Nicolás Centurión / Resumen Latinoamericano •  Internacional •  22/04/2020

En Uruguay, el virus del ajuste se disfraza de coronavirus

El coronavirus parece ser el eje de todo lo que acontece en nuestras vidas. Va a marcar un antes y un después a nivel mundial, pero en Uruguay el gobierno no se ha movido un ápice de su plan antipopular de ajuste, a pesar de la crisis por la pandemia del Covid-19.

En Uruguay, el virus del ajuste se disfraza de coronavirus

Este gobierno, que recorre todo el arco de derechas, se autoproclama “multicolor” y más bien es un gris con tintes oscuros para los que subsisten vendiendo su fuerza de trabajo.

Abajo, más abajo los pobres del mundo.

De cara al primer Primero de mayo luego de quince años de gobiernos frenteamplistas, las fricciones vuelven a darse entre el gobierno de la coalición de derechas y la central única de trabajadores PIT-CNT. Los pobres cada vez más abajo en esta pirámide social.

Debido a la pandemia y la necesidad de mantener distanciamiento social es que la central sindical solicitó al gobierno poder dar su clásico discurso del Día de los Trabajadores por cadena nacional. La respuesta fue negativa, la cadena nacional fue calificada por el propio presidente de “anticuada” y agregó que así va a ser por los cinco años de gobierno.

De allí se desprende que no es una medida tomada en contexto del COVID-19 sino una actitud de clara confrontación contra la clase obrera organizada. Por otro lado la central sindical tiene adjudicado desde 2016 una señal de televisión, que nunca salió al aire por diferentes intereses, y hoy la dirigencia valora la pérdida de una gran herramienta comunicacional.

Lo urgente y lo considerado

Este jueves 23 de abril ingresará al Parlamento la Ley de Urgente Consideración (LUC). Una ley ómnibus de 457 artículos que da un giro de 180 grados en varios puntos, con respecto a las políticas de anteriores administraciones.

Los tres ejes que más preocupan a las organizaciones populares y distintos actores sociales son los que promueven la mercantilización de la educación, la criminalización de la protesta y la tendencia a liquidar las empresas públicas, sobre todo la que refiere a refinamiento de petróleo y distribución del mismo (hoy a cargo de la estatal Ancap).

Dentro del punto educación hay una clara intención de retacear la libertad de cátedra dentro de las aulas. Es clara la concepción mercantil que tiene este gobierno, donde varios de sus máximos dirigentes y referentes integran think tanks que promueven una visión empresarial en todos los niveles de educación.

La meta pareciera ser que algunos educandos salgan exitosos empresarios, los que no puedan llegar serán emprendedores, pero poco se habla de la educación de los trabajadores ni de un Estado presente. 

Para dirigentes sindicales, ni la dictadura se atrevió a medidas tan represivas, como la prohibición a manifestar, la reglamentación de la huelga en beneficio de los no huelguistas y la represión.

Pero también hay muchas dudas en la multicolor coalición gobernantes. El presidente Luis Lacalle Pou eligió incluir en su proyecto algunas propuestas que no cuentan con el respaldo parlamentario necesario, y tanto Cabildo Abierto como los partidos Colorado e Independiente no estarían dispuestos a votar todos los artículos.

A pesar del ataque sistemático al movimiento sindical y todo lo que implique organización popular, estas siguen cocinando día a día para garantizar la comida de las ollas populares, que se cuentan de a cientos en todo el país y que sirven para paliar el hambre de amplios sectores populares.

El pilar fundamental de estas ollas son los sindicatos y los vecinos de cada barrio, la solidaridad organizada que nace del brote popular. Pero esto no deja de ser un parche, un paliativo ante una pandemia mundial y un gobierno local que ajusta día a día a los trabajadores.

Por un lado les entrega una canasta de 1.200 pesos uruguayos (unos 30 dólares) por única vez y de manera mensual, pero por otro lado se aumentan las tarifas de agua, luz, internet y productos de la canasta básica, como la leche.

Esta situación se agrava mientras las patronales empresariales siguen despidiendo trabajadores, incluso en los sectores donde la demanda ha aumentado. El gobierno ha dado piedra libre a los empresarios y poco ha hecho por los trabajadores: ya se registran más de 150 mil trabajadores en el seguro de paro.

El principio del final

Los primeros días de gobierno se inauguraron con subas del precio del dólar que beneficiaron ampliamente a los sectores exportadores del agro, afines históricamente al Partido Nacional, el del presidente Luis Lacalle Pou. Esta línea política se continúa con las declaraciones del mandatario donde afirma de manera contundente que no va a tocar al capital.

Este gobierno comprende a distintas derechas en su seno: la liberal, la católica-conservadora, la empresarial, y también contiene a la ultraderecha militar, nostálgica del pasado y de las botas.

En la media hora previa a las sesiones del Senado, el exgeneral y actual líder del ultraderechista Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, defendió a torturadores procesados por delitos de lesa humanidad durante la dictadura, en un acto que reviste muchísimas gravedades. La primera, que un senador cuestione al Poder Judicial desde otro poder del Estado: Pero no se oyeron queja de los republicanos.

La segunda, se trata de un exgeneral defendiendo militares torturadores y asesinos en un templo de la democracia, el Parlamento, que fue lo primero que disolvieron para dar el golpe de Estado. Para finalizar, Manini Ríos argumenta que no existió el debido proceso en los juicios a los autores de crímenes de lesa humanidad y que estos ya eran octogenarios. Como si la memoria, la verdad y la justicia supieran de edades.

Mientras el gobierno cosecha altos índices de aprobación, el pánico sobre el coronavirus empieza a relativizarse, las heladeras empiezan a quedar vacías, se lustran algunas botas en el fino espejo de la democracia, las noticias no hacen más que hablar de un virus que se llama COVID-19, pero poco se habla del cuerpo-sistema que habita y que ya venía en descomposición.

Se revuelven las ollas, se cocina la crisis a fuego lento. Eduardo Galeano contaba que a unos pollos en la cocina les daban a elegir en qué salsa querían ser cocinados. El desafío parece ser echar al cocinero y tomar el sartén por el mango.

* Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Miembro de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP). Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico.


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