José Antonio Medina Ibáñez •  Opinión • 03/08/2020

Hablando de Casado y Abascal

Hablando de Casado y Abascal

Dentro de la política española hay de todo como en botica. Sin embargo, a muchos nos parece que este viejo refrán está algo desfasado y, todo muy especialmente a los quehaceres de Pablo Casado y su colega Santiago Abascal.

Aquí, no se trata de hablar de todos los políticos españoles, de lo que va este tema es de los dos principales líderes de la derecha.

No llega a los dos años que Pablo Casado irrumpió como líder nacional del PP, y en la vida de todos los españoles, menos de dos años y parece un siglo que le hubiésemos escuchado hablar sobre sus másteres, del día de la hispanidad o, acerca de los vivas al Rey.

Pareciera que no termina de encontrar su propio sello personal, quizá los ruidosos fallos en las distintas dianas contribuyan a ese toque de falta de autenticidad; uno de ellos fue cuando en un acto público de su partido, en septiembre de 2018, decía que cada vez que se habría un aeropuerto, se pagaban las pensiones, se daba un subsidio o se hacían kilómetros del AVE, el pueblo español decía, de alguna manera, ¡viva el Rey!

También dijo que el Rey lo era porque los españoles así lo habían querido, en palabras vernáculas, que había sido elegido por el pueblo y no por Franco.

Era el Casado ilustrado y desmedido; el convencido de que el reabrir las puertas a su padre político, Aznar, le llevaría en volandas a la Moncloa porque tenía suficiente madera para atraerse a la ultraderecha de Abascal; no ha sido así, y todo parece indicar que el genio de la economía española, el que hablaba español tejano y ponía sus pies sobre la mesa de salón imitando a su amigo George Busch, se equivocó y, con él, la estrategia del joven presidente del PP se ha ido al garete.

Pareciera que Casado continúa sin encontrarse consigo mismo, incluso cuando se hace fotos delante de un espejo para  decirle al mundo cuantas preocupaciones están pasando por su brillante cabeza, no termina de convencer.

También pareciera que fue ayer (2018) aquello de decirle a los del PP y a los de VOX, que él tenía una excelente relación con Abascal, olvidándose, en ese instante, que un día antes el ultra ya le había colgado el calificativo de derechita cobarde.

Buscándose a sí mismo, y con las coincidencias opositoras con Abascal, hemos llegado a 2020 viviendo el discurso de la dictadura de Sánchez durante el confinamiento, y los bloqueos a la negociación sobre los 140 mil millones de euros que al final vendrán a España.

Toda esa maniobra anterior les ha salido mal, no obstante, ninguno de los dos tiene escrita su última ocurrencia y un solo plato fuerte. El que dice admirar a Trump por ser un hombre sensible que trabaja para su pueblo estadounidense, porque los malos son los chinos; el amigo excelente de Casado, acaba de soltar, el pasado miércoles 29, dentro de un Congreso de los Diputados preparado para hablar del acuerdo de los 750 mil millones de euros aprobados por el Consejo Europeo, su bomba mediática del verano: “Solemnemente, desde esta tribuna, no nos queda más remedio que utilizar el instrumento de la moción de censura que presentaremos en septiembre…para evitar que España caiga en la ruina, en la muerte y, en la traición…”, pidiéndole directamente al PP, a todos los diputados y, su amigo Casado, que asumieran la responsabilidad que les compete.

Como Casado, Abascal nunca ha sido un político moderado, pero la chusca trampa que le puso públicamente al sucesor de Aznar no tiene precio.

En el hemiciclo Casado agachó la cabeza y, a la solicitud del presidente Sánchez para conocer si el PP haría el papel de Vox o el del PP, guardó silencio, obligando a que minutos más tarde el moderado secretario general del PP, Teodoro García Egea, tildara la postura de Abascal de censura postvacacional que solo reforzaría al “soldado Sánchez” y, que por tanto no apoyarían la propuesta.

Veremos cómo resulta eso, si significa Abstenerse o votar No, si les supone perder más votantes suyos, no ganar los de la derecha extrema, o continuar como están.

La falta de pedigree de Abascal en la puesta en escena de la moción facilitó la ironía en la pregunta del presidente Sánchez ¿Por qué no para agosto, es que se va de vacaciones?

Y, tiene razón Sánchez, si este es un gobierno de comunistas que traiciona a su pueblo y está causando la muerte, por qué seguir esperando todo un mes para echarle.

Para no quedarse atrás, hace un par de días, un desencajado y sin capacidad de autocrítica Casado, recriminó a la prensa que daba igual que se dijese o no la verdad, porque lo único importante en España – porque no sucede en otro lugar del planeta – es tener más medios, más portadas, el BOE y más presupuesto.

Como un niño impotente, regañado y demacrado Casado le advirtió a España que así no se podía hacer política, reclamándole de nuevo a los medios de comunicación que por lo menos exigieran la verdad y no publicaran solo las mentiras.

Lo cierto es, o se parece mucho a lo que decía Hugo Chávez, el que tenga ojos que vea, y el que tenga oídos que escuche, que ni Casado se gana los votos de los ultras, ni los ultras tienen pinta de llegar a la Moncloa, y eso es el mayor de los favores a Sánchez que luce cómodo repitiendo un día sí y otro también a los peperos, que el gobierno socialista es para largo.

Habrá que esperar a septiembre para conocer el programa de Gobierno que presentará Abascal, aunque mucho nos tememos que su barba y la de Casado se platearán en la oposición.


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