Diseccionando a El País •  12/01/2016

El presidente de El País, J. L. Cebrián, pide abiertamente un gobierno “de centro derecha” PP-Ciudadanos

El presidente de El País, J. L. Cebrián, pide abiertamente un gobierno “de centro derecha” PP-Ciudadanos

El arte de la mentira políticaCínico a más no poder que el artículo en el cual el presidente de El País dice que Alberto Garzón está “dispuesto a disolver su partido antes que a renunciar a su acta y marcharse a casa” se titule “el arte de la mentira política“. El candidato a la presidencia ya desmintió el 2 de enero la información de El País -“Garzón pone fin a IU y creará un nuevo partido“- calificándola como “falsa” y “errónea”. Poco importa a Cebrián y a su periódico lo que diga Garzón, ya saben: nunca dejes que la realidad te estropee una buena historia. Publica una mentira y mantiene su noticia tras el desmentido para diez días después reafirmar su falsedad adornándola con un insulto: [Garzón] “es todo un epítome de la mediocridad imperante en nuestra clase política“.

Periodismo rastrero que en estos días redobla esfuerzos para -de un lado- finiquitar Izquierda Unida y barrer de la realidad política española reivindicaciones incómodas para el establishment: proceso constituyente más allá del parcheado que proponen otros partidos y salida de la OTAN, por poner dos ejemplos; y de otro, apuntalar su apuesta política tras el fiasco de la muleta Ciudadanos, y esta no es otra que un pacto PP-Ciudadanos.

Podría decirse que el epítome que personifica la evolución de El País durante los últimos años se llama Felipe González. Este personaje -antaño presidente del gobierno- instó ya en mayo de 2014 a una coalición entre el PP y PSOE “si el país lo necesita”. Por supuesto que enseguida se desdijo, seguramente en cuanto lo llamaron al orden desde el PSOE. Estas cosas nunca deben insinuarse siquiera a un año y medio de unas elecciones generales, véase la torpeza del Albert Rivera a solo dos días del 20D… Otra cosa es pedirlo a toro pasado, como hizo ayer Juan Luis Cebrián, conocedor de cómo han de manejarse los tiempos en el periodismo político. Cínico también su comienzo: “la apelación al embuste como medio de obtener el poder, o de vengarse por ser desalojado de él, no es empero un privilegio exclusivo de los políticos“. Pero vayamos al extracto infame de su opinión, para la cual se nos prepara con el siguiente párrafo en que defiende sin sonrojo la “cuestionada vieja política” como adalid de la recurrente “modernidad” que impregna todos sus editoriales;

“Tanto que se habla ahora de la memoria histórica conviene no olvidar que este país debe su modernización y su incorporación al mundo global en un lugar relevante, aunque en progresivo declive, al esfuerzo llevado a cabo desde hace cuatro décadas por la cuestionada vieja política, capaz de conducir a los españoles a través de la senda de la reconciliación y el esfuerzo común.”

Enseguida, plantea una reforma constitucional para apuntalar una Transición que “padece agotamiento” y un Gobierno estable para acometerla, pero ¿qué gobierno? Pues uno PP-Ciudadanos sin Mariano Rajoy a la cabeza;

“un Gobierno suficientemente estable por parte de las fuerzas que más escaños han obtenido en las elecciones y que pertenecen al centro derecha. La pretensión de Ciudadanos de favorecer la investidura del PP sin incorporarse al Gabinete es de una frivolidad alarmante […]”

¿Cúal sería el papel reservado para “la izquierda” según la entiende el presidente de El País, y que incluye -por tanto- al PSOE;

“La izquierda de este país, la verdadera izquierda milite donde milite, no debería temer contribuir a una solución de este género: la mantendría en la oposición con todas sus consecuencias, al tiempo que serviría para incorporar al pacto constitucional algunas de sus demandas más relevantes”.

Para rematar el asunto, Cebrián pide al gobierno en funciones que ceda protagonismo al rey en este proceso y -ya de paso- ayude a “demostar la utilidad de la corona” en medio de la tormenta de la corrupción que la envuelve.

No es de extrañar que El País tome pronto la senda marcada por Felipe González y Susana Díaz en su nueva pretensión de barrer a Podemos del tablero político a través de una reforma del sistema electoral con doble vuelta, también defendida por el mismo Partido Popular. Que tengan mucho ojo, porque igual les sale el tiro por la culata y barren al PSOE.


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