Rafael Méndez •  Opinión •  26/07/2026

En medio de ruinas, cadáveres y luto: la aviesa manipulación de la derecha no para mientes en el dolor de Venezuela

La tragedia venezolana, agravada por sanciones, bloqueo y asedio, desnuda la miseria moral de una manipulación que pretende convertir el dolor nacional en botín propagandístico, sin detenerse siquiera ante los cadáveres bajo los escombros

En medio de ruinas, cadáveres, familias desgarradas y un país estremecido por una tragedia de dimensión nacional, sectores de la derecha global han decidido pescar en río revuelto, no para contribuir al rescate de vidas, ni para convocar a la solidaridad, sino para convertir el luto colectivo en materia prima de su vieja campaña de manipulación política.

La tragedia que ha golpeado a Venezuela ha convocado expresiones de solidaridad desde distintas partes del mundo, porque ante una catástrofe de esta magnitud lo primero que debe imponerse es la sensibilidad humana, la cooperación y el respeto al dolor de un pueblo. Sin embargo, allí donde la humanidad decente ve escombros, víctimas y familias esperando noticias de sus seres queridos, la política carroñera solo ve una oportunidad para sembrar odio.

Resulta moralmente repugnante que, mientras brigadas de rescate, de más de setenta países, comunidades, cuerpos de socorro, familiares y voluntarios luchan contra el tiempo, algunos voceros de la desinformación se dediquen a propalar versiones tan estrambóticas como miserables, sin reparar en el daño que causan, ni en la angustia adicional que agregan a una sociedad ya golpeada por la muerte, la incertidumbre y la destrucción material.

La mentira como escombro moral

Entre las banalidades difundidas en medio del drama figura la versión de que Diosdado Cabello impediría la entrada de maquinarias a determinados edificios colapsados porque allí tendría millones de dólares escondidos, una acusación tan vulgar en su construcción que ni siquiera parece concebida para convencer, sino para alimentar el odio de quienes ya están dispuestos a creer cualquier infamia si esta sirve para golpear al chavismo.

A esa especie se suma otra mentira todavía más cruel: la afirmación de que los equipos de rescate solo salvan a personas identificadas como chavistas, como si en medio de una tragedia de semejante magnitud, entre polvo, concreto, llanto, sangre y desesperación, alguien pudiera convertir la búsqueda de sobrevivientes en una operación de carnetización política. Esa versión no solo resulta absurda, sino profundamente inhumana, porque intenta introducir la división partidaria allí donde apenas debería caber el deber elemental de salvar vidas.

No menos infame es la pretensión de presentar supuestos testimonios según los cuales se rescatan cadáveres mientras se niegan retroexcavadoras, perros entrenados y equipos de apoyo, como si una emergencia nacional pudiera resolverse al instante, sin limitaciones materiales, sin colapso de vías, sin daños acumulados y sin el peso de una economía sometida durante años a sanciones, bloqueo y restricciones que han golpeado la capacidad operativa del Estado venezolano.

La perversidad de esas manipulaciones no reside únicamente en su falsedad, sino en el momento elegido para propalarlas. Son lanzadas cuando todavía hay familias buscando a sus desaparecidos, cuando los socorristas trabajan contra el tiempo, cuando el duelo colectivo apenas empieza a nombrar sus muertos y cuando la solidaridad internacional debería imponerse sobre cualquier cálculo político. Esa es la razón por la cual la mentira, en este caso, no es solo desinformación: es un escombro moral colocado sobre los escombros materiales de la tragedia.

La política carroñera ante el dolor nacional

Ningún gobierno del mundo está plenamente preparado para responder en el acto, con absoluta suficiencia y sin tropiezos, a una tragedia de esta magnitud. Esa verdad elemental no exonera errores, limitaciones ni responsabilidades concretas, pero sí obliga a distinguir entre la crítica legítima y la manipulación despiadada, porque una cosa es exigir eficiencia ante el desastre y otra muy distinta fabricar mentiras sobre cadáveres todavía calientes.

Oportuno es advertir que quienes hoy pretenden descubrir, entre ruinas y cadáveres, las calamidades que padece el pueblo venezolano, son muchas veces los mismos que durante años acompañaron, justificaron o callaron frente a una política de sanciones que debilitó hospitales, restringió recursos, golpeó servicios públicos, dificultó la adquisición de repuestos, maquinarias, combustibles, medicinas y equipos esenciales para responder ante una emergencia de gran escala.

La derecha global no para mientes en el dolor de Venezuela porque su objetivo no es acompañar a las víctimas, sino utilizar sus cuerpos como prueba política; no busca consolar a los familiares, sino convertir su desesperación en combustible propagandístico; no reclama ayuda humanitaria sin condiciones, sino que intenta transformar la tragedia en un expediente contra el gobierno bolivariano, aun cuando para ello tenga que pisotear la sensibilidad de todo un pueblo.

Frente a esa conducta, la respuesta de los pueblos debe ser clara: Venezuela necesita ayuda, no manipulación; solidaridad, no chantaje; cooperación, no cálculo político. Las víctimas no pueden ser convertidas en mercancía comunicacional, ni los escombros en tribuna de odio, porque cuando una tragedia nacional conmueve al mundo, la primera obligación de todo ser humano decente es colocarse del lado de la vida, no del lado de la carroña.

Por eso, en medio de ruinas, cadáveres y luto, la aviesa manipulación de la derecha global no para mientes en el dolor de Venezuela: lo usa, lo distorsiona, lo explota y lo convierte en botín propagandístico. Pero allí donde la mentira pretende abrirse paso sobre los cuerpos y los escombros, la solidaridad de los pueblos debe levantar una verdad elemental: ningún dolor nacional merece ser profanado por el odio político.


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