La izquierda, sin brújula
| La izquierda debe refundarse construyendo su unidad a partir de un proyecto republicano y socialista |
¿Qué hacer?, se pregunta la izquierda de este país. Una izquierda sumida en la confusión, la contradicción y la desorganización. Que contempla, con creciente inquietud, cómo sus expectativas se desmoronan al ritmo del carrusel electoral en el que estamos inmersos. Que explora diversas posibilidades de alianza como quien tantea en la oscuridad en busca de la llave de la luz. Que se planta en un Consejo de Ministros con firmeza inusitada frente a su socio socialista para, acto seguido, asumir lo esencial de su propuesta. Que proclama de forma constante la unidad mientras, en los hechos, la niega una y otra vez. Que, en fin, ha convertido la estabilidad del gobierno al que pertenece en un tótem sagrado, por encima del contenido real de las políticas que de él emanan y de sus consecuencias sobre los sectores a los que dice representar.
Esta crisis arranca desde el mismo momento en que se plantea la participación en un gobierno hegemonizado por el PSOE, una fuerza que mantiene un compromiso estructural con el orden neoliberal y atlantista, así como con los elementos que configuran el régimen del 78. Asociarse con los de Sánchez en una posición de inferioridad suponía, desde el inicio, una garantía de fracaso, como finalmente ha terminado por confirmarse.
Las supuestas medidas progresistas adoptadas desde 2020 o no han sido tales o han quedado eclipsadas por contramedidas impuestas por las élites. Veamos caso por caso. Empecemos por la reforma laboral: pretendía acabar con la temporalidad de los contratos y no sólo no ha logrado este objetivo, sino que ha extendido nuevas formas de precariedad a través del trabajo parcial. El resultado ha sido una intensa devaluación salarial, traducida en una pérdida de poder adquisitivo para la clase trabajadora, cuyo sueldo más frecuente se sitúa actualmente en torno a los 1.350 euros netos.
La ley de vivienda de 2023 apenas ha servido para nada: desde que está en vigor, los alquileres han subido en torno a un 30% de media, y la compra de vivienda nueva lo ha hecho con incrementos de similar magnitud. El problema de esta norma es que no interviene el mercado en su conjunto, tan sólo en aspectos parciales del mismo. Y no garantiza un parque público de vivienda de dimensiones adecuadas. Tener un techo se ha convertido hoy, para una parte creciente de la población, en una quimera.
El salario mínimo ha experimentado una subida notable en los últimos años, especialmente durante la etapa de Unidas Podemos en el gobierno. Sin embargo, ese incremento se ha visto en buena medida neutralizado por la inflación y por una contención general de los salarios. El resultado es que hoy una parte muy significativa de la clase trabajadora percibe el SMI o cantidades muy próximas al mismo.
Otros indicadores socioeconómicos, como la pobreza infantil o laboral, en las que somos campeones europeos, dibujan un escenario del que difícilmente puede sentirse orgullosa cualquier persona progresista. Para evitar que se perciba que el emperador está desnudo, se construye un relato -tenemos el mejor gobierno posible gracias a la presencia de la izquierda en su seno- que presenta una realidad que no se corresponde con los hechos.
Y, en fin, ahí está ese gasto militar triplicado desde que Sánchez gobierna, con el consiguiente detrimento -como no podía ser de otra manera- del Estado del Bienestar, que se deteriora día a día en lo relativo a infraestructuras y sanidad.
El argumentario con que la izquierda se blinda para permanecer en el Consejo de Ministros descansa en dos vertientes. Por un lado – se nos dice-, estaríamos ante el mejor de los escenarios posibles dada la correlación de fuerzas, con medidas progresistas que habrían mejorado la vida de la gente. Como esa premisa pierde fuerza por su limitada credibilidad, emerge entonces el recurso decisivo: este gobierno, con todas sus carencias, constituiría la única trinchera capaz de impedir la llegada del trumpismo a La Moncloa.
La presencia de la izquierda en un ejecutivo que gestiona el capitalismo en su propia lógica la ha corrompido ideológicamente y la ha enfrentado. El acoplamiento a los márgenes permitidos por el sistema, junto a los codazos por ocupar sillones, ha provocado su desnaturalización.
Así que anda como un pollo sin cabeza: ahora se acerca, ahora se aleja; un día planta cara al PSOE y, al siguiente, amplía sus cesiones. Este desnorte surge cuando el programa se sustituye por la mera conservación del poder al cualquier precio, es decir, cuando seguir en el gobierno deja de ser un medio y se convierte en un fin en sí mismo.
Hoy es 14 de Abril. Debería la izquierda aprovechar que se conmemora la proclamación de la Segunda República para, a la par que reivindica una regeneración democrática del sistema, proceder a su propia regeneración mediante la recuperación de ese proyecto subyacente tanto a la figura de Julio Anguita como al movimiento que fue el 15M. Una propuesta republicana que trascienda esta democracia corrompida, restringida, injusta socialmente y dispuesta a darnos cañones para la guerra en lugar de mantequilla.
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