André Abeledo Fernández •  Opinión •  24/05/2026

Un bloqueo ilegal y criminal contra Cuba que hoy Trump convierte también en genocida

El bloqueo impuesto por los Estados Unidos contra Cuba constituye el acto de guerra económica más prolongado, cruel e injustificado de la historia moderna. Esta agresión, intensificada de forma criminal durante la administración de Donald Trump, no es un mero desacuerdo diplomático; es un crimen de lesa humanidad que busca, por la vía de la asfixia económica, doblegar la soberanía de un pueblo digno que decidió elegir su propio destino.

Desde la óptica de la militancia de izquierda, antiimperialista y de clase, la política de Washington hacia la isla caribeña desenmascara la verdadera naturaleza del capitalismo global. Donald Trump no hizo más que llevar a su máxima expresión el odio visceral del imperio hacia un modelo que, a pesar del asedio constante, demuestra que es posible priorizar la vida, la salud y la educación pública por encima del beneficio de unos pocos oligarcas.

Durante el mandato de Trump, la agresividad imperialista se recrudeció con la aplicación de más de 240 nuevas medidas, sanciones y tuercas apretadas al bloqueo. La activación del Título III de la Ley Helms-Burton, que permite demandar a empresas extranjeras que operen en propiedades nacionalizadas por la Revolución, fue un ataque directo no solo contra Cuba, sino contra el derecho internacional y la soberanía de terceros países. El ensañamiento llegó al extremo de perseguir los barcos petroleros para cortar el suministro energético de la isla y, en un acto de cinismo supremo antes de abandonar la Casa Blanca, la inclusión de Cuba en la espuria lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

Resulta intolerable que el país que financia golpes de Estado, invasiones y bloqueos genocidas en todo el planeta pretenda juzgar a la nación que exporta médicos, maestros y solidaridad internacional. Mientras el imperialismo norteamericano siembra miseria y destrucción para saquear recursos, Cuba responde enviando brigadas médicas a los rincones más castigados del mundo, un ejemplo de internacionalismo que el capitalismo jamás podrá perdonar ni replicar.

El argumento de que el bloqueo busca «llevar la democracia» al pueblo cubano es una falacia insostenible. El verdadero objetivo de la estrategia de la Casa Blanca, calcada desde los memorandos de la década de 1660, es provocar el hambre, el desespero y la escasez para forzar un cambio de régimen y reinstaurar un gobierno títere subordinado a los intereses de las corporaciones estadounidenses. Es la aplicación más pura del terrorismo de Estado en el ámbito económico.

Frente a la barbarie imperialista, la resistencia del pueblo cubano y de su Revolución es un faro de dignidad para toda la clase trabajadora mundial. La solidaridad con Cuba no es una opción de carácter filantrópico, sino un deber revolucionario e internacionalista.

Defender a Cuba es defender el derecho de todos los pueblos a su autodeterminación, a su soberanía y a construir una sociedad libre de la explotación del hombre por el hombre.

El bloqueo debe cesar de inmediato y sin condiciones. La comunidad internacional, que año tras año vota de forma abrumadora en la ONU contra esta agresión, debe pasar de la declaración formal a la acción solidaria concreta.

Cuba no está sola, y la clase obrera internacional seguirá en pie de lucha denunciando los atropellos de un imperio decadente que, en su desesperación, intenta apagar la llama de la dignidad socialista en el Caribe.

 ¡Cuba vencerá!


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