Redacción •  Memoria Histórica •  09/03/2017

Semilla de memoria. 122 relatos sobre el genocidio franquista en Canarias

Después de Tormenta en la memoria (Ed. Hades-­2015) Francisco González Tejera nos presenta su último libro Semilla de memoria. 122 relatos sobre el genocidio franquista en Canarias.

Semilla de memoria. 122 relatos sobre el genocidio franquista en Canarias

Este libro nos cuenta la fuerza y la contundencia de los hechos que sufrieron miles de canarios cuando fueron represaliados por los franquistas. Nos describe con esmero los lugares por los que huyeron, fueron apresados, asesinados, desaparecidos… miles de hombres y mujeres que solo pensaban diferente o a veces ni eso… Nombra a los autores de los asesinados, muertos, torturados, vejados, humillados, represaliados… y de su maldad, sus relaciones sociales y de poder que los exculpaban de todos sus actos.

Otro libro, que da voz para los sin voz, para tantos canarios a quienes segaron injustamente sus vidas, mujeres y hombres de bien cuyo único delito fue defender la libertad y la democracia.

Ediciones Hades aposta de nuevo por la edición del nuevo libro de Francisco González. El libro tiene como prologuista al cantautor e investigador vasco-­canario, Rogelio Botanz, amigo y compañero de Pako. Escribe la contraportada, también otro compañero de lucha José M. Rodríguez Pellejero, profesor de Psicología en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

La presentación del libro será el próximo,
VIERNES 7 de abril (19.00 h) en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias de la Educación (Magisterio) de la ULPGC.

SEMILLA DE MEMORIA.

122 relatos sobre el genocidio franquista en Canarias.

Primero fue una “Tormenta en la memoria” ese libro que escribí con el corazón y la ternura del recuerdo, una especie de nebulosa que inundó mis manos en el teclado mientras reconstruía esa parte de la historia censurada, ocultada, pisoteada, dar voz a los sin voz, a las más de 5.000 personas asesinadas por el fascismo en Canarias a partir del golpe de estado del 36.

Un genocidio, si un genocidio en toda regla, aunque existan algunos siniestros «profesionales» de lo que llaman “memoria histórica”, esos engreídos que no quieren que se abran las fosas comunes, que lo cuestionan, que hablan de “guerra fratricida”, “confrontación entre hermanos”, sin decir claramente lo que sucedió, que una oligarquía criminal, junto a una Iglesia Católica sanguinaria planificaron un alzamiento fascista contra una democracia legítima, contra una República, que con todos sus errores, estaba construyendo un futuro de esperanza y derechos sociales para todo un pueblo.

Ahora un año después llega otra obra, también de la mano de Ediciones Hades. Mis manos, mis dedos no han dejado de escribir cada día como alumbrados por quienes perdieron todo, hasta la vida, en su lucha por un mundo mejor. Llega una semilla, “Semilla de memoria, 122 relatos sobre el genocidio franquista en Canarias”, con prólogo de mi amigo y hermano, compañero de lucha, el cantautor e investigador vasco-­canario, Rogelio Botanz.

Otro libro, otro altavoz para los sin voz, para tantos seres especiales a quienes segaron injustamente sus vidas, mujeres y hombres de bien cuyo único delito fue defender la libertad y la democracia.

La mano está tendida repleta de luces literarias, libertarias, revolucionarias, esa querencia infinita que solo puede irradiarse desde corazones libres.

Francisco González Tejera.

PRÓLOGO

Conocí a Paco González en aquellos “días de Taller”, cuando junto a Andrés Molina y Pedro Guerra volvíamos, una y otra vez a Gran Canaria para los innumerables conciertos que nos demandaba la isla hermana. Detrás de buena parte de aquellas tocatas estaba él;; un tipo tranquilo. En aquel tiempo de gentes efervescentes que fuimos, Paco siempre lucía una sonrisa afable y aparecía como diluido, en medio de experiencias de trabajo comunitario;; en la Casa de Juventud de Schamán, en aquella Universidad Popular…

Paco era capaz de conseguir que el concejal del PP de turno acabara editando un CD recopilatorio sobre canción de autor… aunque fuera por los pelos, y para liquidar una experiencia de años. Así ocurrió exactamente la noche en que se iniciaba la guerra de Irak y le solicitamos (sin éxito) al concejal en cuestión, que se hiciera insumiso ante la barbarie.

