Jorge Capelán •  Opinión • 26/12/2019

Nicaragua, otra vez: ¡Entre Cristianismo y Revolución, no hay contradicción!

 

Celebración de la Virgen de Guadalupe
en León este 12 de diciembre.

Este jueves nos topamos con un texto al que es necesario responder por dos razones: La primera es que se trata de un ataque directo a la Nicaragua Sandinista, y la segunda es que no podemos permitir que el debate caiga en un nivel tan bajo de negación de los hechos.

El analista vasco Iosu Perales, que dice simpatizar con la Teología de la Liberación (TL), escribe una reflexión titulada «Religión e Izquierda en América Latina» sobre un tema por cierto de mucha relevancia hoy en día cuando, como él mismo escribe, «una ola ultra conservadora de evangelistas y católicos recorre América Latina», por ejemplo, personificada en las expresiones racistas de la presidenta de facto de Bolivia Jeanine Añez.

«Sin embargo», explica el propio Perales, «mi reflexión se extiende a las políticas de la izquierda que en no pocos casos ha caído en la tentación de fusionar política y religión, haciendo un discurso poblado de referencias bíblicas y evangélicas, y participando en oficios religiosos que debieran ser privados, de manera pública» y más adelante agrega: «En cuanto a la izquierda, el lema del FSLN en el poder, ‘Nicaragua cristiana y socialista’ es un tremendo error».

O sea que, mientras el fascismo de los años 70 muestra que está vivo y coleando en el Abya Yala, y asesina, reprime, encarcela y tortura a diestra y siniestra, Iosu Perales escoge enfilar sus ataques contra la Nicaragua que lleva el lema de «cristiana, socialista y solidaria», y que junto con Cuba y Venezuela es uno de los tres países gobernados por la izquierda en la región que no ha permitido, ni permitirá jamás, que lo derroquen por medio de un golpe de Estado. ¡Qué bien! De los únicos tres países -exceptuando China popular- en el mundo en los que la izquierda tiene el poder y las armas, este sesudo analista de la «izquierda de pelo en pecho» (pero magramente testimonial y «alternativa») elige atacar a uno de ellos.

«De semejante fusión» entre política y religión, «antes o después, sólo pueden surgir malas noticias para la izquierda», escribe Perales, que en el caso de Nicaragua, que toma como ejemplo central de su argumentación, lleva muchos años de destilar antisandinismo. ¿Malas noticias para la izquierda? ¿Antes o después de qué? ¿Antes o después del golpe de Estado? Hay que tener cuidado con las palabras cuando se usan en política, porque con las palabras se puede matar.

Por ejemplo, en septiembre del año pasado, cuando ya no debería quedar la menor duda de que lo que sucedió en este país no fue otra cosa que un fallido intento de golpe, Iosu Perales arremete contra el Foro de Sao Paulo y arropándose en una serie de firmas «de izquierda» se erige en voz crítica que acusa a la izquierda ampliamente mayoritaria y realmente existente del continente por su clara toma de partido por la solidaridad antiimperialista y por llamar claramente «golpe» al golpe de abril-julio de 2018 en Nicaragua.

Perales no solamente abraza el análisis que sobre ese derrotado golpe de Estado hacen los traidores al sandinismo que se reunieron y aceptaron dinero y todo tipo de dádivas y financiamientos de los Estados Unidos, particularmente de los sectores más retrógrados de la Administración Trump y que resultaron en todo tipo de atrocidades cometidas por los golpistas contra sandinistas y contra el pueblo en general durante los meses del terror. Además de en incontables artículos promover la ya de sobra desenmascarada patraña de un movimiento de «estudiantes» aplastado por una «dictadura», Perales también falsifica la posición del Gobierno de Nicaragua y del Frente Sandinista sobre la religión, y ese es el punto que creemos importante aclarar.

La Nicaragua sandinista se define como «Cristiana, Socialista y Solidaria«. ¿Significa esto que el Estado Nicaragüense se ha vuelto confesional? Claramente no, porque el Estado de Nicaragua no pertenece a ninguna denominación cristiana. Según el último estudio sobre las creencias religiosas de la firma M&R, el 99.7% de los nicaragüenses creen en Dios. De ellos, el 85% son cristianos con denominación religiosa (católica o evangélica) y la inmensa mayoría del 14.7% restante se ven como «cristianos» sin por ello pertenecer a una iglesia. Lo único que hace el Estado de Nicaragua es reconocer ese hecho.
 

La Gritería a la Purísima Concepción de María
este año en la ciudad de León
batió récords de asistencia.

Nicaragua no sería tal sin la Semana Santa, sin las fiestas patronales de cada uno de sus municipios, sin las fiestas de Santo Domingo, sin las fiestas de Guadalupe (la Virgen Morena, que por cierto inspiró el nombre del partido de López Obrador en México), sin La Purísima y sin La Gritería, todas ellas fiestas en las que participa una amplia mayoría de la población, más allá del catolicismo, y que en realidad son las expresiones más altas de un sincretismo cultural que está muy vivo y arraigado en la sociedad nicaragüense de hoy.

