Fernando Dorado •  Opinión •  20/10/2023

Petro se enfrenta con la tradición pro-imperial

Popayán, 19 de octubre de 2023.

Hay quienes aspiran hacer progresar este país sin alterar su oscura esencia feudal y despótica. No quieren romper ni un huevo”.

Frente al grave e histórico conflicto entre Israel y Palestina, el presidente Gustavo Petro como jefe de Estado ha asumido una posición autónoma y de principios, distanciándose totalmente de las actitudes tradicionales de los anteriores gobiernos colombianos que se limitaban generalmente –en política exterior– a obedecer las imposiciones del gobierno de los EE.UU.

En ese tema, Petro no pierde de vista que desde 1948, tanto el Reino Unido como los EE.UU. y la mayoría de gobiernos europeos no reconocen a Palestina como un Estado soberano y han apoyado y alentado a lo largo de siete (7) décadas una colonización armada y criminal que ha tenido como objetivo el exterminio del pueblo palestino y/o la expulsión de su territorio ancestral.

Es decir, Petro no se deja llevar a la lectura de que es un enfrentamiento entre el “sionismo nacionalista judío” y el “nacionalismo yihadista islámico” porque sabe que dicho conflicto fue causado por la política imperial de los EE.UU. y sus aliados que, para ocultar su connivencia y complicidad con el “holocausto judío” ejecutado por Hitler, terminaron apoyando a la oligarquía sionista global, desconociendo la opinión y los intereses de hebreos, judíos y palestinos que querían vivir en paz en esa región del cercano oriente.

La posición asumida con valentía y coherencia por Petro, además de enfrentar la tradición colombiana de ser “peón del imperio” y “el Caín de América”, también desmiente a algunos sectores extremos de las izquierdas que cuestionan al gobierno por no romper –de plano– con los EE.UU. cuando es el principal socio comercial de Colombia y, como potencia que es (gústenos o no) tiene la capacidad de bloquear política y económicamente a cualquier país del mundo.

En ese sentido, para entender el comportamiento político de Gustavo Petro, que algunos califican de ser muy pragmático, algo oportunista, o de “dar bandazos”, es interesante realizar un ejercicio comparativo con respecto a los líderes y gobiernos de izquierda y/o progresistas de América Latina, que desde la elección de Hugo Chávez (1999) han influido en la vida de nuestros países, en medio de la diversidad propia de la región y de sus proyectos políticos.

Se trata de leer la historia de los pueblos y las luchas sociales, ubicando a los personajes que lideran y representan de alguna manera esos procesos –con defectos y virtudes– pero sin convertirlos en el “centro” de esa historia, y sin caer en la falsa idea de que “si fueran un poco diferentes”, ello pudiera representar un “cambio total” en el destino de nuestros pueblos y sociedades. Ellos y ellas son lo que son porque son resultado de unos procesos históricos acumulados, y aunque se avance hacia adelante, surgirán nuevas contradicciones y conflictos que harán parte de las luchas presentes y futuras.

Antecedentes históricos generales de América Latina

A fin de realizar este ejercicio de una forma sintética pero lo más rigurosa posible, es importante precisar que la caracterización de los proyectos políticos de izquierda y/o progresistas de América Latina se corresponden estrechamente con la historia de cada país (que, a su vez, es influida por situaciones globales y regionales), la evolución de las luchas y movimientos sociales y las influencias políticas y teóricas que han predominado al interior de sus pueblos y naciones.

En aquellos países en donde las luchas por la independencia estuvieron encabezadas por sectores de la naciente burguesía comercial y en donde los pueblos mestizos, afros e indígenas lograron influir para que la lucha contra los imperios coloniales (España y Portugal) tuviera un componente de emancipación y lucha por la igualdad, se sentaron las semillas de las revoluciones democráticas que tuvieron continuidad en el siglo XIX y principios del XX.

También se debe tener en cuenta la clase de migración europea o proveniente de otras regiones que se dio posteriormente, dado que su procedencia marcaba en forma protuberante la orientación política tanto de las burguesías criollas como su relación con las castas gran-terratenientes, que en su gran mayoría eran colonialistas, esclavistas y racistas. En donde los grandes latifundistas se impusieron, como Colombia, se hizo la independencia formal, pero se frustró la lucha por la emancipación social de indios, negros y mestizos oprimidos por las oligarquías criollas.

