Cristóbal León Campos •  Opinión •  30/05/2026

Adiós a los Montejo

En días pasados las organizaciones Kanan Derechos Humanos y RacismoMX informaron sobre la resolución de un tribunal federal donde se indica que el Ayuntamiento de Mérida deberá responder de forma clara y sustentada a la solicitud efectuada desde el 2024 por personas mayas y racializadas para que se retire el monumento a los Montejo ubicado en el Remate del Paseo de Montejo, en la capital yucateca. Esto, a raíz de que el propio Ayuntamiento únicamente respondió de manera escueta y sin fundamento que atender la petición comentada le resultaba económicamente inviable por el alto costo; lo que a toda luz es más un pretexto que una explicación, y es que a partir del 2010, cuando se colocó dicho monumento, las voces críticas se han expresado, ya que representa al racismo, clasismo y a la violencia histórica contra el pueblo maya, debido a que simboliza la veneración a figuras del proceso de colonización y genocidio realizado contra los  pueblos originarios durante siglos, mismo que hasta hoy sostiene el colonialismo interno en nuestra sociedad.

El monumento en sí no representa un elemento del patrimonio histórico, es una estructura impuesta que refleja la mirada clasista y racista que aún permanece en Yucatán, sobre todo en los sectores poblacionales vinculados con la que fuera llamada la “Casta Divina”, y no se trata de nostalgia ni de rencor, se trata de justicia sociocultural y del establecimiento real de nuevas bases para el sustento de una sociedad incluyente y equitativa, alejada de las formas neocoloniales que persiste como el racismo, la discriminación y la segregación que se manifiestan en todos los sentidos, desde lo cultural hasta lo económico, pues hasta la fecha los sectores con mayor vulnerabilidad y marginación son justamente el pueblo maya y las personas racializadas, lo que ejemplifica la continuidad de la exclusión que ha generado una deuda histórica que aún no se afronta como debiera ser en Yucatán. 

El retiro del monumento a los Montejo es una exigencia vigente porque el trasfondo es la continuidad de las estructuras opresivas contra las personas mayas y racializadas, y justamente por eso la negación a retirarlo refleja esa persistencia conservadora de mantener vigente el arcaico orden sociocultural colonialista. Y este asunto no es ajeno, por ejemplo, al debate que surgió meses atrás cuando se cuestionó -por un hombre- el nombramiento de dos mujeres académicas como nuevas cronistas de Mérida, ya que precisamente han sido las mujeres junto con el pueblo maya dos de los sectores más vulnerados por los resabios colonialistas que subsisten en la entidad. La opresión a estos sectores poblacionales va más allá de lo simbólico y se sostiene en las estructuras racistas, patriarcales, machistas y clasistas, por lo que su cuestionamiento hoy es urgente para hablar de una Mérida incluyente y realmente más justa. 

Además, el monumento a los Montejo presenta una lectura de la historia regional sostenida por una mirada hispanista, fundamentada en valores e ideas colonialistas, mismas que se usaron para la opresión del pueblo maya y que “justificaron” el más grande genocidio de la historia de la humanidad acontecido en América durante la invasión y colonización, y esto no es un hecho ideológico, es un proceso histórico estudiado y demostrado por una amplia historiografía crítica. 

El renacimiento de Mérida requiere un nuevo rostro, una nueva lectura de la realidad donde los sujetos y grupos vulnerados, y aún vulnerables, como el pueblo maya, sean reivindicados desde lo simbólico, pero sobre todo desde lo material y sociocultural, pues mientras las imágenes y monumentos que representan la violencia y el racismo se expongan como una supuesta parte del patrimonio histórico, la mirada y el pensamiento colonialista seguirá firme. No podemos hablar de una urbe justa e incluyente si sus símbolos celebran la barbarie y la injusticia, y no es únicamente una cuestión de costos del retiro ni de un asunto patrimonialista, es un deber ético, moral e histórico por un Yucatán de tod@s. Ya es tiempo de decir adiós a los Montejo.


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