«Hay que tener claro que la izquierda debe ser laica y practicar el laicismo, y no debe normalizar en sus discursos políticos contenidos religiosos», escribe Perales, sin darse cuenta de su patético eurocentrismo colonizante disfrazado de marxismo. Perales debe aceptar que mucho antes de que él naciera, el líder revolucionario más pobremente conocido de Nuestra América, Augusto César Sandino, se caracterizó por un discurso profundamente místico y revolucionario al mismo tiempo.
 

El 21 de febrero de este año, en todos
los municipios del país se celebraron
homenajes por el 85 aniversario
del paso a la inmortalidad
del general Sandino.
 

Sandino no solamente combatió y derrotó a los marines yanquis, también tenía muchas ideas sobre el ser humano y la sociedad, que jamás ocultó y que han marcado al sandinismo realmente existente hoy en día en Nicaragua, el que sí llena plazas, el que sí derrota golpes de Estado y el que sí hoy en día sigue plantándole cara al imperio, no como los amigos y amigas de Perales, que desde hace mucho rato traicionaron al sandinismo y se fueron a vivir del dinero de los países occidentales.

Para muestra del misticismo sandinista basta un botón, aunque ese tipo de referencias se pueden encontrar en todos los textos del general de hombres y mujeres libres, cuya obra es incomprensible sin el concepto de Dios. Solo citaremos algunos párrafos de su central Manifiesto Luz y Verdad, de 1931:
 

Por lo explicado se deja ver que el principio de todas las cosas es el Amor: o sea Dios. También se le puede llamar Padre Creador del Universo. La única hija del Amor, es la Justicia Divina.

La injusticia no tiene ninguna razón de existir en el Universo, y su nacimiento fue de la envidia y antagonismo de los hombres, antes de haber comprendido su espíritu.

Pero la incomprensión de los hombres, solamente es un tránsito de la vida universal: y cuando la mayoría de la humanidad conozca de que vive por el Espíritu, se acabará para siempre la injusticia y solamente podrá reinar la Justicia Divina: única hija del Amor.

Otro referente insoslayable del nacionalismo revolucionario nicaragüense es Rubén Darío, que en su famosísima oda A Roosevelt, le espeta al César imperial: «Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!»

Entonces, al incorporar expresamente los valores cristianos a su proyecto, el FSLN no hace otra cosa que: 1) Partir de valores espirituales compartidos por la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense; 2) Recoger la dimensión mística del pensamiento sandinista y 3) Ser coherente con los planteamientos sandinistas sobre la participación de los cristianos en la revolución que datan de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado.

Los instrumentos políticos revolucionarios deben ser «de» y no «para» las mayorías oprimidas. Un partido revolucionario nicaragüense que niegue el papel central de la religiosidad popular no sería verdaderamente revolucionario, sería otro proyecto burgués lleno de buenas intenciones pero controlado por élites que saben mejor que el propio pueblo lo que este necesita. En un mundo en el que el 90% de la población mundial que sólo tiene acceso al 10% de la riqueza es aplastantemente creyente, ciertos «laicismos» venidos del Norte solo suenan a viejos cuentos de la élite del 10% de la población que tiene el 90% de la riqueza.

Dice Perales que en «las iglesias, las fuerzas de mayor peso se inclinan claramente a la derecha. Más aún cuando la Teología de la Liberación, con la que simpatizo ampliamente, fue duramente golpeada en las décadas finales del siglo XX, desarbolada y en mucho casos descabezada de sus referentes». Eso es una muestra de que Perales no ha entendido nada, y que desde su óptica «alternativista», lo más que puede llegar a concebir es… crear otra iglesia, pero esta vez de izquierda.

El Frente Sandinista como tal no apoya a esta o aquella iglesia, y no tiene por objetivo el despropósito de fundar ninguna «iglesia sandinista». En vez de meros objetos de la manipulación religiosa, ve en el pueblo a sujetos («nuestro pueblo es el dueño de su historia, arquitecto de su liberación», dice el himno del FSLN), hombres y mujeres con aspiraciones y sueños de una vida digna, justa y libre, en paz y bienestar para todos, en toda su diversidad. Si esto no fuera así, entonces el Frente Sandinista jamás se habría comprometido en impulsar proyectos como el de la autonomía de la Costa Atlántica, que reconoce el carácter plural de la nación nicaragüense.

Algo similar se puede decir del extraordinario empoderamiento de la mujer que ha tenido lugar bajo los gobiernos sandinistas, en base a la propia lista de prioridades de las mujeres nicaragüenses y no a la agenda feminista europea que Perales ve como natural y por eso prescribe para toda la humanidad. Lo mismo se puede constatar en los avances en los derechos de los miembros de la comunidad lgbtiq (o «diversidad sexual», como se le conoce en este país), reconocidos, entre otras, por las mismas organizaciones centroamericanas. Nada de eso tiene que ver con políticas de derecha.

