César Pérez Navarro •  Soft •  28/08/2026

La guerra de Israel para confeccionar algoritmos y cambiar la realidad percibida: Así se financia una operación global para reescribir la historia de Gaza con IA

  • El medio independiente Drop Site News ya publicó a finales de julio que el ex director de campaña de Trump Brad Parscale había estado trabajando discretamente con Israel para ayudar a condicionar las respuestas que los chatbots de inteligencia artificial brindan sobre Gaza.
  • The Guardian se hizo eco el pasado 26 de agosto: Un falso grupo de expertos estadounidense, creado y financiado por Israel, buscaba manipular la IA con fines propagandísticos.
  • La operación silenciosa del régimen de «Israel» destinó 46,5 millones de dólares para colonizar los archivos que alimentan a la IA.
La guerra de Israel para confeccionar algoritmos y cambiar la realidad percibida: Así se financia una operación global para reescribir la historia de Gaza con IA

Lo que se inició como una denuncia limitada en algunos medios de comunicación sobre el uso de inteligencia artificial para el asesinato deliberado masivo de civiles inocentes, el genocidio de una población por motivos de carácter étnico, racial o religioso, ha derivado en un escándalo de proporciones aún por cuantificar: el gobierno israelí no solo ha empleado algoritmos para seleccionar objetivos militares en Gaza, sino que -además- según las últimas investigaciones, ha destinado decenas de millones de dólares a una campaña paralela para manipular las respuestas que los propios sistemas de IA ofrecen sobre el conflicto.

Esta operación, totalmente desconocida por la opinión pública durante meses, representa un salto cualitativo en la guerra de narrativas de la opinión publicada. Mientras el mundo debatía sobre la precisión de sistemas como «Lavender» —una herramienta que, según filtraciones, permitió identificar hasta 37.000 objetivos con un margen de error del 10% y una supervisión humana que apenas dedicaba veinte segundos por cada caso—, el foco se ha desplazado ahora a un frente invisible: el de los datos que alimentan a los grandes modelos de lenguaje para influir o directamente manipular masivamente la opinión pública.

La estrategia israelí se ha articulado en dos niveles. El primero, de carácter más sofisticado, implica la creación de una infraestructura digital de apariencia académica que simula ser un centro de estudios estadounidense. Esta plataforma, que carece de sede física o personal real, ha llegado a publicar más de medio millón de palabras en apenas nueve días, redactadas en forma de preguntas que los usuarios suelen formular a los chatbots. El contenido está minuciosamente diseñado no para ser leído por personas, sino para ser indexado por los rastreadores web que nutren las bases de datos de entrenamiento de la IA.

El segundo nivel, de una escala mucho mayor, ha movilizado una inversión que supera los 46 millones de dólares a través de una red de al menos diez sitios web creados específicamente para «contaminar» los repositorios masivos de información que utilizan empresas como OpenAI o Google para entrenar sus modelos. Esta técnica, conocida como envenenamiento de datos, busca que los chatbots interioricen una versión del relato favorable a Israel como si fuera conocimiento objetivo y verificable, eliminando así cualquier rastro de su origen artificial.

La eficacia de esta campaña ya ha comenzado a evidenciarse. Pruebas recientes han demostrado que algunos de los principales asistentes virtuales citan estos sitios como fuentes legítimas al responder preguntas sobre la cooperación militar entre Estados Unidos e Israel. En otros casos, los chatbots ofrecen enlaces directos a los informes generados por la red de páginas financiada por el gobierno israelí, aunque ocasionalmente incorporan advertencias sobre su naturaleza controvertida.

Lo que hace particularmente preocupante esta operación es su ambición estratégica. A diferencia de las campañas de desinformación tradicionales, que buscan convencer a los ciudadanos a través de redes sociales o medios de comunicación, esta iniciativa apunta a modificar el sustrato mismo sobre el que se construyen las respuestas automatizadas que millones de personas consultan a diario. Si el algoritmo interioriza una determinada narrativa como hechos consolidados, esa versión se replicará sin necesidad de que el usuario cuestione su procedencia.

El contexto militar añade una capa adicional de gravedad. Mientras Israel defiende el uso de sistemas como «Lavender» y «Where’s Daddy?» —herramientas que, según fuentes internas, permitieron ataques en los que se autorizaba la muerte de entre cinco y quince civiles para eliminar a un solo mando de Hamás—, la campaña de manipulación algorítmica busca construir un relato paralelo que justifique o minimise esas decisiones en el imaginario digital colectivo.

Organizaciones internacionales de derecho humanitario han comenzado a alzar la voz ante lo que consideran un vacío legal sin precedentes. Si la IA se convierte en el principal filtro de la memoria histórica, la batalla por el relato de Gaza no se librará en los tribunales ni en la prensa, sino en el código fuente de los modelos que, en silencio, construyen la realidad que el mundo consulta.

Millones para «alimentar» el entrenamiento de la IA

El segundo frente, más amplio y con una inversión mucho mayor, fue destapado por Drop Site News. En este caso, el gobierno israelí habría firmado un contrato por valor de 46,5 millones de dólares con la empresa Clock Tower X, liderada por Brad Parscale, quien fuera director de la campaña de Donald Trump .

Clock Tower X creó una red de al menos diez sitios web (como Allyvia.orgFactSignal.org y Paxpoint.org) con el fin de «contaminar» los conjuntos de datos que se usan para entrenar a los grandes modelos de lenguaje. Esta técnica, conocida como «envenenamiento de modelos de lenguaje», no busca visitas humanas, sino ser rastreada por repositorios masivos como Common Crawl, una fuente primordial de datos para entrenar a la IA. Entre enero y junio, estos sitios fueron rastreados cientos de veces por Common Crawl, lo que aumenta exponencialmente sus posibilidades de ser absorbidos por el núcleo de conocimiento de los principales chatbots.

Resultados: los chatbots ya citan el contenido de la campaña

La eficacia de la campaña ya ha comenzado a notarse. En pruebas realizadas por los medios, se comprobó que Perplexity y Microsoft Copilot citaron estos sitios como fuentes para responder a preguntas sobre la cooperación militar entre EE.UU. e Israel. Asimismo, al preguntar a ChatGPT por investigaciones recientes del Hanover Institute, el chatbot devolvió enlaces a sus informes, aunque también incluyó advertencias sobre su naturaleza controvertida.

Esta operación representa una nueva frontera en la guerra de narrativas: en lugar de convencer a las personas, se busca programar a los propios sistemas que estas consultan para obtener información.


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