La Tienda Republicana

Suiza decide hoy en referéndum vinculante suprimir el privilegio de la creación de dinero de la banca

  • Hoy, 10 de junio, es una fecha histórica al margen del resultado del referéndum. Suiza es el primer país que celebra un referéndum nacional sobre el "dinero soberano". La iniciativa quiere acabar con la capacidad de los bancos comerciales de multiplicar el dinero como hacen en la actualidad a partir de una suma mucho más pequeña de "dinero fiduciario" y dejar esa potestad en exclusiva al banco central suizo. El dinero fiducitario es el que se basa en la fe o confianza de la comunidad, es decir, que no se respalda por metales preciosos ni nada que no sea una promesa de pago por parte de la banca privada.
  • El 90% de las transacciones en Suiza se realizan con dinero electrónico. Lo que la Sovereign Money Initiative persigue es obligar a los bancos a respaldar todo el dinero electrónico con reservas de oro y plata, de modo que dejen de producir dinero "de la nada" a través de los préstamos y las líneas de crédito. hasta ahora, el Banco Nacional de Suiza (BNS) sólo crea alrededor del 10 por ciento del suministro monetario del país.

La gran mayoría de la población europea piensa que la banca privada es una simple intermediaria entre clientes depositantes de dinero y prestamistas, y -como apuntaba el economista de Attac Marco Antonio Moreno- "que el dinero es completamente neutral en la economía". Nada más lejos: en la cualidad de la banca de crear dinero "sobre la base de las promesas de sus prestatarios para pagar" e inventar diferentes productos desde la generación de deuda estuvo el origen de la crisis financiera que aún arrastramos. Como apunta este economista, "la creación de dinero sobre la base de los préstamos que devengan interés ha sido uno de los imperativos del crecimiento en el actual modelo económico basado en la deuda. Pero como los préstamos excedieron la buena fe y los principios básicos de la sostenibilidad del capitalismo, tenemos la larga crisis [...]".

A mediados de marzo, la organización de campaña suiza "Modernizing Money" (MoMo) lanzó su campaña nacional a favor de la iniciativa "dinero soberano", que se somete hoy a referéndum. El llamado "dinero soberano" es una propuesta que ha sido defendida por Positive Money UK durante muchos años, y consiste, en esencia, en una reforma radical del sistema bancario y monetario que acotaría la creación de dienro al banco central para fines públicos en lugar de a los bancos comerciales, como ocurre en todos los países. Todo comenzó después de la crisis financiera de 2007-2008, cuando Hansruedi Weber leyó el libro Creating New Money de Joseph Huber y James Robertson, que acababa de ser traducido al alemán. Este maestro de escuela, filósofo y economista, se percató de dos cosas: una, que los bancos pueden crear dinero en cantidades ilimitadas, algo de lo que la mayoría de la gente no tiene idea. Dos, que Suiza podría ser el primer país en llevar a cabo una reforma de Sovereign Money porque cuenta con un sistema de democracia directa. Efectivamente, bajo el sistema democrático suizo, cualquiera puede llevar a cabo un referéndum nacional vinculante sobre un cambio propuesto a la Constitución si recogen más de 100,000 firmas dentro de 18 meses.

En 2011, Hansruedi Weber fundó junto a otros colaboradores la asociación MoMo (Monetäre Modernisierung) para generar una iniciativa que posibilitase dicho referéndum ciudadano. En junio de 2014 comenzaron a recogerse firmas en las calles de varias ciudades suizas, y en diciembre de 2015 se entregaron más de 111 mil firmas a las autoridades suizas para apoyar este cambio, lo que desencadenó el referéndum sobre el dinero soberano. Weber asegura que “la iniciativa busca proteger el dinero de todos los ciudadanos contra los riesgos del juego de los bancos, que ponen en peligro al conjunto de la economía y de la sociedad, es decir a todos aquellos que no sacan ningún beneficio de ellos”. Por su parte, Raffael Wüthrich, otro de los impulsores, define la revolucionaria idea con estas palabras: “proponemos un sistema en el que no sean las personas las que trabajan para la economía, sino al revés”.

Antecedentes

Pero Suiza no es el primer país en intentarlo. En 2015, Islandia ya intentó dejar en manos del Banco Central la exclusividad de creación de dinero y la forma de distribución a partir de una propuesta del diputado Frosti Sigurjonsson, después de dejar caer a los tres bancos más grandes del país y ecarcelar a una veintena de banqueros. En realidad, la iniciativa Swiss Sovereign Money está inspirada en este país. La propuesta de Sigurjonsson llegó al parlamento islandés el 17 de febrero de 2016: "es necesario que representantes electos de la ciudadanía hagan una revisión independiente del proceso de la creación de dinero, se formen una opinión y hagan sugerencias sobre cómo se puede reformar. Cada participante deberá preguntarse si quiere vivir con una moneda que en efecto es una deuda con una institución de crédito, o si es mejor que el Banco Central emita la moneda electrónica que la economía moderna requiere, y no sólo monedas y billetes".

