RD del Congo supera las 250 muertes por ébola y los 1.000 casos confirmados
Con una tasa de letalidad que se sitúa en 25,3%, el control de este brote resulta complejo porque involucra una cepa del virus para la cual no existe vacuna, y el epicentro se encuentra en una zona en guerra.

La República Democrática del Congo (RDC) registra ya 1.003 casos de ébola confirmados, incluidas 254 muertes, por el brote de la enfermedad declarado el pasado 15 de mayo en el este del país, informó el Ministerio de Comunicación y Medios sobre la epidemia con datos recopilados hasta el 20 de junio.
Un total de 365 enfermos se encuentran en «aislamiento u hospitalización», precisó el Ministerio, al subrayar que 100 personas infectadas por el virus han logrado curarse. La provincia de Ituri, al este de la RDC, «sigue siendo el epicentro» de la epidemia con 916 casos confirmados, entre ellos 205 fallecimientos.
La epidemia se propagó a Uganda, donde se han detectado 19 contagios confirmados, incluidos 14 casos que se consideran importados de la RDC, entre los que hay dos fallecimientos.
El brote se declaró oficialmente el 15 de mayo en Ituri, provincia fronteriza con Uganda y Sudán del Sur y epicentro de la epidemia, pero se expandió a las también provincias orientales congoleñas de Kivu del Norte y Kivu del Sur.
Bundibugyo: Cepa letal
El brote se corresponde con la cepa de Bundibugyo, cuya tasa de letalidad oscila entre el 30% y el 50% y para la que no existe vacuna autorizada o tratamiento específico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera «alto» el riesgo de expansión del brote en África subsahariana y «bajo» a escala global.
Considerada como la tercera peor epidemia de ébola de la historia registrada hasta la fecha, el actual brote solo está por detrás del brote que golpeó a África Occidental entre 2014 y 2016, dejando unos 11.000 muertos y 28.000 contagios; y de otro que afectó al este congoleño entre 2018 y 2020, con 2.299 muertes y 3.481 casos.
Además de la falta de vacunas o tratamientos médicos específicos, la propagación del virus se ve favorecida por variables como la inseguridad, la desinformación y los desplazamientos masivos. En respuesta, la OMS advierte que el éxito de la contención depende de que una persona con síntomas no se esconda por miedo al rechazo o al aislamiento.
La doctora Marie Roseline Belizaire, directora de Emergencias de la OMS para África, señala la importancia de trabajar articuladamente con las comunidades. «La velocidad de la respuesta en los primeros días es esencial, pero ninguna ambulancia ni equipo de protección servirá si la población no confía en los mensajes».
«No vamos a venir a imponer nuestra ciencia, sino a trabajar con ellos», agrega Belizaire al recordar la experiencia en el manejo de brotes anteriores, cuando muchas familias ocultaron a sus enfermos o se negaron a dejar que sus seres queridos fueran trasladados a centros de tratamiento.
También hay que tener en cuenta que el brote se desarrolla en una región marcada por la inseguridad, la presencia de grupos armados y el desplazamiento masivo de poblaciones. Por ejemplo, las provincias de Ituri y Kivu del Norte, donde se concentran los casos, son también zonas de alta movilidad vinculada a la minería artesanal, lo que complica la detección temprana de casos y el rastreo de contactos.
«No es la primera vez que enfrentamos un brote aquí, pero el contexto sigue siendo extremadamente complejo», reconoció la doctora Belizaire.
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