El obstáculo de las sanciones: por qué la ayuda humanitaria a Venezuela tras los terremotos no fluye con rapidez
- Trump sobre Venezuela: «Los golpeamos tan fuerte y ahora hemos sacado millones de barriles de petróleo. Fuera del terremoto, la gente está feliz y bailando en las calles.»
- En los hospitales venezolanos escasean los suministros y medicamentos como consecuencia de las sanciones de EE.UU. En abril, la Federación Médica Venezolana (FMV) afirmó que «el 90% de los hospitales del país están desabastecidos y abandonados».

Desde que la tierra se sacudió en Venezuela el 24 de junio de 2026 con dos sismos de magnitudes 7,2 y 7,5, el país caribeño enfrenta una tragedia que eleva a más de 900 los fallecidos, miles de heridos mientras la llamada comunidad internacional se moviliza para ofrecer asistencia. Sin embargo, una pregunta incómoda atraviesa el operativo de rescate: ¿hasta qué punto las sanciones de Estados Unidos están obstaculizando la llegada de ayuda humanitaria?
El parche
En respuesta a la tragedia, el Departamento del Tesoro de EE.UU. emitió la Licencia General N°60, una autorización que permite ciertas transacciones financieras relacionadas con labores de socorro hasta el 23 de octubre de 2026. Washington también anunció un paquete de ayuda de 150 millones de dólares y el despliegue de equipos de búsqueda y rescate.
Pero este gesto, aunque bienvenido, es un parche en un sistema de restricciones que sigue intacto. La licencia no desbloquea los activos congelados de Venezuela ni levanta el grueso del régimen sancionatorio. Como advierte el economista Francisco Rodríguez, de la Universidad de Colorado: «Venezuela sigue siendo sancionada. Para mandar asistencia se necesitaría una licencia, y esto depende de que EE.UU. la otorgue. Es un proceso que puede ser lento y complejo».
El miedo a las sanciones: un freno invisible
Expertos en logística humanitaria señalan un fenómeno conocido como overcompliance o excesivo afán de cumplimiento: aunque existan exenciones, muchas organizaciones no gubernamentales, empresas y bancos occidentales se retiran de los programas de ayuda por miedo a ser sancionados.
Sarah Schiffling, del Instituto HUMLOG de Finlandia, explica: «Las sanciones financieras pueden dificultar que las ONG envíen dinero al país afectado para pagar al personal o a los proveedores. También pueden generar cargas administrativas adicionales que ralentizan las operaciones». Los bancos, ante la amenaza de represalias, retrasan o bloquean transferencias a Venezuela.
Una población ya debilitada
El terremoto no golpeó a un país cualquiera, sino a una nación que arrastra años de crisis económica derivada de las sanciones.
Michael Fakhri, relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, señaló tras visitar el país en 2024 que las sanciones han sido uno de los principales factores que limitan la capacidad del gobierno para implementar programas de protección social. El economista Francisco Rodríguez ha publicado análisis cuantitativos que atribuyen miles de muertes en Venezuela al colapso de las exportaciones de petróleo provocado por las sanciones, y la consiguiente incapacidad para importar bienes esenciales.
En este contexto, el doble terremoto «golpeó a una población que ya se encontraba en extrema necesidad y con poca capacidad para enfrentar la interrupción adicional».
¿Ayuda humanitaria o proyección de poder?
Más allá de la logística, observadores advierten sobre el trasfondo geopolítico. La relación entre Washington y Caracas cambió radicalmente en enero de 2026, cuando fuerzas estadounidenses secuestraron presidente Nicolás Maduro en una incursión militar. Desde entonces, la administración Trump ha buscado el control del país, particularmente en el sector petrolero, excluyendo a China Y Rusia.
En este escenario, el despliegue militar de EE.UU. para la ayuda humanitaria —que incluye el envío de buques como el USS Fort Lauderdale y la coordinación del Comando Sur — genera suspicacias. Schiffling advierte que «la ayuda en caso de desastres forma parte del poder blando. Proporcionar una ayuda rápida y muy visible proyecta una imagen benévola de EE.UU.» . Y añade: «Con la financiación de los gobiernos, siempre existe la cuestión de si el dinero se da solo para promover una determinada agenda política».
Entre otros mandatarias, el presidente colombiano, Gustavo Petro, ha pedido reiteradamente a Trump que levante «las sanciones y el bloqueo para que la sociedad y el Estado venezolanos tengan la más amplia capacidad de actuar».
Sanciones que cobran vidas
Mientras EE.UU. anuncia ayuda, mantiene activo un mecanismo que dificulta su llegada efectiva. La Licencia General N°60 es un paso, pero insuficiente. Como señala Alex Main, del Centro de Investigación de Política Económica (CEPR): «Hemos visto en casos anteriores cómo las sanciones de EE.UU. han restringido y obstaculizado los esfuerzos de ayuda en terremotos».
La recuperación de Venezuela requerirá acceso a sus propios recursos financieros congelados y la capacidad de importar equipos, materiales de construcción, medicamentos y combustible. Mientras las sanciones sigan vigentes, la ayuda humanitaria llegará con cuentagotas, y serán los venezolanos —ya golpeados por años de crisis— quienes pagarán el precio más alto.
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