En tiempo de otoño
No tengo la más mínima capacitación para hacer la crítica o comentar un libro de poesía. Sólo la leo abundantemente y la escribo con manifiesta imperfección en ocasiones muy singulares. Escribir, por tanto, sobre el poemario Tiempo de otoño de Juan José Rodríguez Jiménez es, con toda seguridad, una osadía por mi parte.
Lo hago, sin embargo, porque he disfrutado leyéndolo, porque he encontrado en sus versos estímulo y belleza, y una especie de ajuste de cuentas emotivo y sereno, lúcido y sin contemplaciones que no sé si brilla más por su transparencia y sinceridad que por la belleza con la que está escrito.
Creo haber notado que, efectivamente, este poemario está escrito por alguien que se contempló a sí mismo para descubrirse a los demás tal cual es:
El espejo me miró
y no pensé que sentiría
tamaño desconcierto
Así, sin protección,
a cielo abierto,
la verdad me abordó,
sin más explicación,
al descubierto
Leyéndolo he podido comprobar que Juan Rodríguez no es sólo el ingeniero, catedrático de Ingeniería Química, hincha del Atlético de Madrid, viejo amigo y cariñoso cascarrabias (me hacen gracia algunos de los sinónimos que la RAE ofrece de esta palabra: picajoso, pulguillas, paparrabias..) que desde hace mucho tiempo conocía. Es también un ser de verso y silencio,
añoro, y por ende reivindico,
la esencia generosa del silencio
También, quien deja a un lado la razón y la ciencia, y se confiesa utópico, como un errante de querencia y alma:
Yo me inspiro en la falta de cordura
y, ante todo, un ser -sin más- esperanzado:
Me acojo a la esperanza sin criterio
El espejo en el que Juan dice que se ha mirado lo refleja como al que se siente victorioso si es el alma y el querer lo que triunfa,
no caben componendas
y como el que, si acaso, sólo detendría la vida
para decir de veras
que lo siento
por no estar a la altura,
por dejar que venciera la cordura
al sentimiento
En Tiempo de otoño Juan Rodríguez nos regala confesiones sobre derrotas -como las tantas que tantos hemos sufrido- que, lejos de abrumarnos, nos estimulan e incluso festejamos por el ánimo con que hemos afrontado las batallas,
la derrota será nuestro consuelo
dice, y da la razón:
no habrá tristeza que valga
ni lamento ni quejido
ni derrota, por amarga,
que dé el lance por perdido
Tiempo de otoño no es ni mucho menos -o así lo creo yo- un poemario de despedida y nostalgia. Es también un manifiesto, una llamada, casi el levantar de una bandera,
venceremos nuestros miedos,
ganaremos la batalla (…)
En marcha, vamos presto,
compañero
En marcha todos juntos,
compañera
Y es Tiempo de otoño también, o quizá sobre todo, una declaración de amor, un testimonio:
Te quiero, amor, porque pones
alas a mi libertad (…)
te quiero porque te veo (…)
(…) Como el agua que brota
y que se esconde
busca mi poesía
pronunciar tu nombre
Habla Juan del otoño -sin decirlo- como antesala de la muerte:
Ahora que nos aguarda la sorpresa
del enorme traspié definitivo
aunque apenas sin nombrarla,
el frío cortará la lenta espera
Pero no es este -a mi juicio- un poemario sobre lo que acaba. Albert Camus dijo que el otoño es una segunda primavera y Tiempo de otoño es igualmente un libro lleno de vida, e incluso una guía:
me nutren la tristeza y la alegría
y un certificado o compromiso de no renuncia:
me queda el gesto leve
y aprovecho
cualquier circunstancia
como puedo
Vale la pena leer Tiempo de otoño (Lastura Ediciones, segunda edición 2026) y te recomiendo que hagas la heroicidad que supone en nuestro tiempo comprar un libro de poemas. Te animo a que lo disfrutes llevando a cabo ese auténtico acto de resistencia que supone leer poesía en la era del tiktok y de la distracción infinita.
P.D. Si estás en Málaga el 6 de mayo puedes asistir a la presentación del libro que realizará en el Ateneo de Málaga a las 19,30 su vocal de poesía Enrique Baena, también cariñoso y viejo compañero.
Fuente: En tiempo de otoño