El otro antecedente lo tenemos en Libia. Muammar al-Gaddafi anunció en 2009 un nuevo dinar con respaldo de oro, emitido por el banco central público de propiedad estatal de Libia , y con planes adicionales: negociar con las otras naciones africanas para la creación de una moneda común africana para competir con el euro y el dólar. Lo demás es historia: Gaddafi no sobrevivió más allá de 2011, tras la intervención militar desde Europa y EE.UU.

Una carga de profundidad contra los cimientos del sistema financiero neoliberal

Emma Dawnay, miembro de la junta de la campaña suiza, ya explicó a Positive Money cómo los ciudadanos se beneficiarían de esta propuesta;

La Sovereign Money Initiative (Vollgeld-Initiative en alemán) tiene como objetivo modificar la constitución para que los depósitos bancarios (o el dinero del libro, los números que tenemos en nuestras cuentas bancarias) se conviertan en moneda de curso legal. En la práctica, esto significaría que todo el dinero (ya sea en forma física o electrónica) solo podría ser creado por el Swiss National Bank, y no por los bancos privados.

Por el momento, alrededor del 90% del dinero en circulación en Suiza es creado por bancos como UBS y Credit Suisse, los dos mayores bancos en Suiza, que en su mayoría son propiedad de accionistas extranjeros. Los bancos tienen el deber de maximizar las ganancias para sus accionistas. Por el contrario, el Banco Nacional Suizo tiene un mandato constitucional y está obligado por ley a trabajar en interés de Suiza en su conjunto.

Los clientes del banco apenas notarían el cambio a un sistema monetario soberano. Sus bancos continuarían prestando dinero, gestionando transacciones y ofreciendo servicios de gestión de ahorro. Sin embargo, si un banco quiebra, no necesitaríamos rescatarlo con el dinero de los contribuyentes. Esto se debe a que el dinero soberano (monedas, billetes de banco y dinero electrónico ) sería completamente seguro, a diferencia del sistema actual en el que los depósitos bancarios simplemente desaparecen si el banco quiebra. En otras palabras, un sistema de dinero soberano aboliría el sistema bancario "demasiado grande para quebrar" que tenemos hoy.

Como resultado de la reforma, el producto de la creación de dinero también se devolverá al Estado suizo y Cantones en lugar de a los bancos. Esas ganancias podrían usarse para reducir impuestos o distribuir dinero directamente a los ciudadanos.

El referendum suizo para la reforma del sistema monetario, explicado en video

Objetivo último: frenar la especulación financiera

Una iniciativa que podría significar una hecatombe en el modo de entender el neoliberalismo imperante, y cortaría de raíz algunas prácticas especulativas. La multiplicación de dinero de la nada se perpetra a partir de la llamada "tasa de reserva", que es el dinero depositado en un banco privado. A partir de esta tasa, el banco multiplica esta cantidad de una forma escandalosa. Antes del estallido de la crisis financiera, la banca privada tenía tasas de reserva incluso menores al 1 por ciento. Con una tasa de reservas del 0,5 por ciento, Citibank y Goldman Sachs creaban 200 millones de dólares a partir de un millón de dolares, en una sola operación. Por ello, la iniciativa de Dinero Soberano tiene como principal objetivo frenar la especulación financiera. De la misma manera, por ello todos los partidos políticos suizos, todos los bancos rechazan la medida, más aún a sabiendas de que otro de los puntos a votar en esta consulta es un ataque frontal a los intereses económicos de la banca privada: que el banco central suizo pueda suministrar directamente dinero a las Administraciones públicas e incluso a particulares sin cobrar intereses, pero solo en casos excepcionales.

Dos estrategias mediáticas ante el referéndum: silenciar o azuzar el fantasma del miedo

Banca y fondos de inversión son propietarios de la mayor parte de las acciones de grupos de comunicación como PRISA. De ahí, que el único artículo al respecto publicado en El País el 8 de junio dedique la mayor parte de su espacio a los argumentos de los detractores de la iniciativa: El gobernador del banco central suizo, Thomas Jordan, definió la propuesta como “un cóctel peligroso”. Más lejos fue el consejero delegado de UBS. “No creo que los suizos vayan a pegarse un tiro en la cabeza”, respondió Sergio Ermotti, jefe del mayor banco del país, al ser preguntado por las posibilidades de la propuesta de salir adelante [...] “Me temo que sus defensores no son conscientes de la consecuencia de un sí, que traería un colapso del crédito y una subida de tipos, con el consiguiente impacto sobre el crecimiento. Dudo que la banca sobreviviera. Y los depositantes tendrían que pagar, en lugar de cobrar por sus ahorros”, resume el catedrático Joaquín Maudos, que define la iniciativa como algo “esotérico” que no ha sido bien explicado a los ciudadanos. “Si quieren evitar burbujas crediticias, hay otras formas mucho menos dañinas, como una buena regulación bancaria”, añade.

Las encuestas que hemos encontrado difieren entre un 54% a los partidarios del no, frente un 46% que apoyan a Weber; 54% no frente a 34% por el sí; o 49% no y 34% sí. Como es lógico, hay una enorme campaña de propaganda en contra bien financiada.