Para analistas como Iosu Perales TL en Nicaragua es todo lo que diga el padre Ernesto Cardenal, que desde hace ya muchos años traicionó al sandinismo para ingresar en el «Movimiento Renovador Sandinista» (MRS), un micropartido proestadounidense conocido por su apoyo al golpe contra Manuel Zelaya en Honduras, por su apoyo al derechista ARENA de El Salvador y por sus reuniones con senadores anticubanos de Miami como Ileana Ros-Lehtinen, así como por sus nexos con la oligárquica familia Chamorro, rutinaria receptora de cuantiosos fondos del Gobierno Estadounidense para desestabilizar Nicaragua. El MRS fue, hay que decirlo, uno de los principales operadores del derrotado golpe del año pasado.
 

Mónica López, hija de los prominentes
ex-sandinistas Mónica Baltodano y Julio López,
todos pertenecientes
al Movimiento de «Rescate» del Sandinismo
(MRS) y la terrorista Francisca Ramírez
reunidos con el reaccionario,
homófobo y racista
político de derecha Fabio Gadea.

 

La entonces presidenta del
«Movimiento Renovador Sandiista» (MRS),
Ana Margarita Vijil Gurdián,
en 2015 en una visita a la congresista
anticubana Ileana Ros-Lehtinen,
en apoyo a la Nica Act
para castigar a Nicaragua
con el veto de EEUU en el FMI.

Sin embargo, la mayoría de los nicaragüenses que en los años 60-80 del siglo pasado se identificaron con la TL siguen vivos en la Nicaragua de hoy y no han abandonado al verdadero sandinismo ni han cambiado su compromiso social. La mayoría de ellos siguen siendo creyentes y siguen encarando el reto de vivir su fe cristiana en compromiso permanente con el pueblo. El año pasado, los miembros de la comunidad de San Pablo Apóstol de la Colonia 14 de Septiembre en Managua, juntaron casi 600 mil firmas de católicos para que el Papa Francisco se llevara del país al obispo golpista Silvio Báez por sus constantes llamados a la violencia. Por otra parte, comunidades evangélicas de todo el país participaron en innumerables jornadas de oración por la paz y contra la violencia golpista.

En el derrotado golpe de Estado del año pasado en Nicaragua participaron religiosos, tanto católicos como protestantes, haciéndose culpables de serios crímenes, entre los que se cuentan torturas y encubrimiento de asesinatos. Muchas iglesias fueron de hecho secuestradas por curas de la derecha para que sirvieran de refugio a las actividades de los golpistas. Incuso, hubo curas que se negaron a practicar servicios religiosos a sandinistas. La respuesta fue que esos templos, en su mayoría católicos, literalmente se vaciaron de feligreses, sencillamente porque el golpismo no logró una base social una vez que su verdadero carácter antipopular quedó a la vista de toda la nación.
 

Miles de católicos y evangélicos en toda Nicaragua
participaron el año pasado en vigilias
y jornadas de oración por la paz
y contra la violencia golpista.

La derrota del golpe de Estado en Nicaragua el año pasado, en la que tras varios meses de movilizaciones el pueblo fue reconquistando la calle a los golpistas, es la prueba más fehaciente de lo absurdo del análisis de Iosu Perales. Si no fuera porque también es un análisis profundamente comprometido con los perpetradores de ese golpe criminal, y porque Perales sabe cuál es la verdadera realidad del país, creemos necesario, no solamente rebatirlo sino también poner de manifiesto la falta de honestidad intelectual y política que esconde.
 

Medio millón de personas manifestaron su apoyo
a la Revolución Sandinista el pasado 19 de julio
en Managua. En 2018 y 2019 se han
visto las mayores manifestaciones
sandinistas de toda la historia.

La cuestión de las iglesias de diversas denominaciones y la derecha política en el mundo de hoy, y en particular de nuestro Abya Yala, es muy importante. Desde una perspectiva nicaragüense y sin el ánimo de erigirnos en dueños de la verdad, podemos apuntar que la identidad cultural que forma las subjetividades de los pueblos es un factor que debe ser tomado muy en serio; que sí hay una religiosidad popular independientemente de lo que en un momento u otro ordenen las jerarquías eclesiásticas, y que los pueblos deben ser vistos como sujetos de los proyectos revolucionarios y no como meras víctimas u objetos de manipulación, en este caso, de las instituciones religiosas.

Tengamos confianza en los pueblos, y no olvidemos aquella tercera tesis de Marx sobre Feuerbach que dice aquello de que «son los hombres (y las mujeres) quienes hacen la historia» y que «el educador» (el revolucionario) «también necesita ser educado». El que escribe estas líneas es un agnóstico que detesta el mote de «ateo» porque sabe muy bien que vivir es una cuestión de fe.

 

 


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