Palestina / Leila Khaled: La lucha por el derecho a existir

Leila Khaled es palestina, pero como muchos de sus coterráneos ha tenido que dejar su tierra durante la Nabka (creación del Estado de Israel en territorio palestino en 1948) y establecerse en los campamentos de refugiados en Líbano.

Con apenas quince años se unió a la Fundación del Movimiento Nacionalista Árabe, la cual se convertiría luego en el Frente Popular por la Liberación de Palestina (FPLP), partido en el cual integra el Buró Político. Símbolo de la lucha armada en Oriente Medio, es también miembro del Consejo Nacional Palestino y Presidenta de la Unión General de Mujeres Palestinas.

En agosto de 1969, Leila Khaled fue parte de la acción de secuestro de un avión que hacía la ruta Roma -Tel Aviv, desviándolo hacia Damasco en nombre del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y se convirtió en un símbolo. No hubo heridos, no era el objetivo agredir a nadie, lo importante era visibilizar la ocupación sionista y demostrar al mundo que los refugiados tenían una causa por la cual vivir y luchar.

En 1970, junto a Patrick Arguello, miembro de la resistencia palestina de origen nicaragüense, intentaron el secuestro del vuelo que unía Amsterdam con Nueva York. La acción fue frustrada por la seguridad israelí, Arguello murió a consecuencia de los disparos y Leila fue apresada. Tras 28 días de prisión, en el transcurso de un intercambio de prisioneros con el FPLP, recuperó la libertad, convirtiéndose en una leyenda viva de la resistencia al sionismo.

“El Estado del Apartheid” es como define, sin dudarlo, al Estado de Israel, al limitar el derecho de autodeterminación solamente a los judíos, permitiéndoles “colonizar en cualquier parte de Israel”.

Un millón de palestinos han sido detenidos desde 1977. Siete mil es la triste cifra de los presos al día de hoy, entre los cuales se encuentran 72 mujeres y 650 niños, según nos cuenta Leila.

         Leyla Khaled, cuando era joven guerrillera.

“Israel toma prisioneros todos los días”, afirma, al tiempo que reconoce la difícil situación que viven día a día los niños que “pueden ser encarcelados en cualquier momento en un punto de control de camino a la escuela”.

“Cuando hay enfrentamientos en los puntos de control es notable como ellos intentan disparar a los niños, con el objetivo de lesionar”, relata, mientras nos explica los pormenores de aquella ley adoptada por el Parlamento israelí, que estipula “que si un niño lanza una piedra contra un soldado israelí o un vehículo se lo puede encarcelar de 3 a 20 años”.

“Si no pueden matarlos, tratan de impactar a las piernas para mutilarlos”, afirma, pues “ellos saben que cuando esos niños crezcan, van a luchar contra ellos”.

Esos niños no son ajenos al conflicto ni la usurpación. Son testigos de ejecuciones y violaciones a sus derechos día a día, como lo es Ahed Tamimi, convertida hoy en un ícono de lucha y resistencia para los niños y adolescentes palestinos.

La existencia de dos Estados no es una posibilidad, el claudicar tampoco. Leila lo deja en claro; transmitiendo serenidad, aún al hablar de situaciones desgarrantes, como quien sabe que se debe a una causa justa por la que luchó toda su vida.

“¿Cómo puede un pueblo como este dejar de luchar?”, nos conmina con su pregunta. La respuesta se nos hace evidente: Seguirán luchando siempre. La causa palestina es una cuestión de derechos inalienables de todo un pueblo.