Pasado un tiempo comencé a ver el rostro y el nombre Pako (con K) en mensajes en Facebook en torno a una página que parecía hacer referencia a algún hecho histórico, del que yo no tenía cocimiento… “Fusilados de San Lorenzo”… Al principio me sorprendió, pero, sobre todo, me hizo una ilusión enorme el reencuentro cibernético… Vino luego la presentación en La Laguna de su libro «Tormenta en la memoria -­ Relatos de la represión franquista en Canarias», a la que acudí con mi guitarra. Vendría después el homenaje en el mismo Valle de San Lorenzo, al lado de su padre y de su madre para cantar a la memoria de su abuelo y su tío asesinados junto a otros vecinos del pueblo en aquellos días negros.

Supongo que Paco y yo somos tan hijos de nuestro tiempo como lo es cualquiera. En mi casa, como en casi todas, se habló muy poco y muy tarde de la Guerra Civil y sus consecuencias. Supimos de los 5 años de cárcel del tío Nicolás, de otros tantos para mi padrino el Tío Rubio… Supimos que a la abuela María le raparon la cabeza, y que ella nunca se puso un pañuelo para ocultarlo;; el delito no está claro en la memoria familiar… parece que saludó a alguien diciendo “Salud” o “Agur”, lo suficientemente alto para que lo escuchara algún chivato. Oímos contar muchas veces a nuestra madre que en su pueblo unos hombres valientes e ingeniosos impidieron en el último momento que una camioneta se llevara al paredón a un puñado de vecinos de pueblo…

Luego, ya, el tiempo de mi adolescencia fue el tiempo del suspiro por la libertad y a la vez el de la impotencia. Era el tiempo de empujar por una victoria que se presentía cercana, desde el peso de todas las derrotas anteriores y de las que vendrían.

Sin saber muy bien cómo, pasé de las rimas de Bécquer directamente a los versos de Miguel Hernández y aquel “Guillermo Tell tiene los ojos tristes” de Alfonso Sastre… Escuché por primera vez “te recuerdo Amanda” en catalán y me estremeció la canción después de que me hubiera estremecido la noticia sobre el modo y la muerte de Víctor Jara;; el maestro. Tampoco olvidaré nunca la sacudida de aquel 3 de marzo de 1976 en Vitoria con los 5 obreros que cayeron abatidos por disparos de la policía (mi padre estaba en huelga en aquellos mismos días en la fábrica Legazpi).

Seguramente no es casual que en los dos pregones que me ha tocado escribir en los últimos años, haya sentido la necesidad de hacer referencia expresa al tema de los desaparecidos del franquismo. Así lo hice en el pueblo de mi madre Brazacorta (Burgos) y en el de mi mujer, el Valle de Agaete, en Gran Canaria.

Como tampoco es casual que en mi repertorio se encuentren canciones como “La noche de los lápices” o “Arrorró para una abuela que no se deja dormir”, referidas expresamente a casos reales de desapariciones, en este caso en Argentina.

Así, que me parece lógico y vivo como un honor que Paco me haya pedido una nota preliminar para esta edición de su nuevo libro: «Semilla de memoria -­ 100 relatos sobre el genocidio franquista en Canarias».

Habrá quien piense…¡Pero bueno!… ¿Van a seguir con esta matraquilla

80 años después?… ¿Es necesario?…¿No bastaba con un libro?.., ¿son necesarios dos?

Déjenme responder con una cita… ¿Recuerdan aquella frase de Saint-­ Exupéry“Lo esencial es invisible a los ojos”?… Pues cada vez que llega una despedida sustancial de gente querida la recuerdo… ¡Cuánta verdad encierra!…

Es un hecho demostrado científicamente que este organismo que somos, que se mira en el espejo cada mañana al afeitarse y que saludan los amigos y familiares, es una pequeña tomadura de pelo. La pura verdad es que nada queda en nosotros del tipo que fuimos hace, tan solo siete años, ¡nada!….

