Isabel Burbano •  Opinión • 28/04/2020

Ante el Covid-19, la Clase Trabajadora primero

El próximo 1º de Mayo no va a ser 1º de Mayo normal. A consecuencia de la pandemia ocasionada por el virus COVID-19 la clase trabajadora de nuestro país pasará esta importante fecha confinada, y haciendo frente a los oscuros nubarrones que vuelven a acechar a nuestra clase.

En primer lugar, este 1º de mayo debe ser un gran homenaje a los y las trabajadoras de nuestro país que desde el primer momento están haciendo frente a la virulenta pandemia en primera línea; personal sanitario, empleadas de la limpieza y del comercio, fuerzas y cuerpos de seguridad y emergencias, trabajadores de medios de comunicación, transportistas, etc.

En estos momentos, la gran preocupación que debemos afrontar es el garantizar la total seguridad y protección de todos los y las trabajadoras que están acudiendo a sus centros de trabajo. A la por desgracia ya endémica siniestralidad laboral (76 accidentes o enfermedades profesionales diarias y hasta 15 trágicos accidentes laborales mortales durante el último año en Navarra), debemos sumar los riesgos propios de una situación de pandemia sanitaria como la que está sufriendo nuestra sociedad. Es fundamental que en todos y cada uno de los centros de trabajo de nuestra comunidad se garanticen todos los Elementos de Protección Individual (EPIS) necesarios y que se cumplan de forma estricta todas las medidas de seguridad higiénico-sanitarias pautadas por las autoridades sanitaria y laboral.

A corto-medio plazo, una vez se inicie el proceso de desescalada y vuelta paulatina a la relativa normalidad, una de las principales incertidumbres que va a sufrir la mayoría social trabajadora va a ser la destrucción y falta de empleo. Los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA) de esta misma semana, cuantifica en 26.600 las personas sin empleo en Navarra. En contraposición de la crisis económica anterior que destruyó millones de puestos de trabajos y precarizo hasta la extenuación las condiciones laborales en nuestro país, ante la recesión económica que se aproxima, debemos garantizar el mantenimiento del empleo y el blindaje de las condiciones laborales del conjunto de los y las trabajadoras. Este país no puede permitirse un nuevo reajuste social como el iniciado bajo la escusa de la crisis económico-financiera del 2008. Los y las trabajadoras tanto del sector público, autónomos y cooperativistas, como los empleados por cuenta ajena, están siendo fundamentales en la lucha contra el COVID-19, y tras el fin de la crisis sanitaria no se pude permitir que sean ellos y ellas las que vuelvan a asumir los costes de la crisis económica.

Los Gobiernos de Navarra y del Estado, de marcado carácter progresista, tienen que orientar todos sus esfuerzos presupuestarios en la conformación de un escudo social que proteja totalmente a la clase trabajadora. La reconstrucción económica y social de Navarra y del conjunto del estado debe edificarse sobre el principio de la justicia social, alejándose definitivamente de las recetas neoliberales que tan funestas consecuencias nos arrojaron durante la crisis anterior. El mantenimiento del empleo digno debe ser la primera preocupación de todas las administraciones, y los EREs, las Reformas Laborales, y los recortes sociales deben quedar totalmente en el pasado.

De igual manera, ante la situación de emergencia hemos apreciado la vulnerabilidad de nuestro país ante la situación de desabastecimiento de bienes y elementos de protección esenciales en la lucha contra la pandemia como mascarillas, batas o geles desinfectantes. El continuo proceso de desindustrialización que ha vivido nuestro país desde la entrada en la Comunidad Económica Europea (CEE), nos ha vuelto dependientes del abastecimiento exterior, con los perjuicios que como hemos comprobado ello puede generar. Tras la pandemia, la reconstrucción de un potente tejido industrial especializado que garantice la soberanía y el autoabastecimiento propio en situaciones excepcionales ha de ser fundamental para no abocar a nuestro pueblo a la dependencia de la usura de los mercados o a la solidaridad externa.

De igual manera, el fortalecimiento del sector público en general, sanidad, pensiones y atención a la dependencia en particular después de años y años de recortes, ha de ser fundamental también tras comprobar lo imprescindible de su acción durante los momentos más duros de la pandemia.

Las últimas semanas, hemos visto también como las organizaciones sindicales, tan vilipendiadas durante los últimos años, han realizado una labor fundamental e imprescindible en el asesoramiento y la protección del conjunto de los y las trabajadores. En la coyuntura actual, la concienciación, la movilización y la organización de la clase trabajadora se antojan más importantes si cabe, no solo para proteger sus condiciones concretas en sus centros de trabajo, sino tan bien para marcar las agendas políticas y sociales de las administraciones.

La recesión económica es ya un hecho evidente, lo que a buen seguro ahondará las problemáticas que diariamente sufrimos los y las trabajadoras: la brecha de género patriarcal; la precariedad que azota a los colectivos más vulnerables como mujeres, migrantes y jóvenes; la imposible conciliación, etc. Frente a estas amenazas, hemos de poner en valor que desde el inicio de la crisis sanitaria han surgido experiencias y redes solidarias, que han demostrado que otro modelo de sociedad en el que los cuidados de la mayoría social se antepongan a los intereses económico-financieros, no solo es posible, sino que es de imperiosa necesidad.

Este 1º de Mayo aunque no podamos salir a las calles a manifestarnos de forma tradicional no debemos dejar pasar esta importante fecha de reivindicación, y desde las ventanas y las redes sociales con más ahínco si cabe deberemos reclamar que ante el Covid-19, la Clase Trabajadora primero.

* Isabel Burbano, Fernando Irisarri, y Carlos Guzmán, militantes del PCE-EPK Navarra.


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