Entonces, en aquellos países en donde las guerras de independencia incubaron con fuerza la causa de las luchas populares que iban a ser lideradas por fuerzas “liberales”, que a su vez se iban a dividir entre “moderadas” y “radicales”, se fueron incubando y acumulando las fuerzas y movimientos sociales que han alimentado las experiencias revolucionarias de los diversos países de América Latina y el Caribe durante los siglos XX y los que va del XXI.

En donde los “liberales radicales” lograron cierto grado de compenetración con los pueblos indígenas, negros y mestizos, como Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia y el Sur de México, se logró avanzar en tareas democráticas como la reforma agraria y cambios en la institucionalidad política. Ese fue el acumulado del que surgieron en el pasado los Martí, Sandino, Farabundo, Zamora, Alfaro, Paz Estenssoro y Zapata, y en el pasado más cercano Fidel, los “sandinistas”, Chávez, Correa, Evo y los “zapatistas”.

En donde los “liberales moderados” se impusieron recurriendo a guerras internas y externas o mediante diversas componendas antidemocráticas con sectores sociales cercanos o herederos de las alianzas entre españoles y élites de los “imperios originarios” que fueron derrotados en la “conquista” (aymará-quechuas, aztecas, purépechas, muiscas) pero sin lograr que los “liberales radicales” fueran derrotados totalmente, se realizaron algunos cambios parciales sin afectar el poder colonial y latifundista, con algunas excepciones como en Perú. Son los países como Argentina, Uruguay, en parte Perú, Brasil, Chile y Costa Rica.

En cambio, en aquellos países en donde, por lo general, a sangre y fuego, los grandes terratenientes derrotaron a los “liberales radicales”, asesinando sus dirigentes u obligándolos a exiliarse, como ocurrió en Colombia, Paraguay, y en casi todos los países de Centroamérica, las transformaciones democráticas quedaron aplazadas, y solo se realizaron cambios cosméticos de carácter “liberal-conservador”, algunos intentos parciales de reforma agraria, y por ello, en esos países fue donde surgieron y se mantuvieron con mayor fuerza las “guerrillas comunistas” entre sectores campesinos e indígenas que fueron contrarrestadas con el apoyo de los EE.UU.

Carácter de los gobiernos de izquierda y/o progresistas de América Latina desde 1999

Ese recuento histórico realizado a mano alzada y con visión panorámica, nos puede orientar para caracterizar los diversos gobiernos de izquierda y/o progresistas que surgieron en América Latina a partir de 1999 cuando es elegido en Venezuela el coronel Hugo Chávez, y que fue continuado en Argentina con Néstor Kirchner, en Brasil con Lula, en Paraguay con Lugo (derrocado), en Ecuador con Correa, en Honduras con Zelaya (derrocado) y en Bolivia con Evo Morales, en lo que se ha denominado la “primera ola progresista”.

En los tres (3) países en donde más habían avanzado las “revoluciones liberales” o donde las insurrecciones populares mostraron mayor fuerza, se intentó emular y seguir la línea de la revolución cubana, democrática y anti-imperialista en “camino al socialismo”. Se aprobaron nuevas Constituciones Políticas y surgieron enfrentamientos directos con el gobierno de los EE.UU., hasta el punto de romper relaciones diplomáticas, y en el caso de Venezuela, sufrir a partir de 2015 el bloqueo comercial, económico y financiero similar al que los “gringos” aplicaron a Cuba desde los años 60s del siglo XX.

En los otros países, en donde la fuerza de los gobiernos no contaba con una fuerte tradición antimperialista y sentido democrático-social entre amplios sectores populares, como Argentina, Brasil y Uruguay, se intenta avanzar en la lucha contra la globalización neoliberal pero la fuerza de los gobiernos era más electoral que social, y por ello, los sectores conservadores y el gran capital transnacional, logran sabotear y reversar cualquier medida a favor de los pueblos y de los trabajadores, o como sucedió en Paraguay y Honduras, derrocan a los presidentes democráticamente elegidos (Lugo y Zelaya).

Por otro lado, a partir de 2018, con la elección de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se inicia un proceso der asunción electoral de “nuevos” gobiernos de izquierda o progresistas, en lo que se ha llamado la “segunda ola”. En Chile con Boric, Perú con Pedro Castillo (derrocado), en Colombia con Petro, en Honduras con Xiomara Castro, en Argentina con Alberto Fernández, en Brasil nuevamente con Lula, y recientemente en Guatemala, con Bernardo Arévalo. En general, son presidentes con base popular, pero acceden al gobierno sin contar con mayorías legislativas.