¡ni un pelo siquiera!. Físicamente, nuestra piel o todo el sistema muscular no es más que una sucesión de millones de células que nacen se desarrollan y mueren a una velocidad de vértigo… Lo esencial, lo único que auténticamente da coherencia a nuestro ser es que sabemos quiénes somos, porque recordamos quienes somos;; es el ejercicio de la memoria lo que nos da la identidad. La aparición de esta enfermedad cruel que es el Alzheimer, ha vuelto a poner las cosas en su sitio;; no somos tanto este cuerpo que se ve, como la conciencia que tenemos de recordar quienes somos.

Esta parece ser una intuición muy firme en quienes conocieron con antelación su muerte inminente. En su carta de despedida, antes de ser fusilada el 4 de agosto de 1939, una de “las trece flores”, aquella muchacha de 19 años que fue Julia Conesa, solo pide una cosa… “Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia». En circunstancias similares la joven argentina Claudia Falcone, un 28 de diciembre de 1976 desde su celda en el Pozo de Banfield le dice en su despedía a su compañero Pablo Díaz“nosotros ya estamos muertos pero no te olvides de nuestra historia Pablito… Todos los 31 de diciembre levantá una copa por nosotros”. Es como si ellos supieran la verdad última, y es que lo esencial, no se ve con los ojos de la cara, sino que se ve con la memoria.

Unos días después de morir el cantautor uruguayo Quintín Cabrera, acabé de rizar el rizo a un breve poema de Alfonso Sastre. Donde él decía…

“Esto de la vida, un día se termina Un día ya no estamos en nuestra casa

Un día, en el barrio dicen, se ha muerto uno… Un día es, como si no,

hubiéramos existido nunca.” Y yo quise rematar cantando que

Esto de la vida… si quieres, no termina Si se alzan la memoria y la palabra

Y en medio de la plaza dices;; “recuerdo a uno”:

Quintín, Eva, Claudia…

Entonces es, como si no, dijéramos…

no se hubiesen marchado nunca…

La Laguna a 12 de octubre de 2016

ROGELIO BOTANZ

TEXTO CONTRAPORTADA

¡Qué memoria tan diferente la del vencido y la del vencedor! La memoria es una reconstrucción del pasado, nunca una copia fiel de lo ocurrido;; la memoria no puede ser la verdad, pero puede ser más o menos veraz. Ante esta evidencia, el lector interesado en el pasado reciente de Canarias, o de España, puede elegir entre una memoria institucionalizada, escrita por los vencedores, o una minoritaria, subterránea, la que se comparte y construye en los hogares, en los lugares de confianza. Porque después de todo, inalcanzable o accesible, la verdad es sólo una.

Semilla de memoria no es la historia oficial, tampoco quiere serlo, ni es un libro políticamente correcto, no lo pretende. En estas páginas se levantan 122 historias que durante años vivieron agachadas, historias veraces que miran desafiantes a los edificios institucionales, con esperanza a los jóvenes. Este puñado de páginas, es pues, un lugar para los excluidos de la memoria colectiva.

Esta Semilla es memoria de los vencidos, reúne los recuerdos que necesitaron convertirse en historias y cargarse de referencias sensitivas para sobrevivir a la represión, para confrontar la historia institucional. Historias que se contaron en muchas veladas, destellos de memoria que, envolviéndose de un estilo novelesco, de un bajo tono de voz, de silencios suspensivos, se defendieron de la construcción masiva del olvido. En tiempos de represión la verdad se oculta en la literatura, en las canciones y en el humor. Los recursos literarios son siempre recursos de resistencia. En estas páginas se relatan hechos que se agarran a sus lugares, lugares que anclaron los recuerdos, como la Sima de Jinámar, la Marfea, el camión de los Betancores, los tantos caminitos de tierra perdidos en barrios remotos como Casa Ayala, El Dragonal, Tenoya, Santidad, Jacomar o Guanarteme. En estás páginas están las historias que cuentan aquellos abuelos que un día perdieron la guerra pero no la memoria, ¿y tú, podrás acomodar estos hechos en tu memoria?

