Santos y pecadores •  10/12/2020

Adriana Serlik, de Avellaneda a Gandía: la palabra que abraza al costado del río

Adriana Serlik, de Avellaneda a Gandía: la palabra que abraza al costado del río

Podríamos pensar la vida a través del tiempo – me dije -, los relojes; o pensar que este viento seca las veredas de diciembre y se lleva las elegías de un año grávido, sinuoso, abrumado de pérdidas y encierro.

Una libretita roja me acompaña y la mañana es fría y soleada.

Adriana Serlik es escritora, poeta y nació en Avellaneda, Buenos Aires, Argentina en 1945.

Hace más de 40 años que vive en España y 15 que vive en Gandía, pero su forma de hablar casi no ha cambiado; si bien he modificado algunos verbos, sigo hablando como argentina – dice y es absolutamente cierto.

Nos comunicamos por las redes sociales a raíz de un texto que publiqué y en donde menciono a algunos referentes importantes para mí.

Oír nombrar a Jacobo Fijman y decir que estás en Gandía me emociona mucho, creo que solo somos dos aquí que lo recordamos, escribió en mi muro. Sospecho que aquí y en nuestro país, no somos muchos los que lo evocamos. Es que los poetas estamos confinados desde hace mucho más que una peste, pienso.

Había leído sobre Adriana y comencé a pensar en un encuentro que se concreta hoy, a escasos días de terminar un año bisagra.

Es apasionada; pide un café calentito con leche natural, pero se le enfría porque las palabras le brotan como la propia vida que emerge de sus poros, aunque el cuerpo ya no me responda como antes y tenga que usar un scooter para moverme.

«Casi nadie está hecho tan solo con lo propio», cito al poeta y docente Roberto Juarroz como para entrar en clima. Es que Juarroz, aparte, ha sido uno de sus profesores en la Universidad de Filosofía y Letras de Buenos Aires y con quien se reencuentra en el Ateneo de Madrid, en una reunión de poetas, en octubre de 1979 al que también asiste «Mi amado amigo Antonio Di Benedetto», dice como certificando puentes. Le pido que ahondemos en la frase y responde:

Uno tiene una herencia, una serie de conceptos que recibe de su infancia, de la sociedad en la que vive, pero uno luego se va construyendo. Yo que he sido tan andariega puedo decirlo.

¿Se nota en la piel el tiempo?, me interrogo. ¿Se nota en la mirada?, ¿Duele en el alma el tiempo?

Y entonces aparece Jorge Luis Borges que escribe «Mirar el río hecho de tiempo y agua y recordar que el tiempo es otro río»; en la poesía de Adriana habita el río como un lugar especial.

Siempre he vivido cerca de un río: en Avellaneda, en Roma cerca del Tíber, en Rascafría, en Londres cerca del Támesis, aquí en Gandía cerca del Serpis. El sueño mío es morir cerca del mar.

La observo hablar apasionadamente y creo que uno no anda pensando en morirse todos los días, pero la muerte está allí, recorriendo sutil los territorios, los nombres que nombra, perdidos en la nada de la desaparición forzada. Será por haber sufrido en carne propia la detención arbitraria, la cárcel en Asunción, Paraguay en la década del 80; estar en ningún lado y mirar por un agujero la tierra afuera, la lluvia, la angustiosa soledad y sentir terror ante el goce perverso de los grupos de tareas.

Su manera de escribir ha variado, lógicamente con los años: a los 20 mi poesía era muy panfletaria, es diferente de la que hago ahora, pero nunca me separo de lo que es la problemática social.

¿Cómo ha encarado esa problemática?

Cuando empezó la dictadura argentina ya vivía en Madrid y he participado junto a exiliados, trabajando por el tema de los desaparecidos, hemos intercedido ante el Papa de aquella época, he participado en movimientos. Lo argentino siempre está presente porque es mi cultura.

Y como si el tiempo bañara las costas de este mar de la memoria, las épocas van y vienen como las olas en la arena de la esperanza.

Fijate – agrega – que yo llego a Madrid y a los dos meses muere Franco. Recuerdo haber estado en la primera manifestación del 1 de mayo en Madrid, después de muerto Franco y no poder parar de llorar al ver muchísima gente mayor con flores en las manos que por fin podía desfilar. A mí me sorprendió mucho la coronación del rey, porque yo venía de una República. Hasta Pinochet asistió a la coronación. Tené en cuenta que después de cuatro o cinco años de muerto Franco, empezaron a salir personas que estaban ocultas en sótanos, en sus casas, por miedo.

¿Y cómo ve el actual proceso con la actualización de la ley de Memoria Histórica que promueve un mayor esclarecimiento de los hechos y una reparación para las víctimas del terrorismo de Estado y el comienzo de las excavaciones en algunos sitios como el cementerio de Gandía para identificar tumbas colectivas?

