Vicky Pelaez •  Opinión •  23/10/2016

La guerra sucia en las elecciones norteamericanas

La mayoría de los periodistas se convirtieron en ‘mayordomos’ y ‘sirvientes’ de Hillary. La quieren en este momento como ‘reina de la guerra.

La contienda electoral entre la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump, en realidad ha sido convertida por la voluntad del 1% de la población, que está gobernando el país con la ayuda del 92% de los medios de comunicación a su servicio, en una lucha política sucia donde las ideas y propuestas cedieron su lugar a los chismes y acusaciones personales. Se quedaron en la historia los intereses colectivos de los norteamericanos y lo personal se apoderó por completo de la agenda política del proceso electoral a menos de 20 días de la votación.

Las elites norteamericanas que apostaron desde el comienzo de la actual campaña presidencial por Hillary Clinton dieron su implícito beneplácito a Donald Trump cuando el millonario hombre de negocios presentó el 16 de junio de 2015 su candidatura por el Partido Republicano para las elecciones presidenciales. Según los cálculos de los más poderosos y ricos dueños de Norteamérica, la participación del ‘excéntrico’ y ‘polémico’ candidato Trump, considerado frecuentemente como un ‘bufón’ e ‘idiota’, debilitaría al Partido Republicano y de paso reforzaría la candidatura de Hillary Clinton. Nadie de aquellos cerebros y sus asesores iluminados que proyectaron una vida política corta para Donald se hubieran imaginado en aquel entonces que el candidato ‘bufón’ se convertiría en un dolor de cabeza para los dueños de EEUU, poniendo en cierto peligro toda la institución norteamericana y, en especial, a su clase dominante.

En vez de provocar un debate en Norteamérica que fortalecería la agenda electoral de Hillary Clinton y sus ideas de expansión norteamericana vía globalización, Donald Trump ha sido elevado involuntariamente al liderazgo del debate por los mismos medios de comunicación que lo trataban de denigrar. El fenómeno de Trump no ha desaparecido del panorama político norteamericano y seguirá latente incluso en el caso de no ser elegido, porque el discurso de Donald ha canalizado la frustración y el malestar del pueblo norteamericano por su situación económica cada año más difícil y en especial de la clase trabajadora, sus ciudades como Detroit arruinadas, sus vidas en caída libre y el miedo al futuro para sus hijos.

Para los medios de comunicación globalizados al servicio de Washington, como ‘ABC News’, los estadounidenses, en su mayoría los hombres blancos que están apoyando a Donald Trump, tienen un nivel educativo bajo, medio y no universitario. Pero la realidad es mucho más complicada, como lo afirmó el periodista de ‘The Guardian’, Thomas Frank en su artículo ‘¿Por qué millones de trabajadores apoyan a Trump?’. Según este periodista, “en cada uno de sus discursos que vi, Trump pasó una buena parte de su tiempo hablando de una preocupación puramente legítima, un asunto que podríamos considerar de izquierda”.

En realidad, Trump, en su discurso anti-globalizador, rechazando los acuerdos de libre comercio como el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA), resucitó las advertencias del excandidato presidencial Ross Perot, quien alertó a sus compatriotas en 1994 que pronto ellos escucharían el ruido del NAFTA, asemejándolo a una ‘aspiradora’ que engulliría buenos empleos estadounidenses y los enviaría a México. Unos 20 años después de la firma de este tratado, el sindicato AFL-CIA, que agrupa al sector industrial de EEUU, aseguró que el NAFTA significó la pérdida de 700.000 puestos de trabajo entre 1994 y 2014, los cuales se habrían ido a México. Entonces, desde este punto de vista, Trump realmente está expresando las preocupaciones de un importante sector de la población norteamericana.

Habla de la necesidad de crear una oferta competitiva en la industria farmacéutica para abaratar los medicamentos en EEUU, anuncia la necesidad de aumentar los aranceles para los productos de las compañías norteamericanas que se trasladaron al extranjero para obligarlos a retornar. También Trump está denunciando la manipulación del valor de la divisa por la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón, los bancos chinos para acelerar el traslado de puestos de trabajo estadounidenses al extranjero.

