Redacción •  Actualidad • 19/02/2020

Almeida suprime las palabras del poeta Miguel Hernández y las de Julia Conesa, una de las Trece Rosas, del memorial de La Almudena

  • El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha eliminado tres placas situadas en el memorial del Cementerio de La Almudena que contenían versos del poeta Miguel Hernández y de Julia Conesa, una de las Trece Rosas, la que dijo precisamente “que mi nombre no se borre en la historia”
  • Este nuevo acto de violencia institucional se une a la destrucción del Memorial del Cementerio del Este, también perpetrada por el Ayuntamiento del alcalde Jose Luis Martínez Almeida, que para la Plataforma en Defensa del Memorial del cementerio del Este de Madrid  "supone una humillación más a las víctimas del franquismo en Madrid, además de una muestra de carencia de la más elemental cultura democrática".
Almeida suprime las palabras del poeta Miguel Hernández y las de Julia Conesa, una de las Trece Rosas, del memorial de La Almudena

Las placas estaban situadas en el memorial del Cementerio del Este inaugurado por Manuela Carmena y que homenajea a las víctimas de la represión franquista en Madrid. El hecho ocurre meses después de que el Ayuntamiento que dirige Martínez-Almeida retirara las placas con nombres 2.937 republicanos y republicanas asesinados por el franquismo entre 1939 y 1944. El Ayuntamiento de Madrid ya había excluído

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha manifestado su disconformidad a través de twitter: «Los nombres de las víctimas y los poemas de Miguel Hernández nunca se borrarán de nuestra memoria, aunque lo intenten. Somos muchos los hombres y mujeres que sabemos que conservar viva esa memoria es la mejor manera de impedir que la barbarie se repita».

 

Por su parte, Vicepresidente de Derechos Sociales y Agenda 2030 en el Gobierno de España, Pablo Iglesias, se ha manifestado en los siguientes términos: «Borrar a Miguel Hernández de un memorial a las víctimas de la Guerra Civil es un acto deleznable. La derecha debería, si tiene algo de dignidad, condenar a torturadores como Billy el Niño y no andar borrando la memoria de los que se dejaron la vida por nuestra democracia».
 
Iñigo Errejón ha apuntado: «El Ayto. de Madrid borra nuestra historia. Hoy le toca a Miguel Hernández. No quieren reparar a las personas que lucharon por una vida mejor ni que las nuevas generaciones conozcan un pasado que les permita conectar con valores democráticos. Es deleznable».
 
Fuentes del ayuntamiento controlado por PP y Cs argumentan que esta era «una propuesta del Gobierno de Carmena de la que no tuvieron conocimiento ni el comisionado ni el resto de grupos políticos».
 
Pastor de cabras desde muy temprana edad, el poeta Miguel Hernández estudió en el centro de enseñanza «Nuestra Señora de Monserrat» y de 1918 a 1923 y el bachillerato en el colegio jesuita de Santo Domingo de Orihuela. Mientras cuidaba de las cabras, leía y escribía sus primeros versos, forjándose una buena reputación a través de publicaciones en varias revistas y diarios. En 1933 fue nombrado colaborador en las Misiones Pedagógicas e hizo amistad con poetas como Vicente Aleixandre o Pablo Neruda. Pero a diferencia de otros poetas, su compromiso le llevó a alistarse en el ejército de la republicano y a afiliarse al partido comunista, marchando al frente de Jaén.
 
“Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta”
 
Su mayor proximidad al pueblo le llevó a rechazar algún capítulo frívolo protagonizado por otros poetas de la capital. La sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas albergó, ya iniciada la guerra civil, en julio de 1936, una despedida organizada por Vicente Aleixandre, que para muchos sería definitiva, antes de marcharse de vacaciones. A la fiesta estaban invitados “Pablo Neruda, Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, Federico García Lorca (que no asistió), Miguel Hernández y Rodríguez Luna”. Miguel, que pasó gran parte de los días en las trincheras, no entendía que prepararan una fiesta en medio de aquella guerra. El poeta irrumpió en el edificio de la Alianza, donde se celebraba una fiesta con el nombre de II Congreso de Intelectuales para la Defensa de la Cultura organizada por la mujer de Alberti, María Teresa León. Hernández estalló y se acercó a Alberti para decirle precisamente: “Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta”. El poeta gaditano le animó a que lo dijera en voz alta al resto de asistentes, y Miguel lo que hizo fue escribirlo en una pizarra. Entonces María Teresa León, que se había tomado las molestias de organizar el sarao, se acercó al poeta de Orihuela y le dio una bofetada que, según cuentan, acabó con Miguel Hernández en el suelo.
 
 
«Que mi nombre no se borre en la historia»
 
Julia Conesa, una de las Trece Rosas, fue denunciada por un amigo de su novio y detenida mientras cosía en su casa. El motivo no fue más que el miedo que sentía el régimen franquista por la reorganización de Juventudes Socialista Unificadas, ya que esta organización seguía luchando en la clandestinidad por la defensa de la II República española. Tras su detención, fue recluida en el centro penitenciario de mujeres de Ventas, en Madrid. Los testimonios revelan aspectos del carácter de esta joven mujer:

«Se las llevaron en plena noche y cuando bajaban las escaleras Julia comenzó a cantar el himno de la «joven guardia», todas las demás la siguieron y sus voces se fueron perdiendo poco a poco, minutos después y sobre la sangre de los muchachos, fueron asesinadas».

Además de los doce versos del poeta Miguel Hernández que correspondían a su poema El herido, de su libro El hombre acecha (1938-39), también se han suprimido un texto de Julia Conesa y una leyenda que denunciaba el gonocidio franquista durante la dictadura. Eran elementos verticales rematados con sendas piezas de cobre, que deberían haberse inscrito pero que ahora lucen en blanco, como recuerdo de una memoria borrada;
 

Placa 1:

Para la libertad me desprendo a balazos

de los que han revolcado su estatua por el lodo.

Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,

de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,

ella pondrá dos piedras de futura mirada

y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan

en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño

reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.

Porque soy como el árbol talado, que retoño:

porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández

Placa 2:

El pueblo de Madrid,

en memoria y reconocimiento a las cerca de 3.000 personas ejecutadas e inhumadas en esta necrópolis entre abril de 1939 y febrero de 1944. 

Que mi nombre no se borre en la historia.

Julia Conesa

Placa 3:

Finalizada la Guerra Civil, la dictadura del general Franco reprimió ferozmente a sus enemigos políticos.

Consejos de guerra carentes de cualquier garantía procesal dieron lugar a numerosas ejecuciones por fusilamiento o garrote vil.


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