La represión franquista fue tan terrible que mucha gente, por miedo, no ha querido contarle la historia a sus hijos o nietos. Muchos se están enterando recién ahora. Yo he investigado mucho el tema, incluso respecto de los fusilados y de los bombardeos que hubo en la zona del puerto de Gandía. Acompaño y colaboro con una asociación republicana importante de aquí.

En España hubo mucho miedo a que hubiera otra guerra, entonces se tapó todo porque se interpretó que era la única forma de avanzar. Ahora despacio se están logrando cosas.

Inevitablemente pienso en la Argentina y en lo valiente que ha sido la lucha de nuestros organismos de derechos humanos ni bien retirada la dictadura, por el esclarecimiento, los juicios a los represores y la memoria.

¿Duele en el alma el tiempo?, me vuelvo a interrogar. Y encuentro a la palabra, que es música, oxigenando territorios silenciados. No puedo dejar de pensar en ciertas generaciones de poetas, marcados por sucesos históricos de los cuales no han querido ser indiferentes. Juan Gelman, Hamlet Lima Quintana, Rafael Alberti, Adriana Serlik, entre tantos.

Marcelino Pérez

No conozco la historia de este hombre hasta que Adriana lo nombra.

Cuenta que fue elegido alcalde de Gandía por aclamación popular a los 28 años de edad en la época de la República y que trabajaba en el puerto. Era anarquista, pero nunca derramó una gota de sangre. Que fue un hombre muy preocupado por la cultura y el sustento de su pueblo. Pero como muchos, Marcelino fue detenido y trasladado a Valencia, y el 19 de diciembre de 1939 fusilado en Paterna durante la Guerra Civil. Tenía 30 años.

También relata de una manera sentida las primeras jornadas que organizó hace unos años en Gandía con ayuda de la familia del ex alcalde, de amigos y del gobierno local para rescatar su historia y la de las víctimas de la dictadura.

«Quedó reflejada en el río su imagen para siempre. Su mirada cautiva entre los sueños destelló en el agua del puerto, su voz se hizo ovillo de dolor y locura» escribe la poeta en homenaje a Marcel -lí.

La sombra de un cuerpo asesinado en la lejanía, el desgarro impensado por la muerte física de su gran amor, Chema del Valle, a quien le escribe con un dolor visceral que solo puede comprender quien ha vivido una situación similar y el diagnóstico de una enfermedad terminal en 2005 que acabaría con su vida en tres años, han marcado a la escritora que, sin embargo, se reinventa en cada página.

Su primera publicación data de 1968 (Improntus 6), en Buenos Aires y desde allí, las obras se han sucedido hasta el 2019, entre ellas, Los espejos (1972), Desde nosotros, los niños (1978), La silla de paja (1984), Poemas del amor y la soledad (1996).

Ha sido precursora en el uso de blogs y libros electrónicos. Ha tenido la sensibilidad de tender puentes a la hora de presentar o editar sus obras, haciendo partícipes a pintores, escultores, fotógrafos y músicos como si quedara alguna duda de que el arte debe ser un concepto abarcativo y solidario.

Escribió nuestro amado Jacobo Fijman: «El arte tiene que volver a ser un acto de sinceridad» y Serlik no necesita esforzarse para demostrar desde dónde escribe, habla, intercede, musicaliza.

Reconoce haber sido influenciada en su momento por los escritores surrealistas y por Raúl González Tuñón con quien realizó un recital conjunto «hace miles de años».

Trabajó como organizadora de la biblioteca de Federico Vogelius, el recordado creador de la mítica revista Crisis; también organizó la biblioteca del Hospital Cosme Argerich de Buenos Aires.

Adriana es todas las voces que la atraviesan y todos los brazos que extiende. «Hacer» es el mejor verbo que conjuga sin decirlo y las pérdidas y los miedos solo la hacen más precavida.

En ese conjunto de voces que llegan y brotan como flechas, escribe «Solo supe del silencio cuando me faltó tu voz».

¿Se nota en la piel el tiempo?, insisto. ¿Duele en el alma el tiempo?

Durante aquellas jornadas de quimioterapia y pánico da cuenta en su libro «El ojo cósmico» un reto solidario donde se presenta una obra y una exposición y lo recaudado es a beneficio de la Asociación Contra el Cáncer de Gandía.

¿Qué será escribir hoy poesía?

Para que las personas compren poesía hay que hacer un trabajo muy grande cultural. Pero además las editoriales no publican poesía, salvo las auto ediciones. Yo he tenido bastante suerte porque debido a mis participaciones radiofónicas los oyentes han accedido a mis libros y también en las presentaciones.

Es que en sus múltiples quehaceres culturales, participó en Radio Splendid y Municipal en la Argentina, y en Radio Cadena Ser de Gandía.

¿Por qué escribe poesía?

