La aterradora y salvaje masacre de Indonesia (1965-1967)

El Secretario General del PCUS y Primer Ministro soviético Nikita Jruschov, y sus ideólogos, estaban convencidos de que la descolonización de principios de 1960, en África y Asia, ofrecía enormes oportunidades para aumentar el bloque de los países socialistas y darles más vitalidad. Argumentaban que los nacionalistas de izquierda con el apoyo de los diversos partidos comunistas serían fundamentales para una transición, que insistía Jruschov debía ser pacífica, hacia la etapa socialista.
El mayor ejemplo de esta estrategia tuvo lugar en Indonesia, cuya independencia, aparente, se realizó el 17 de agosto de 1945, aunque, ante la reticencia de los Países Bajos en la transferencia de su soberanía y después de muchos y variados incidentes, ésta se efectuó finalmente el 27 de diciembre de 1949.
En este país, el Partido Comunista indonesio (PKI) dirigido por Dipa Aidit, contaba, nada menos, que con cerca de cuatro millones de miembros, de una población total de 110 millones, adoptó en 1963 una alianza de gobierno con Sukarno, líder nacionalista y primer presidente de la República Indonesia.
El PKI aprovechó su aumento de poder para iniciar, en todo el país, una campaña de reducción de los arrendamientos a los campesinos, lo que a su vez suscitó una violenta reacción de los terratenientes y de las organizaciones musulmanas anticomunistas.
El PKI que no contaba con una fuerza militar propia, se vió obligado a moderar aquella campaña, pero ya era tarde. El 30 de septiembre de 1965 un golpe izquierdista, de falsa bandera, de miembros jóvenes del ejército, que acabó con la vida de seis oficiales, fue la excusa perfecta para que el General Suharto realizara un poderoso contragolpe de estado, nacional y «patriótico».

El ejército, profundamente reaccionario, estructuró una enorme purga anticomunista en todo el país con el apoyo central de la CIA norteamericana y todos los gobiernos occidentales.
Suharto envió comandos armados a todos los rincones del extenso territorio, para asesinar a los miembros más conocidos del PKI. Otros grupos afectados incluyeron a mujeres activistas, sindicalistas javaneses, indonesios de etnia china y ateos o no creyentes en general. Así, el grupo musulman Muhammadiyad, proclamó en noviembre de 1965, en la isla de Java, que el exterminio de los miembros del PKI y sus simpatizantes constituía un deber sagrado, posición que fue adoptada por otros grupos radicales de Sumatra, uniéndose salvajemente a la represión.
Fueron destruidos pueblos enteros y hombres, mujeres y niños muertos a machetazos, fusilados en masa, descuartizados o quemados vivos en un holocausto de aproximadamente dos millones de personas. Solo pudieron salvarse, por poco tiempo, los campesinos que disponían de escasas armas y consiguieron huir a las montañas.
Posteriormente, estos salvajes acontecimientos, se describieron «como el mayor asesinato en masa en el siglo XX».
Para el mundo socialista, especialmente en la República Popular China que mantenía unos nexos fraternales con el PKI, la destrucción del poderoso Partido indinesio fue un desastre, poniéndose en duda si realmente habría que apoyar a los dirigentes nacionalistas de izquierda con unos partidos comunistas dubitativos y vacilantes.
El Congo-Leopolville (actualmente Zaire), Argelia, Egipto, Ghana…. eran los siniestros precedentes.
Fuentes: David Prietsland (Bandera Roja).
Robert Cribb (Matanzas en Indonesia, 1965).
