Mohammed Altaj •  Opinión •  09/10/2026

7 de octubre: cuando el mundo empieza a contar la historia por la mitad

Han pasado tres años desde el 7 de octubre de 2023 y buena parte del mundo sigue contando la historia como si todo hubiera comenzado aquella mañana.

Como si los palestinos hubieran aparecido de repente en un conflicto que no existía el día anterior.

Como si Gaza no llevara años bajo bloqueo, Cisjordania y Jerusalén Oriental no estuvieran bajo ocupación y los asentamientos israelíes, los controles militares, las detenciones y las demoliciones de viviendas no formaran parte de la vida cotidiana palestina.

No escribo para justificar la muerte de civiles, sean palestinos o israelíes. La vida de una persona no vale más ni menos por su nacionalidad.

Pero tampoco acepto que el 7 de octubre borre todo lo que ocurrió antes o sirva para justificar indefinidamente lo que vino después.

Cuando muere un israelí, se nos pide recordar el 7 de octubre. Cuando muere un palestino, se nos responde con esa misma fecha. Y cuando Gaza es destruida, sus habitantes son desplazados y sus niños mueren, la explicación vuelve a ser la misma.

Pero quienes insisten en que recordemos aquel día deberían aceptar también una pregunta:

¿Qué ocurría el 6 de octubre?

Había un pueblo bajo ocupación.

Más de dos millones de palestinos vivían en Gaza sometidos a un bloqueo que llevaba años condicionando sus vidas.

En Cisjordania, los palestinos debían atravesar controles militares para desplazarse por su propia tierra, mientras los colonos israelíes circulaban por ese mismo territorio con una libertad y una protección que a los palestinos se les negaban.

Había presos en las cárceles, viviendas demolidas y tierras confiscadas.

Nada de eso comenzó el 7 de octubre.

El pueblo palestino lleva en su memoria la Nakba de 1948, la ocupación de 1967 y décadas de desposesión, asentamientos, desplazamiento y bloqueo.

Esa historia no justifica la muerte de civiles, pero tampoco puede desaparecer cuando se intenta explicar lo que ocurre hoy.

Condenar lo sucedido el 7 de octubre no obliga a olvidar lo que ocurrió antes. Y recordar lo ocurrido antes no significa justificar aquel día.

Tres años después, tampoco se puede reducir lo ocurrido en Gaza a una simple «respuesta».

Ninguna respuesta puede convertirse en un cheque en blanco para matar, destruir, desplazar o someter al hambre a una población entera.

El alto el fuego anunciado en octubre de 2025 tampoco puso fin a la tragedia. Quedaron barrios arrasados, familias buscando los restos de sus seres queridos bajo los escombros y una población que siguió sufriendo muertes incluso después del anuncio de la tregua.

En Cisjordania, la ocupación tampoco se detuvo. Continuaron la confiscación de tierras, la expansión de los asentamientos y las restricciones que fragmentan la vida cotidiana de los palestinos.

Los palestinos no reclaman privilegios que otros pueblos no tengan.

Quieren vivir libres en su tierra, desplazarse sin pedir permiso a un soldado, dormir sin miedo a que su casa sea demolida y saber que el futuro de sus hijos no depende de las decisiones de una potencia ocupante.

No son aspiraciones extraordinarias. Es la vida que millones de personas consideran normal, sin tener que pensar cada mañana en derechos que para ellas están garantizados.

Por eso, tres años después, no basta con preguntar qué hicieron los palestinos el 7 de octubre.

También hay que preguntar qué se les hizo antes y qué se les sigue haciendo hoy.

No le pido al mundo que elija entre una vida palestina y una israelí, ni que encuentre excusas para la muerte de civiles de uno u otro lado.

Le pido que no confunda a quien ocupa con quien vive bajo ocupación.

Los palestinos no son un pueblo que ocupa la tierra de otro.

Son un pueblo que vive bajo ocupación.

No es una consigna ni una apelación sentimental. Es una realidad que no puede excluirse de ninguna interpretación seria de lo ocurrido antes, durante o después del 7 de octubre.

Han pasado tres años. Muchas cosas han cambiado y muchas más han sido destruidas. Pero la pregunta que ya existía el 6 de octubre sigue sin respuesta, y ninguna guerra ha logrado borrarla:

¿Cuándo podrá el pueblo palestino vivir libre en su propia tierra?

Si el mundo realmente quiere evitar otro 7 de octubre, no basta con recordar lo que ocurrió aquella mañana.

También debe mirar lo que ocurría el día anterior.

Lo que llevaba décadas ocurriendo.

Y lo que sigue ocurriendo hoy.

La ocupación.

Sobre el autor: Mohammed Altaj es un escritor palestino y ex preso político. Escribe sobre Palestina, política, derechos humanos y justicia desde una perspectiva independiente.


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