Yo escribo porque escribo para mí. Mi poesía es un sentimiento y cada uno hace la interpretación que desea. No exijo que sientan lo que yo siento. Mi poesía no es una poesía difícil de entender. Y también te digo que cuando he dado charlas y talleres en diversos ámbitos para jovencitos hasta adultos de 80 años, el entusiasmo que aparece es admirable.

Adriana Serlik ha organizado 25 Certámenes Internacionales de Poesía, Relato y Fotografía Digital, ha trabajado para la RAI, ha comisariado diversas exposiciones en Gandía, Valencia y Madrid y está trabajando en una novela fuertemente documentada sobre la guerra y la posguerra en Gandía.

Presentación de «Poesía desde el Caos» en el Mirador del Serpis

¿Qué sugerencia le da a la juventud que escribe poesía?

Aquel que escribe, tiene que seguir escribiendo. Tienen que aprovechar las redes para hacer conocer la obra, aunque la sensación de tener tu libro en papel, en las manos es indescriptible. Yo no he tenido hijos, pero es como si lo fuera. No es sencillo, pero hay que participar en grupos de poesía, hay que hacerse conocer, y no esperar hacerse famosos. En general la mayor parte de los poetas son conocidos cuando se mueren. El objetivo del poeta es escribir.

Escribir, ponerle nombre a las distancias, a los sueños, a las despedidas. La poesía de Serlik hilvana todas esas músicas, y los paisajes en primera persona nos contienen a todos. No es difícil sentirse retratado en una página, en un título, en una mueca, en una sugerencia, en un llanto conmovedor bordeando el río.

«Andaremos, amor andaremos» escribe como replicando ante el eco del silencio que la vida continúa, aunque camine más lenta o en scooter. Es que mi Chema del Valle me ha dicho que no podía morirme todavía, que tenía que seguir haciendo cosas – me dice – y yo le hice caso.

El mar

trajo

recuerdos envasados

de aguas del Atlántico.

Claros atardeceres

de vientos del sur,

una joven sosegada

mirando

un futuro incierto.

Ella

no imaginaba

que aunque existirían

tristezas,

tantas ciudades

recorridas.

Podría ser

tan amada

y amaría tanto.

El mar

alisó,

como la arena,

los oscuros

momentos

ya vividos.

(Poema I, de Corolario, 2018)

Tomo la libretita roja con anotaciones varias y acompaño a Adriana hasta su casa, a escasos metros del lugar. El viento ha bajado un poco su intensidad y un hermoso sol enorme acaricia la tarde naciente. Nos despedimos y llevo debajo del brazo los libros que me ha regalado. Más puentes.

Me quedo con sus gestos solidarios, su interés de saber qué hice, de dónde vengo, quién soy y la reiteración de una palabra que ha sobrevolado toda la charla: amigos.

La poeta tiene muchos amigos y cada tierra en donde estuvo es una geografía que la espera.

Entonces vuelvo al escritor argentino Raúl González Tuñón, cuando decía que «Lo importante de un artista es que lo sea en la obra y en la vida, porque cuando uno de esas cosas falla, algo anda mal»

De regreso a casa reflexiono sobre esa pregunta que me ha dado vueltas durante la charla y que no hice: ¿Duele en el alma el tiempo?, y creo que lo que duele, interpela, anima, invita, tiende lazos, crea, enseña y desafía es la vida misma. Y el amor, el motor de todo.

Adriana Serlik lo sabe, solo hay que leer su obra y quedarse a vivir en ella.

Para saber más sobre la escritora

www.lalectoraimpaciente.com


Santos y pecadores / 

Comunicador y escritor argentino: En 1989 comienza una experiencia comunicacional en Radio Nacional Esquel, Patagonia, Argentina, por lo cual es convocado por la Dirección Municipal de esa ciudad para realizar trabajos de prensa y difusión. A partir de 1992, en Buenos Aires, comienza el programa de radio "SANTOS Y PECADORES "que se extenderá en el tiempo hasta 2018. Allí vincula las letras con las entrevistas, convoca a importantes músicos, historiadores, artistas y vuelca periodísticamente todas esas experiencias en lo que se denomina "radio arte". Con una fuerte impronta en los derechos humanos, colabora para el periódico Madres de Plaza de Mayo, organismo mundialmente conocido. La poesía ha sido siempre la forma de encarar los proyectos comunicacionales, anclando las temáticas en cuestiones marcadas por sucesos históricos y también atemporales. Su trabajo comunicacional le ha valido algunos premios y varios reconocimientos. En 2005, la Editorial Dunken edita "La gran apuesta", antología poética donde participa con el texto "Mapuche". En 2020, Ediciones La Esfera Cultural (España) edita "El club de los relatores" donde participa con el texto "Un árbol gigante" siendo premiado entre más de seiscientos participantes. Actualmente reside en Gandía, Valencia, desde 2019.