BIM y gemelos digitales: la nueva memoria de nuestras infraestructuras

Durante décadas, la forma de diseñar, construir y mantener nuestras infraestructuras ha dependido de planos, documentos dispersos y una gran cantidad de información que, con el paso del tiempo, se pierde o queda desconectada de la realidad. Edificios, carreteras, puentes, redes de transporte o instalaciones industriales acumulan una historia compleja que no siempre queda registrada de forma accesible.
La transformación digital está cambiando esta situación. Tecnologías como BIM (Building Information Modeling) y los gemelos digitales están introduciendo una nueva manera de entender el entorno construido: no como elementos estáticos, sino como sistemas capaces de conservar información, evolucionar y aportar conocimiento durante toda su vida útil.
BIM: mucho más que un modelo en tres dimensiones
Cuando se habla de BIM, todavía es frecuente asociarlo únicamente a una representación digital en tres dimensiones de un edificio o una infraestructura. Sin embargo, su verdadero valor va mucho más allá de la geometría: reside en su capacidad para reunir, estructurar y gestionar información de muy distinta naturaleza a lo largo de todo el ciclo de vida de un proyecto.
Tal y como explica Borja Sánchez Ortega, Director de Proyectos y Director del máster BIM mejor valorado en 2026, el Máster BIM Manager Internacional (+IA y VR) de Espacio BIM, esta metodología «centraliza toda la información de un proyecto —geométrica, temporal, económica, ambiental y de mantenimiento— en un modelo digital desarrollado de forma colaborativa por todos los agentes que intervienen». De este modo, arquitectos, ingenieros, constructores, fabricantes y responsables de mantenimiento trabajan sobre una única fuente de información, siempre actualizada y compartida.
Esta forma de trabajo supone un cambio profundo respecto al modelo tradicional, basado en documentos independientes y, en muchas ocasiones, desconectados entre sí. BIM mejora la coordinación entre equipos, reduce errores e incertidumbres y permite detectar interferencias antes de que lleguen a la fase de construcción, favoreciendo una toma de decisiones más eficaz desde las primeras etapas del proyecto.
Pero BIM no debe entenderse únicamente como una herramienta para diseñar y construir. Su verdadero potencial se manifiesta cuando ese modelo digital continúa evolucionando tras la finalización de la obra, convirtiéndose en una fuente de conocimiento sobre la infraestructura durante toda su vida útil. Es precisamente esa continuidad la que sienta las bases para el desarrollo de los gemelos digitales, capaces de conectar el modelo con datos reales y ofrecer una visión dinámica del comportamiento de un activo.
El salto al gemelo digital: de la representación al conocimiento
El gemelo digital supone un paso más. No se trata únicamente de tener una copia virtual de un edificio o una infraestructura, sino de crear una representación dinámica conectada con datos reales.
Mediante sensores, sistemas de monitorización y otras fuentes de información, un gemelo digital puede reflejar el estado de un activo físico, detectar cambios, ayudar a anticipar problemas y facilitar decisiones más precisas.
Un puente puede proporcionar información sobre su comportamiento estructural. Un hospital puede optimizar sus consumos energéticos. Una red de suministro puede identificar posibles fallos antes de que provoquen interrupciones. La tecnología permite pasar de una estrategia basada en reaccionar ante los problemas a otra basada en conocer y anticiparse.
Una nueva forma de cuidar lo construido
Durante años, gran parte del debate sobre la construcción se ha centrado en crear nuevas infraestructuras. Sin embargo, una parte fundamental del reto actual está en conservar y mejorar las que ya existen.
En este contexto, estas tecnologías permiten avanzar hacia una gestion de activos más eficiente, basada en información fiable y actualizada para decidir cuándo intervenir, cómo mantener una infraestructura y dónde dirigir mejor los recursos disponibles.
Esto tiene una dimensión económica, pero también social y ambiental. Mantener adecuadamente un edificio público, una red de transporte o una instalación energética significa alargar su vida útil, reducir desperdicios y utilizar mejor los recursos colectivos.
La tecnología necesita un propósito público
El desarrollo de BIM y los gemelos digitales abre grandes oportunidades, pero también plantea preguntas importantes. ¿Quién controla los datos de nuestras infraestructuras? ¿Cómo se garantiza que estas herramientas estén al servicio del interés general? ¿Cómo evitar que la digitalización se convierta únicamente en una vía para aumentar la dependencia tecnológica?
La innovación no debería medirse solo por la capacidad de generar modelos más complejos o acumular más datos, sino por su capacidad para mejorar la vida de las personas. La digitalización de las infraestructuras debe estar acompañada de criterios de transparencia, colaboración y utilidad pública.
Del modelo digital a una sociedad mejor preparada
BIM y los gemelos digitales representan una evolución profunda en la forma de relacionarnos con el espacio construido. Nos permiten conocer mejor aquello que utilizamos cada día y tomar decisiones más responsables sobre su futuro.
El verdadero valor de un gemelo digital no está en crear una copia virtual de una infraestructura, sino en convertir esa información en conocimiento útil para construir entornos más seguros, sostenibles y preparados para los desafíos del futuro.
La revolución digital de las infraestructuras no consiste solo en construir de otra manera. Consiste en aprender a cuidar mejor lo que ya hemos construido.
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