Ramaris Vásquez •  Opinión •  03/06/2021

DD.HH. La asimetría en el “Mee To” y el #YoSiTeCreo venezolano

El machismo, hijo del patriarcado y sus abusos, evidenciados en la violencia de género, exhibe la asimetría histórica contra la mujer. 3.000 años de patriarcado y sustento sobre fenómenos socioculturales, develan la necesidad de educar y establecer políticas preventivas en el mundo, para atender el “Me Too”, visibilizado ahora en Venezuela con el hashtag “#YoSíTeCreo”. (1).
Una estela del movimiento que reveló la conducta sexual de Harvey Weinstein –y acabó su carrera en el séptimo arte de EE.UU. (2) – emerge con sus propias características en el país suramericano a través de redes sociales, trascendiendo a instancias formales, como el Ministerio Público venezolano, –destaca Sputnik- (3) y el Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género. (4) 
Esto sucede en medio de una “guerra no convencional” –reconocida por la ONU tras resolución 36/4 del Consejo de DD.HH. (5)- y una crisis ética, moral, económica y sociopolítica en Venezuela, confirmando la dura y añeja realidad de relaciones laborales e interpersonales en medios de comunicación social; círculos de confluencia artística, y otros, donde -según denuncian- se vienen cometiendo presuntos abusos, acosos sexuales, y presunto estupro. (6).
Marcano, A. y Palacios, Y. (2017) en su estudio “Violencia de Género en Venezuela. Categorización, causas y consecuencias”, citan a Grosman, para definir la violencia de género como “la acción ejercida por una o varias personas donde se somete de manera intencional al maltrato, presión, sufrimiento, manipulación u otra acción atentando contra la integridad física, psicológica y moral de cualquier persona o grupo de personas”. (7)
O sea, no es solo abuso de hombres contra mujeres, sino de mujeres, hombres y/o grupos contra una persona o grupo. Esto devela violencia subyacente, pues el acoso puede ser concertado, o bajo manipulación, engaño o violencia psicológica. Y puede llegar al femicidio moral mediante calumnia o exposición social de la víctima, abuso de poder laboral u otro, como presunto interés amoroso, amistoso, o de ayuda desinteresada, no pedida. (8)
Por ello, Marcano, A. y Palacios, Y. (2017) advierten a las potenciales víctimas sobre la necesidad de “(…) detectar manipulaciones, aproximaciones no solicitadas, desconfiar de promesas que no tienen sentido (…) tener claro que decir no a algo no es negociable, alejarse cuando esa persona que se acerca trata de hacerle ver que se tiene mucho en común o que se le debe algo”. (s/n) (7).
Asimismo, Milner J. (2020), en su artículo científico “Reflexiones sobre el Movimiento Me Too y su filosofía”, recuerda en la conducta sexual de Weinstein, cómo operan los abusos: “tenía el poder para promover o destruir las carreras de las mujeres que usaba, pero este hecho era la condición auxiliar que le permitía ejercer una coacción sin nunca temer ser capturado o denunciado”. (9)
El filósofo francés rememora cómo Weinstein ejercía un “casi ilimitado poder”, que, “se estimaba aceptable, siempre y cuando beneficiara a la industria del cine”; pero que “se volvió vergonzoso una vez que se convirtió en un medio para satisfacer apetitos sexuales personales”. Se sobreentiende la advertencia: Una ‘causa’ –cual sea- sirve de mampara para justificar los abusos. (9)
A este respecto, Millner señala la “racionalización ideológica” del Me Too, al que analiza en dos vertientes: La “sexual” y la “profesionalista”, que considera incapaces de cambiar paradigmas. A su juicio, en el ejercicio del coito existe –históricamente- una “desigualdad estructural y constante”, tal  como entre empleador@ y trabajador@, se cobija un sistema de dominación. (9).
Queda claro: El, la, o l@s abusador@s detentan un poder frente a otr@ en situación de minusvalía, laboral, emocional o financiera; sea por desempleo, falta de información, de experiencia, o por confiar en el victimario, quien -para abusar- se vale de la amistad, o de familiares de la víctima, o bien de su experiencia, autoridad laboral, o sus relaciones y contactos, ante una sociedad silente. (10). Por eso hay abusos que se prolongan por años. (11).
Nos alcanzó esta realidad, y no por falta la legislación. En 1999, bajo el impulso y la presidencia de Hugo Chávez Frías, es que los derechos humanos (DD.HH) adquieren rango constitucional en Venezuela, haciendo vinculantes Pactos, Tratados y Convenios que la República firmó para su protección. Se marcó un hito al reconocer los derechos de las mujeres venezolanas con visión de género, hoy, con estructura legal y de justicia para prevenir y sancionar. (12).
Frente a estos hechos, es necesario afianzar la praxis con estos mecanismos; educar a la población; reforzar la formación y sensibilización a los servidores públicos en la oportuna y adecuada atención y seguimiento a las denuncias; y ofrecer justicia oportuna a las víctimas y/o a sus familiares. 
Como seres humanos, se trata de no aceptar, amparar y normalizar el maltrato, la calumnia, la ofensa y el acoso como hecho normal o humor burlesco (13). Y en estas circunstancias, se trata también de procurar modos de cerrar la brecha de la desigualdad económica que conlleva a la vulnerabilidad (14); y de atender la estructura cultural y psicosocial que soporta la relación de asimetría que pone en peligro a las mujeres venezolanas.
Referencias:
(4) Carolys H. Pérez G. (@carolyshelena) twitteó: #COMUNICADO https://t.co/VnoCppIbFH https://twitter.com/carolyshelena/status/1387529370919657484?s=20
(9) Milner J. “Reflexiones sobre el Movimiento Me Too y su filosofía”. 2020. Recuperado de https://www.redalyc.org/jatsRepo/5644/564464532011/html/index.html

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