Pero lo que de veras no le perdona a Trump la clase dominante es su discurso internacional, especialmente relacionado con Rusia. El candidato republicano se dio cuenta del cansancio de los norteamericanos por las guerras que han estado promoviendo sus líderes. Se calcula que, desde 1776, Norteamérica había estado en guerra durante 223 años de sus 240 años de su existencia. Entonces, según Trump, su país necesita un respiro para la recuperación económica, militar y política. Actualmente, no habría necesidad de estar en conflicto con Rusia, Siria e Irán porque “estos países, igual que nosotros, quieren poner fin al Estado Islámico”. Incluso Trump escribió en su twitter que, de ser elegido presidente, se encontraría con Putin antes de la inauguración de su mandato. También en su opinión es hora de disolver la OTAN, que está consumiendo el dinero del fisco norteamericano.

Por supuesto, hay que tener bien claro que, a pesar de las divergencias entre el discurso de Donald Trump y Hillary Clinton, ambos candidatos pertenecen al mismo sistema y representan sus intereses, y siempre seguirán las órdenes de ese 1% de los más ricos y poderosos. En cualquier momento, de acuerdo a los intereses de la clase dominante, cada uno de sus candidatos podría cambiar su discurso. En 2013, Hillary Clinton, por ejemplo, tenía muy positiva opinión sobre Vladímir Putin, pero en 2014 cambió bruscamente sus puntos de vista y posteriormente comparó a Putin con Hitler. Todo depende de las directivas del 1%.

Mientras tanto, el sistema necesita a Hillary Clinton para la presidencia del país. La quiere en este momento como ‘reina de la guerra’, cuya retórica endulza los oídos del complejo militar-industrial y los de los globalizadores iluminados o, como los llaman en EEUU, los ‘halcones de la silla de rueda’. El presidente Obama la presenta como “la candidata más cualificada en la historia del país”.

Nadie audita o analiza qué pasó con los 200.000 millones de dólares de ayuda al extranjero que ella administró entre 2009-2012 cuando era secretaria de Estado, a pesar de que la propia Clinton admitió que la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) que ella administró “tuvo grandes fallas y necesitaba una reorganización”.

Tampoco se habla mucho de la Fundación Clinton, cuyo capital supera los 2.000 millones de dólares y las donaciones que ha recibido Hillary Clinton de Catar y Arabia Saudita (100 millones de dólares) que de paso están financiando también al Estado Islámico con el consentimiento del Gobierno norteamericano. Todo se hace en familia y por algo el Gobierno de Catar mandó un cheque por un millón de dólares a Bill Clinton el día de su cumpleaños. Los megabancos son también muy generosos con Hillary Clinton. Solamente Goldman Sachs le pagó por tres discursos 675.000 dólares (4 de junio, 24 y 29 de octubre 2013), en uno de los cuales (4 de junio 2013) Hillary anunció: “Vamos a rodear China con misiles.

Para facilitar el ascenso de Hillary al poder, el sistema decidió que era el momento oportuno para poner fin a la marcha electoral de Donald y dio instrucciones para que los medios de comunicación norteamericanos iniciaran una guerra sucia contra Trump e intensificaran una campaña para elevar la imagen de Clinton. Si tomamos en cuenta que el 92% de los medios están recibiendo instrucciones de 198 ejecutivos globalizados sobre la información que habría que suministrar a 320 millones de sus ciudadanos, nos daremos cuenta de la facilidad con que los periodistas empezaron a calumniar al candidato republicano.

La mayoría de los periodistas, según ‘Fox News Opinion’, se convirtieron en ‘mayordomos’ y ‘sirvientes’ de Hillary. Entre ellos figuran los que hasta ahora se consideraban como independientes y objetivos: George Stephanopoulos (ABC News), Maggie Haberman (The New York Times), Mark Leibovich (The NYT), John Harwood (CNBC). The Huffington Post llamó a Trump ser “autoritario, oscurantista, fascista, mentiroso, misógino, racista y xenófobo que incita a la violencia”. La periodista de ABC News Martha Raddatz acusó a Donald de no tener entusiasmo para una confrontación militar con Rusia. The New York Times caracterizó a Donald como “demasiado estúpido, volátil, ignorante y vicioso”.