Paralelamente se debe destacar en este recuento que en el caso del Ecuador las fuerzas de izquierda (“correísmo”) pierden el gobierno, por un lado, porque el presidente Correa escoge a un sucesor que lo traiciona (Lenin Moreno), pero también, porque durante su ejercicio de gobierno se enfrenta con las bases indígenas ecuatorianas que se oponían a sus políticas extractivistas.

Y también, es necesario reseñar la división que está en curso y desarrollo al interior del Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia, en donde la dupla Luis Arce y David Choquehuanca están enfrentados con Evo Morales, más que por políticas concretas o por concepciones políticas (que existen, pero no han sido manifestadas con total claridad y transparencia) por el liderazgo de ese proyecto político de cara a las elecciones de 2025.

De acuerdo a lo anterior, podemos afirmar que el conjunto de los gobiernos de izquierda y progresistas han intentado superar las políticas neoliberales, pero a pesar de sus esfuerzos en cada país, el gran capital de una u otra manera sigue imponiendo sus dinámicas capitalistas, extractivistas y neoliberales, sin que la Integración económica y política entre Estados y pueblos latinoamericanos haya logrado impulsarse con fuerza y continuidad.

El gobierno de Petro: un proyecto “en búsqueda” y construcción

En forma muy resumida planteamos algunas ideas que pueden caracterizar la experiencia de Petro en Colombia, que lo diferencian de las anteriores experiencias de izquierda y progresistas de América Latina, que están algo desarrolladas en esta entrevista, pero que debe ser más teorizada y profundizada hacia el futuro inmediato.

  • Petro accede al gobierno luego de canalizar política y parcialmente el llamado “estallido social” pero su fuerza principal está representada por una población urbana y rural de tradición “liberal popular”. Las organizaciones sociales en Colombia son relativamente débiles y las fuerzas de izquierda son minoritarias.

El triunfo electoral del Pacto Histórico, por tanto, es un logro del conjunto de los trabajadores y sectores populares (campesinos, indígenas, afros, precariado, etc.) y sectores democráticos de nuestro país, que luchan desde siempre por cambios estructurales en nuestra sociedad, empezando por conquistar una paz plena y una democracia que garantice la participación popular y, hacia el futuro, superar –en alianza con los demás pueblos de América Latina– un modelo económico que destruye la vida humana y la naturaleza”.

  • En términos de estrategia y programa político, Petro no se define como socialista, pero tampoco es un liberal progresista. Se ha planteado impulsar un proceso de transformación de la sociedad colombiana y del mundo, por vías pacíficas y democráticas, pero sin renunciar a cambios estructurales en el terreno de la economía, la cultura y de las instituciones políticas. No idealiza la democracia representativa porque sabe que para construir equidad y justicia social se requiere construir “otras formas de democracia” (directa, deliberativa, “ilustrada”, plebiscitaria, etc.) que complementen y transformen la democracia formal existente.

En términos de propuesta política la principal diferencia de Petro con los programas de los gobiernos de izquierda y/o progresista es su insistencia en impulsar con fuerza y determinación una política de defensa del medio ambiente, romper con el modelo económico dependiente de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y propiciar condiciones para desarrollar un proceso de industrialización de nuevo tipo”.

  • Petro está formulando y construyendo una visión y práctica diferente a las de los proyectos políticos de izquierda y progresistas de la “primera ola”. No se propone lograr los “cambios por decreto” como lo intentaron los gobiernos del “socialismo del siglo XXI” pero tampoco está dispuesto a “acomodarse” al modelo neoliberal (que, entre otras, está en crisis) como pasó con las fuerzas progresistas de Uruguay y Argentina (y pasa con Boric en Chile) y, desde el gobierno intenta ampliar y fortalecer su base social para desencadenar un proceso verdaderamente transformador que empuje “por arriba” y “desde abajo”.

Hay otros aspectos importantes por desarrollar sobre la experiencia de Petro en estos 15 meses de gobierno que ya fueron mencionados en anterior artículo, pero ello requiere de un escrito más largo y detallado. Intentaremos avanzar sobre dichos aspectos. Lo que es cierto es que como lo está demostrando no le tiene miedo a enfrentar y a construir “nuevos paradigmas”.

E-mail: ferdorado@gmail.com

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