Inmigrantes y moaxajas

Oriente y Occidente comparten una base histórica y cultural profunda, cuyo mejor ejemplo fue Al-Ándalus, donde convivieron distintas culturas, religiones y saberes en un modelo de cooperación. Con el tiempo, esta base se debilitó por factores religiosos, políticos y económicos, transformándose en un discurso excluyente que, en lugar de fomentar el entendimiento, ha sido usado para promover la idea de un conflicto entre civilizaciones.
Entre Oriente y Occidente existe una base histórica y cultural compartida y profunda, cuya expresión más singular y rica fue Al-Ándalus. En ese espacio geográfico convivieron culturas, se entrelazaron saberes y coexistieron religiones en un marco que dio lugar a un modelo excepcional de convivencia y creatividad. Sin embargo, esa base se fue diluyendo con el tiempo, condicionada por una amalgama de factores religiosos, políticos y económicos. Así, lo que en esencia era un espacio de encuentro y de construcción compartida terminó convertido en un discurso excluyente, utilizado con frecuencia para alentar teorías sobre el choque entre civilizaciones, culturas y religiones, en vez de servir como puente para el entendimiento.
Las sociedades vivas son aquellas que recuperan la historia como oportunidad, no como nostalgia ni como mito. Y eso es precisamente lo que expresa el momento actual en España, con la decisión de su Gobierno de regularizar a cientos de miles de personas inmigrantes e integrarlas administrativamente en el ritmo de la vida social. Más allá de ser una medida legal o una respuesta económica o política, esta decisión encierra un significado más profundo: supone, de algún modo, un retorno a esa lógica andalusí que entiende la diversidad como una fuente de fortaleza y no como una amenaza.
Durante siglos, Al-Ándalus fue un marco universal de lo que hoy llamaríamos cultura del mestizaje, en su más amplio sentido. En torno a ese núcleo, la vida se desarrolló en un espacio donde las fronteras —lingüísticas, culturales y religiosas— eran permeables. Más allá de la política y de las divisiones geográficas o nacionales, se configuró una cultura caracterizada por el cruce constante de lenguas y tradiciones, fundamentada en la pluralidad.
Como expresión de ese equilibrio entre lo diverso y lo compartido, Al-Ándalus creó su propia expresión literaria, la moaxaja: un tejido poético en el que conviven distintos elementos dentro de una única estructura. En ella, las lenguas dialogan, los ritmos se entrelazan y la belleza surge, precisamente, de la diversidad de las voces y de su conjunción.
La decisión del Gobierno español, de reconocer a las personas inmigrantes como parte del tejido cotidiano, porque trabajan, crean y participan en la construcción del futuro—, remite a ese esquema andalusí. Es, en cierto modo, un intento contemporáneo de escribir una nueva moaxaja: una moaxaja social que organice, articule y reordene la diversidad dentro de un mismo espacio común, con lenguas distintas y trayectorias vitales heterogéneas. En ese horizonte, son esas vidas concretas —sus recorridos, sus saberes, sus formas de estar— las que van tejiendo un espacio compartido. Como en la moaxaja, la diferencia no desaparece: se integra, se organiza y se convierte en fuente de equilibrio, cohesión y creatividad.
El mundo en el que vivimos, marcado por guerras, genocidios y exclusiones, así como por avances tecnológicos vertiginosos, inteligencia artificial y horizontes que se expanden más allá del planeta, exige replantear nuestras formas de convivencia. Frente a las ideologías cerradas y los discursos excluyentes, recuperar la experiencia andalusí no es un gesto de nostalgia, sino una propuesta para el presente. Una apuesta que exige, también, “moaxajear” al ser humano, a nuestras sociedades.
Jaafar Al Aluni:
Poeta y traductor de origen sirio. Autor de “Diván de poetisas árabes contemporáneas”. Traductor de “Adoniada” y “Entre lo fijo y lo mudable. Creación y la tradición en la cultura árabe”, entre otros.