Dadas las condiciones, nadie tiene que sorprenderse de que todas las encuestas dan por hecho un inminente triunfo de Hillary Clinton cuya estima, según los especialistas, se incrementó después de divulgar con todo el despliegue al estilo de Hollywood las acusaciones de 12 mujeres que declararon que Trump intentó tocarlas o las tocó sin su consentimiento. Sin embargo, a los promotores de estas acusaciones sexuales les salió el tiro por la culata, porque inmediatamente la misma Hillary empezó a tratar de acallar este asunto debido a los pecados sexuales de su propio marido de los que se aprovecharon los partidarios de Donald.

Ellos se acordaron de lo que escribieron en 2008 las periodistas Dahlia Lithwick y Melinda Henneberger: “seguramente la conducta del esposo de Hillary le trajo humillación. Pero ella también ayudó a su marido a humillar a las mujeres que lo denunciaron”. Hillary calificó a Monica Lewinsky como “lunática narcisista con la cabeza hueca” y comparó a Gennifer Flowers, otra amante de Bill, con un “camión de basura”. El 9 de octubre pasado una de las mujeres, Juanita Broaddrick, que fue violada por Bill Clinton, según su denuncia, declaró que “posiblemente el señor Trump había usado palabras no apropiadas respecto a algunas mujeres, pero Bill Clinton me violó y Hillary me amenazó”.

Al tratar de acallar el problema de sexo relacionado con Donald Trump, los medios incrementaron al mismo tiempo sus esfuerzos junto con el sistema para proteger a Hillary contra graves acusaciones por el uso indebido de los emails por la ex secretaria de Estado revelados por WikiLeaks. El uso del servidor particular para miles de mensajes vía email que contenían información clasificada del Departamento de Estado constituye un delito por el cual cualquier persona podría ser encarcelada. Pero no en el caso de Hillary, porque, según la denuncia del congresista republicano Jason Chaffetz, el Departamento de Estado ha hecho todo lo posible para que el FBI, que está a cargo de la investigación, cambie la clasificación de los emails de Hillary Clinton cuando se desempeñaba como secretaria de Estado, a cambio de aumentar el número de puestos para los agentes del FBI en el extranjero.

En fin, toda esta campaña electoral se ha convertido en una guerra sucia. El mismo Trump se considera una víctima de la conspiración de los medios de comunicación, al afirmar que “la elección está manipulada por los medios deshonestos, que imponen a la chueca Hillary, pero también por muchos centros de votación”, escribió el candidato republicano en su cuenta de twitter. El periódico Kankakee Daily Journal informó recientemente que “muchas personas denunciaron que desconocidos les ofrecieron dinero por votar a favor de Hillary Clinton”. La Fundación Project Veritas Action reveló que la violencia en algunos mítines de Trump había sido provocada deliberadamente por el Partido Demócrata.

Allí va la cosa con un olor a un posible fraude. El hecho de que las encuestas dan una certera ventaja a Hillary Clinton y están anunciando la derrota de Trump todavía no significa nada. La reciente experiencia de Colombia lo demuestra. Durante meses, todas las encuestas daban por hecho el triunfo del voto por el ‘sí’ a los acuerdos de paz. Sin embargo, ganó el ‘no’. De repente algo parecido puede suceder en EEUU.

Los medios de comunicación y las agencias encuestadoras no informan sobre el apoyo que tiene el candidato Trump entre los evangélicos, que lo consideran ‘Baby Christian’. La Congregación Nacional Evangélica anunció hace poco que “Dios está preparándose para hacer estremecer a las naciones del mundo y Él estaría usando a Trump para esta tarea”.

Si tomamos en cuenta que los evangélicos norteamericanos cuentan con unos 90 o 100 millones de devotos declarados, lo imprevisible para los globalizadores podría suceder. Mientras tanto, a 19 días de las elecciones presidenciales, el candidato republicano Donald Trump ‘está vivito y coleando’ como reza un refrán popular. Y la guerra sucia persiste.

https://mundo.sputniknews.com. Extractado por La Haine

Texto completo en: http://www.lahaine.org/la-guerra-sucia-en-las


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