembro de su familia. El panorama no podía ser más desolador: edificios destruidos, cenizas y escombros por doquier; ni una pared entera, ni un alma por las calles.

P: -Hoy, en pleno siglo XXI, es mucha la literatura nacida y difundida para mirar el ombligo de su origen, incluso aún sostenemos la idea de hablar de literaturas nacionales, como si el arte necesitara pasaporte. En tu caso, más allá de tu lugar de origen, nos presentas una novela sobre Siria. ¿La literatura es tu patria?

R: -La patria es el lugar donde aprendes a ser feliz y a sufrir, que en definitiva es el sitio donde comenzaste tu andar. Es difícil separarse de ese concepto de patria. Por mucho que vivas en otros territorios, la patria es donde naciste e hiciste tu vida, a no ser que te sacaran muy pequeño.

Mientras Antonio responde, no puedo evitar pensar en su obra…

Solo huecos, cráteres y cascotes en todo el espacio que abarcaba la vista. Desde la altura del camión en que viajaba, Mourad descubrió un brazo sobresaliendo por entre unas vigas caídas y sintió una profunda conmoción. Entonces golpeó con la palma de la mano el techo de la cabina, y el vehículo aminoró la marcha hasta detenerse junto a los restos de un muro derribado. Mourad se acercó al borde trasero de la caja, y tras despedirse de sus eventuales compañeros de viaje, se agarró de la tapa y saltó a aquella tierra calcinada y muerta.

A Antonio Álvarez Gil le brillan los ojos cuando habla de patria, de la patria como tierra. Pero también le brillan, desde otra intensidad (como si su imaginario viviera en varios niveles), cuando habla de su otra noción de patria…

… Hay otra patria, la del idioma. Yo veo tan compatriota a un venezolano, como a un mexicano y a un español. Esa patria la habitamos todos los que pensamos y sentimos en un mismo idioma. Soy un ser universal que vive muy contento con la patria de su idioma. Sin embargo, siempre he reivindicado mi derecho a desarrollar temas universales; tengo información general y específica de muchos temas y puedo sufrir en varios idiomas y realidades. Me asumo como un ciudadano del mundo que se interesa por todos los conflictos que nos afectan a los seres humanos. Luego escojo un determinado tema para narrar desde mi perspectiva, desde mi imaginación. Llevo muchos años fuera de Cuba, tengo varias nacionalidades y tengo derecho a escribir sobre los problemas del mundo…

En el sitio donde se detuvo el camión había un aviso de carretera que indicaba el nombre de la villa. Si no hubiera leído la placa escrita con caracteres arábigos y latinos —recuerdo de otros tiempos—, Mourad habría podido pensar que estaba ante alguno de los pueblos arrasado por la guerra en otras zonas del país. Y realmente, la mayoría de los caseríos y poblaciones de la provincia —hasta hacía poco tan tranquila— apenas se diferenciaban de los tantos vistos en su camino desde Damasco: todos eran la estampa misma de la devastación, todos la misma ruina.

… Vivo en Europa y padezco la tragedia de los refugiados que llegan, que son personas que huyen de los muchos conflictos que atraviesan sus países. Eso me interesa, pensar en lo que ocurre más allá de las noticias, más allá de los titulares. El por qué de esos conflictos, el después en la vida de los refugiados. Pensar en los que no llegan, en los que se ahogan en el intento. Ponerme en la piel de los manteros que venden mercancías siempre con el temor del hombre que espera ser cazado. Me inquietan estas estructuras desiguales que se levantan en el mundo del siglo XXI. En esta novela trate un tema que se puede traspolar, es un conflicto de todos.

P: -Siria es un caos, pero, en cierta forma, el siglo XXI trascurre entre muchos micro caos. ¿Qué piensas de esta idea?

R: -Sí, el mundo se ha salido de un orden natural. El hecho de que países llamados desarrollados arrojen bombas en otros países, con la excusa de sacar determinados gobiernos, es síntoma de ese caos. Occidente entra en esos países para introducir la democracia y surge el gran caos, en contradicción con lo que se dice no se beneficia a los pueblos. Tiene que llegar el momento en que tengamos gobernantes capaces de ponerse de acuerdo para coordinar un mundo más justo. ¿Por qué no se respeta la integridad de los países? Cada día se eleva más el listón del peligro mundial, un peligro que recorre los pueblos en diferentes niveles.

P: -En tu novela el amor es el contrapeso de los conflictos armados. ¿Qué puede dar la ficción a la tragedia real?

R: -La ficción es la mejor manera de transmitirle a los seres humanos los valores que uno desea para el mundo, esto cuando narramos temas que tienen que ver con tragedias reales. Cada escritor trabaja con las armas que posee, yo escojo una vía que al tiempo que entretenga haga pensar. Me interesan los contrastes: el mundo de la destrucción y el mundo de la serenidad. Los contrastes del mundo determinan mi ficción.

*Escritor.


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