El bloqueo de EE.UU. y las víctimas de los terremotos en Venezuela

Cada 24 de junio los venezolanos celebraban la batalla de Carabobo (1821), clave para la independencia, y el Día del Ejército y la fiesta de San Juan de Curiepe es una celebración afrodescendiente que se realiza a tambor batiente en el pueblo de Curiepe, en el estado Miranda, donde se venera a la imagen de San Juan Bautista, con una serie de rituales de música y danza desde la medianoche del 23 hasta la tarde del 25 de junio de cada año.
Pero esta fecha tendrá, a partir de 2026 otra carga histórica. A la batalla de Carabobo y a los tambores de San Juan se suma el peor doblete sísmico que haya vivido Venezuela: dos sismos consecutivos, 7.2 y 7.5, sacudieron el centro-norte del país en cuestión de segundos, sumándose al criminal bloqueo estadounidense.
Pero en medio de esta tragedia y el dolor, es necesario destacar la solidaridad del pueblo venezolano: familiares sosteniéndose, vecinos acompañándose, desconocidos abrazándose; personas que comparten una arepa y otras que hacen un mercado para quien lo necesita.
Las redes de solidaridad se activaron con velocidad, como en las últimas décadas se ha vivido en Venezuela, durante las múltiples crisis que este país ha atravesado.
En la noche del 24 de junio de 2026, Venezuela sufrió la secuencia sísmica más potente que ha azotado el país en más de 125 años: un inusual doblete que provocó el derrumbe de edificios en Caracas el litoral caribeño, el cierre del principal aeropuerto internacional del país y la activación de alertas de tsunami incluso en Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Estados Unidos.
Sabiéndose culpable, Estados Unidos ha suspendido sanciones a su país tutelado, ha ofrecido 150 millones de dólares en ayuda y ha movilizado barcos y aviones militares, entre otras medidas tras el desastre, en un país donde las ya debilitadas infraestructuras médicas y su escasez de recursos se ponen a prueba ante la descomunal emergencia sanitaria que supone un potente terremoto de magnitud 7,2 seguido apenas 39 segundos después por otro aún mayor, de intensidad 7,5.
Las labores de búsqueda están limitadas por la falta de equipos especializados para intervenir estructuras colapsadas. Esto ha hecho que los organismos de emergencia trabajen con recursos insuficientes frente a la magnitud de la tragedia.
Son voluntarios los que, con lo que tienen cerca, incluso sus manos, estuvieron tratando de liberar a la gente atrapada. Los informes eran demoledores: centenares de muertos, miles de heridos de diversa gravedad, y la agonía de ciudadanos que bajo los escombros, esperaban a ser rescatadas.
Gracias también al criminal bloqueo estadounidense, los hospitales venezolanos carecen de suministros, no tienen medicamentos; y con esta tragedia, la emergencia es aún mayor y es más difícil de afrontar. En abril, la Federación Médica Venezolana (FMV) afirmó que «el 90% de los hospitales del país están desabastecidos y abandonados».
La última Encuesta Nacional de Hospitales, que es de 2024, recogía que el índice de desabastecimiento de insumos de quirófano estaba en 74%. Y, por otro lado, indicaba que solo 4 de cada 10 quirófanos estaban operativos en promedio.
En 2025, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos alertaba de la crisis que atravesaban los servicios públicos venezolanos: 91% de los hospitales exigían a los pacientes llevar sus propios insumos médicos para cirugías.
Para aquellos ultraliberales que cuestionan la relevancia del Estado en Venezuela, esa concepción pudiera tener una resonancia particular, porque el Estado –vaciado y debilitado durante los últimos años, limitado en su capacidad para proveer servicios, garantizar seguridad y soberanía territorial -por ineficiencia propia y/o por la injerencia estadounidense- le falló a la población, que añora hoy la seguridad y respuesta que le daba el gobierno chavista.
La respuesta se está viviendo (sufriendo) en tiempo real. Ya sabemos que el impacto de los desastres naturales depende de la capacidad estatal para proteger a su población antes, durante y después. Y esa capacidad, en Venezuela, es escasa y territorialmente desigual.
Este es un debate que los terremotos ponen urgentemente de relieve. Globalmente, se ha fortalecido una corriente ideológica que cuestiona la relevancia del Estado.
En Venezuela, esa concepción pudiera tener una resonancia particular, porque ahora sí el Estado, efectivamente, le falló a la población. Durante las últimas dos décadas, el Estado venezolano ha sido vaciado y debilitado, lo cual lo ha convertido en un ente disfuncional y corrompido a los ojos de la población.
Vemos hoy un Estado limitado en su capacidad para proveer servicios, garantizar seguridad y soberanía territorial.
Entonces, ¿cómo puede responder un Estado en estas circunstancias ante un doblete sísmico de esta magnitud? La respuesta la estamos viendo en tiempo real. Ya sabemos que el impacto de los desastres naturales depende de la capacidad estatal para proteger a su población antes, durante y después. Y esa capacidad, en Venezuela, es escasa y territorialmente desigual.
La sensación de desprotección con la cual la población ha sido forzada a vivir no debe ser normalizada. La sociedad venezolana ha sufrido en múltiples dimensiones, ha puesto el cuerpo en la lucha por sobrevivir e incluso ha autofinanciado la fragilidad del Estado.
Los terremotos y sus consecuencias ponen sobre el actual gobierno la responsabilidad ineludible, aunque evidentemente está postergada por la “tutela” depredadora de EE.UU.
Sin duda, el Estado venezolano debe ser repensado y reconstruido para cumplir con sus funciones básicas, pero también para responder y anticipar los desafíos por venir.
Para ello debe quitarse de encima la tutela de Estados Unidos, solamente interesado en apoderarse de los ingentes recursos del país, en especial de hidrocarburos, sin importarle el presente y el futuro de millones de venezolanos.
Lógica imperial que quedó comprobada estos días en la sufriente patria de Bolívar.
Aram Aharonian: Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).
Fuente: https://rebelion.org/el-bloqueo-de-ee-uu-y-las-victimas-de-los-terremotos-en-venezuela/
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