Redacción / FesP •  Internacional •  07/10/2020

«La cabeza de Assange en la punta de una pica arrojará una sombra cada vez más oscura sobre cualquier reportero al que se le ofrezca un documento clasificado»

LA FIP publica un extenso informe de su representante, Tim Dawson; uno de los escasos periodistas autorizados a seguir el juicio del cual puede depender la supervivencia del periodismo en libertad.

«La cabeza de Assange en la punta de una pica arrojará una sombra cada vez más oscura sobre cualquier reportero al que se le ofrezca un documento clasificado»

La audiencia de extradición de Julian Assange escuchó el última testimonio personal el viernes pasado; ya que las presentaciones finales se harán por escrito y el fallo de la jueza Baraitser se dictará el próximo 4 de enero en The Old Bailey, el Tribunal Penal Central de Londres.

Esta audiencia se está desarrollando en extrañas circunstancias; sobre todo por la escasa presencia de informadores ya que solo diez han sido autorizados a asistir a una audiencia que ha generado una de las mayores expectativas, por lo que está en juego en ella.

El periodista británico Tim Dawson es uno de esa decena autorizado para dar testimonio de lo que allí esta pasando y lo hace como representante de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), a la que pertenece la FeSP.

El pasado viernes, en que se cerraba esta primera fase judicial la FIP ha publicado un amplio informe de lo que allí ha ocurrido. Tras desgranar cada uno de los pasos Dawson concluye con estas observaciones que pueden despertar la preocupación de los informadores sobre la libertad de información:

El caso de Assange es sorprendente: es el primer editor en ser perseguido de esta manera. Lo más perturbador de todo es que crearía un precedente que las administraciones estadounidenses podrían desplegar contra periodistas en cualquier parte del mundo si sus historias se basaran en información obtenida de documentos clasificados.

Por supuesto, nadie cree que si Assange es procesado con éxito, Estados Unidos iniciará acciones contra cada periodista que base sus artículos en documentos filtrados o clasificados. El gobierno de los Estados Unidos no tendría ni el tiempo ni los recursos y, de todos modos, con frecuencia filtra material deliberadamente para sus propios fines.

Sin embargo, una amenaza legal desplegada selectivamente es de lo más mortal. Cualquier periodista que reciba información clasificada podría confiar en publicar el material filtrado con impunidad. Pero nunca tendría esa certeza. Cualquier información que haya molestado a la administración estadounidense podría provocar una acusación similar a la que actualmente se dirige contra Assange.

Para entonces, por supuesto, Assange bien podrá haber desaparecido en la ‘prisión supermax’ ADX Colorado por un período y en condiciones que harían sonrojar a un carcelero medieval. El público podrá olvidar su nombre, pero la cabeza de Assange en la punta de una pica arrojará una sombra cada vez más oscura sobre cualquier reportero al que se le ofrezca un documento clasificado. Los denunciantes serán advertidos que les conviene callarse y se pongan manos a la obra, mientras que la benéfica luz del sol cada vez iluminará menos las actuaciones que se tomen en nombre del público.

Es un destino que debe temer cualquier periodista que se preocupe por el oficio que ejercemos.”


Julián Assange /