Las gafas para el eclipse son gratuitas, pero entrar a por ellas no: la letra pequeña del reparto en los Museos Científicos Coruñeses
El Ayuntamiento de A Coruña se ha sumado finalmente al reparto gratuito de gafas homologadas para contemplar con seguridad el eclipse solar del 12 de agosto. Sobre el papel, una buena noticia. El problema aparece cuando se mira cómo se ha planteado inicialmente la distribución: en la ciudad, las gafas se entregaron inicialmente a nivel municipal en los Museos Científicos Coruñeses, hecho condicionado, en la mayoría de casos, al pago de una entrada.

La situación resulta especialmente llamativa porque el Ayuntamiento ha presentado la observación del eclipse solar con un objetivo que parece difícilmente discutible: facilitar que la ciudadanía pueda contemplar el eclipse de forma segura. El concejal de Cultura y Turismo, Gonzalo Castro, señalaba al anunciarla que A Coruña quería que el acontecimiento fuese «una experiencia extraordinaria para toda la ciudadanía» y que la divulgación y la prevención debían ir de la mano.
¿TODA LA CIUDADANÍA?
Porque las condiciones anunciadas dicen otra cosa. Los Museos Científicos Coruñeses, bajo la dirección del físico Marcos Pérez Maldonado, y amparándose en una campaña desarrollada por la ONCE y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, establecieron la entrega de las gafas a las personas mayores de 16 años que accediesen a los recintos, hasta agotar existencias. Y acceder a esos recintos no es, en general, gratuito. En el Aquarium Finisterrae, por ejemplo, la entrada general cuesta 10 euros.
La paradoja resulta difícil de explicar: una iniciativa concebida para facilitar el acceso gratuito a un elemento necesario para observar el eclipse con seguridad queda vinculada al pago de una entrada a un equipamiento cultural.
No se trata de cuestionar que los Museos Científicos cobren una entrada. El Aquarium, la Domus y la Casa de las Ciencias son equipamientos culturales y científicos que tienen sus propias tarifas y cuyo acceso de pago forma parte de su funcionamiento ordinario. Lo discutible es que el Ayuntamiento, responsable último de la instalación, decida utilizar esos recintos como punto de distribución de unas gafas presentadas como gratuitas sin eliminar la barrera económica para acceder a ellas. Y menos todavía cuando existen alternativas mucho más sencillas.
LUGO: LLEVAR LAS GAFAS A LOS AYUNTAMIENTOS
La comparación con Lugo resulta especialmente significativa. La Diputación lucense anunció el reparto de 35.000 gafas homologadas y 45.000 dípticos informativos entre los ayuntamientos de la provincia, con una distribución en función de la población de cada municipio. El objetivo era facilitar a la ciudadanía una observación segura del eclipse.
En la propia ciudad de Lugo, además, se ha planteado una gran jornada de observación en espacios públicos como la Muralla y el parque Rosalía de Castro, con reparto de gafas homologadas gratuitas entre los asistentes. La iniciativa se plantea precisamente como una actividad abierta a la ciudadanía, sin convertir el acceso a un recinto de pago en condición para recibir las gafas.
La diferencia con A Coruña es evidente. Mientras Lugo distribuye el material a través de los ayuntamientos y lo incorpora a actividades públicas, la primera fórmula elegida por la ciudad herculina situaba el reparto detrás de la entrada de sus museos.
VIGO Y LA PROVINCIA DE PONTEVEDRA: UNA DISTRIBUCIÓN MÁS ABIERTA
En la provincia de Pontevedra también se ha optado por una fórmula amplia. La Diputación anunció el reparto de cerca de 30.000 gafas homologadas entre 42 municipios, con material destinado tanto a vecinos como a visitantes.
Vigo, además, ha preparado una zona pública de observación en el entorno portuario, vinculando la actividad divulgativa al espacio público y al reparto de gafas homologadas. La lógica es sencilla: facilitar que quien quiera contemplar el eclipse pueda hacerlo con la protección adecuada sin tener que pagar por acceder a un equipamiento cultural.
Son fórmulas diferentes, pero tienen algo en común: intentan que la distribución llegue al mayor número posible de personas. Porque el problema no es pagar dos o diez euros, sino tener que pagarlos para conseguir algo que se anuncia como de acceso gratuito.
En A Coruña, una persona que no pensaba visitar el Aquarium Finisterrae puede querer simplemente conseguir unas gafas para observar el eclipse desde cualquier punto de la ciudad. Una familia puede encontrarse con que la supuesta gratuidad pierde todo su sentido cuando tiene que asumir el coste de varias entradas. Y quien tenga dificultades económicas puede quedar directamente excluido. No es, por tanto, una cuestión de que los museos sean caros o baratos. Es una cuestión de accesibilidad.
La persona que se desplaza hasta allí pensando que puede recoger unas gafas gratuitas y descubre que necesita pagar una entrada difícilmente va a percibir la iniciativa como gratuita. Y ese malestar, que se ha hecho patente en redes sociales, es perfectamente comprensible.
UNA MEDIDA QUE LLEGA TARDE, PERO QUE FINALMENTE CORRIGE PARTE DEL PROBLEMA
A última hora, el Ayuntamiento de A Coruña ha reaccionado para paliar esta situación y ha anunciado también el reparto de gafas gratuitas en la zona del paseo marítimo de la ciudad fuera de la fórmula inicialmente planteada en los Museos Científicos. La decisión permite corregir, al menos parcialmente, el principal problema de la iniciativa y ampliar el acceso a quienes no quieren o no pueden pagar una entrada para obtenerlas. Es una rectificación que debe valorarse positivamente. Precisamente porque demuestra que había margen para hacer el reparto de una manera más abierta desde el principio.
Una administración pública debería intentar evitar precisamente este tipo de situaciones, especialmente cuando se trata de una medida sencilla y con un objetivo preventivo tan claro.
¿POR QUÉ NO REPARTIRLAS DIRECTAMENTE EN ESPACIOS PÚBLICOS?
La pregunta que queda en el aire es por qué no se optó desde el principio por una distribución en centros cívicos, bibliotecas, instalaciones municipales u oficinas de atención a la ciudadanía. La experiencia de otros lugares demuestra, además, que es posible hacerlo. Lugo optó por implicar a sus ayuntamientos y organizar repartos en espacios públicos. En la provincia de Pontevedra, miles de gafas se han distribuido a través de decenas de municipios y se han incorporado a actividades abiertas. El ayuntamiento coruñés, sin embargo, ha tardado en corregir el rumbo. Y por eso precisamente resulta difícil entender que no se haya hecho así desde el principio.
Relacionado
Información en la que puede confiar:
Reuters, la división de noticias y medios de comunicación de Thomson Reuters, es el mayor proveedor de noticias multimedia del mundo, con un alcance diario de miles de millones de personas en todo el mundo. Suscríbase a nuestro boletín informativo diario gratuito: thomson@reutersmarkets.com