José M. Rodríguez Pellejero

Profesor de Psicología en La Universidad Las Palmas de Gran Canaria.

SEMILLA DE MEMORIA.

122 relatos sobre el genocidio franquista en Canarias.

“ Como una especie de milagro, Manuel Monzón Rodríguez, se quedó colgando por el cuello de la chaqueta del abuelo Julio en la afilada piedra. Él sabía en el momento de ser arrojado al vacío que de la Sima de Jinámar no escapaba nadie. Se acurrucó como pudo en la minúscula repisa, tenía el brazo partido, mientras veía caer al abismo volcánico a sus compañeros y amigos, más de cien jornaleros del Frente Popular, sindicalistas de la CNT y la Federación Obrera.

Escuchaba las risas y chascarrillos de los falangistas y Guardias Civiles, que

borrachos se divertían asesinando hombres y mujeres inocentes. El joven de Tamaraceite era consciente, intuía, que sería muy complicado escalar, subir sin cuerdas más de cincuenta metros de acantilado.

Tras varias horas de gritos, lamentos, llantos, risas y la caída al fondo del

agujero de las botellas de ron de caña de los fascistas se hizo el silencio, estaba casi amaneciendo y del fondo llegaba un fuerte olor a sangre y vísceras, se escuchaban gemidos de dolor, gente agonizando, un sonido que se amplificaba por la forma de la chimenea de lava ancestral. Manuel no sabía qué hacer, si se movía podía caer, solo le quedaba la opción de estar inmóvil, el brazo le dolía demasiado, los dedos estaban hinchados, le latían como si fueran corazones con uñas rotas, astilladas, destrozadas por las brutales torturas en el centro de detención ilegal de la calle Luis Antúnez de Las Palmas… ”

Extracto del relato Cuando las nebulosas eran todavía polvo cósmico.

“… Sebastián López Santana, falangista y mano derecha del Conde de la Vega, mayordomo fiel y torturador, encabezaba la partida de fascistas. El caso del joven anarquista era distinto a otros, no querían llevarlo donde desaparecían a la mayoría, su parentesco con un jefe del ejército, el coronel Juan Melián Alvarado, les obligaba a ser más discretos en su crimen. No querían alterar a su familia, aunque sabían que el muchacho era odiado por el militar, pero la situación exigía un asesinato “impoluto”, sin testigos. Incluso entre los miembros de los sediciosos, se exigía “gente de confianza”, “manos limpias” de sangre, la sangrienta estrategia programada, impecable, como le gustaba al fiel escudero del criminal Conde, el que siempre le buscaba las mejores mujeres entre las aparceras, las más jóvenes y bellas, que eran obligadas a mantener relaciones sexuales en la mansión del sur, de lo contrario, si se resistían, eran violadas por el viejo amo y sus sicarios de azul… ”

Extracto del relato El azulado cristal de la aurora.

“Mientras dormían acurrucados junto al risco de la playa de Veneguera, escucharon un ruido de algo gigantesco que salía del mar, los dos muchachos, Nicasio Rodríguez y Antonio Suárez, salieron lentamente de la protección del escondite donde

llevaban casi tres semanas. La madrugada estrellada parecía un manto de luces tintineantes en la inmensidad. Algo se arrastraba hacia ellos despacito, una sombra negra con un inmenso olor al salitre de las profundidades que se detuvo a mitad de la ribera, mientras con las aletas de aquel cuerpo de 800 kilos abría un agujero en la arena. La tortuga laúd había vuelto cincuenta años después al lejano lugar donde nació. Los hombres, evadidos desde la noche del golpe de estado, huidos de la persecución fascista, se sentaron trémulos, medio dormidos, alucinando, para ver como aquel ser mágico depositaba sus huevos bajo el manto todavía caliente, el inmenso lecho del amor y la esperanza.

El enorme animal marino parecía mirarlos a la luz de la media luna, unos ojos que trasmitían bondad, un conocimiento eterno del misterio, la fragancia de la nobleza en aquella escena en el lugar más remoto, donde Nicasio y Antonio se refugiaban de una muerte segura, del brutal tormento de la tortura, la destrucción de su dignidad, en caso de ser capturados por las criminales fuerzas sediciosas a la legítima República…“

Extracto del relato El bregar poético del infinito.

“… Rosa se quedó en la granja de Telde, sentada en el suelo, sin agua ni comida, esperando su turno, sabía que tarde o temprano alguien se la llevaría, que aquel almacén para el sexo salvaje no era más que un triste depósito de corazones puros, de muchachas que en muchos casos nunca habían tenido relaciones sexuales, todas secuestradas por los esbirros del nuevo régimen; conscientes de que no tendrían escapatoria, que su destino sería negro, que el terror fascista necesitaba de aquellos espacios de la muerte lenta, para la soldadesca, para los psicópatas golpistas más criminales, para que tantos asesinos de estado desfogaran su odio de clase sobre mujeres inocentes… “

Extracto del relato El color de las pesadillas.

“…Mejías se le acercó, lo golpeó violentamente con su rodilla en el estomago entre las risas del grupo de fascistas, la patada le rompió algo dentro porque la sangre ya no dejaba de manar de su boca, una especie de vomito rojo entre las convulsiones y gemidos guturales, en el momento en que el oficial gallego descargó el cargador de su pistola en la cabeza de Manuel sonriendo, mirando al resto de la banda de asesinos. La sangre corría por el patio del colegio, antes lugar de alegría, manzanas, juegos, risas y esperan-za, ahora muerte, dolor, el cuerpo frágil del maestro presidiendo el espacio del amor. Los niños, las niñas vieron todo, se sentaron en el suelo en la pequeña escuelita, lloraban en una especie de ritual inconsciente, esperando que les vinieran a recoger sus tris-tes madres, una pena jamás olvidada, oculta en los registros de aquel pueblo, tapada en los años por la corrupta autoridad, como si no hubiera pasado nada, como si Manuel siempre hubiera sido un fantasma irreal, el quebradizo corazón que demostró que la educación puede ser generadora de amor, de esperanza, en el in-menso camino del sendero de los colores y las sonrisas.”

Extracto del relato La entrañable formación de las Auroras.

BIOGRAFIA AUTOR

Francisco González Tejera, Tamaraceite, 3 de noviembre de 1960, escritor, articulista, investigador y activista social canario por la memoria histórica, los derechos sociales y la ecología, implicado desde muy joven en la lucha por un mundo mejor.

Desde los 18 años ha trabajado en el terreno de la dinamización sociocultural, actualmente en un centro de personas en exclusión social. Desde su blog «Viajando entre la tormenta» lleva muchos años publicando todo tipo de artículos, reflexiones y relatos.

Articulista en distintos medios de comunicación como Kaosenlared, Tercera Información, Diario Octubre, Canarias Semanal, Telde Actualidad, La Haine, Iniciativa Debate, La casa de mi tía, Webguerrillero, San Borondón, La Crónica del pajarito, etc.

Autor del libro “Tormenta en la memoria” (Ediciones Hades 2015), presentado como prueba en la “Querella argentina”, por los más de 5.000 crímenes franquistas cometidos en Canarias, una publicación referente en la lucha por la reparación y la justicia con las víctimas del genocidio fascista en el estado español.

Sus escritos y relatos están construidos desde la crítica social, la denuncia de las injusticias, la lucha por las personas oprimidas, la defensa de todos los seres vivos y la madre tierra.

Familiar directo de víctimas del franquismo por parte de madre y padre, asesinando las fuerzas facciosas tras el golpe de estado del 36 en Gran Canaria a su abuelo paterno, Francisco González Santana, a su tío el bebé de cuatro meses, Braulio González García, encarcelando y torturando durante varios años a su abuelo materno Juan Tejera Pérez.


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