Las Olvidadas: “Somos memoria viva. Queremos contar nuestra propia historia”
- La asociación Las Olvidadas nace para exigir que las mujeres supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer participen en todas las decisiones sobre su memoria y reparación.
- Sus integrantes valoran los actos de reconocimiento del Gobierno y otras instituciones de los últimos meses, pero reiteran que hay que ir más allá y concretar medidas reales para conocer la verdad, esclarecer las dimensiones reales de lo que significó el Patronato y reparar a las víctimas.
- En el acto de presentación se ha dado a conocer el contenido de las alegaciones presentadas al expediente para la declaración del Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985) como Lugar de Memoria Democrática. En ellas se proponen medidas para que se reconozca, entre otras, la violencia institucional de género, los robos de bebés y del trabajo esclavo al que fueron sometidas las mujeres víctimas.

“Esta historia no puede seguir contándose sin quienes la vivimos”. Con estas palabras, Paca Blanco, presidenta de Las Olvidadas, activista antinuclear y por la vivienda e integrante de Ecologistas en Acción, ha explicado la razón por la que nace esta asociación para la memoria y reparación de las supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer.
En el acto de presentación, que ha tenido lugar en el Ateneo La Maliciosa (Madrid), han participado las mujeres supervivientes, sus descendientes, familiares y personas investigadoras y/o interesadas en el proceso de memoria y reparación que se han organizado, después de varios meses de trabajo. Vienen de lugares distintos, pero comparten una misma preocupación: que las mujeres del Patronato no vuelvan a quedar al margen de las decisiones que se toman sobre su memoria.

El Patronato de Protección a la Mujer funcionó en España entre 1941 y 1985. Durante más de cuarenta años, miles de niñas y mujeres jóvenes fueron sometidas a vigilancia, tutela e internamiento por apartarse de los modelos de conducta y de moral sexual impuestos a las mujeres. Fueron internadas en centros gestionados por congregaciones religiosas y algunas permanecieron durante años bajo tutela sin haber cometido ningún delito. “Pero aquella violencia institucional contra nosotras no terminó cuando salimos de los centros y aún hoy en día se sigue ejerciendo de muy distintas maneras”, ha añadido Paca Blanco.
Las Olvidadas nace para que la voz de las mujeres víctimas se escuche y se tenga en cuenta en todos los procesos y decisiones de memoria y reparación: “Queremos trabajar con archivos, universidades, investigadores e investigadoras, asociaciones memorialistas, instituciones públicas y todas aquellas personas que puedan contribuir a conocer mejor esta historia. Pero esa colaboración tiene que partir de una idea que para nosotras es esencial, que es que no se puede seguir construyendo la historia del Patronato sin contar con quienes lo sufrieron”.
En sus estatutos, esta asociación recoge cinco fines: la recuperación y conservación de la memoria de las mujeres que pasaron por el Patronato; la investigación sobre su funcionamiento; el reconocimiento de las vulneraciones de derechos sufridas; la búsqueda y el acceso a la documentación; y la defensa de medidas de reparación.Asimismo, también contemplan la creación de un Consejo de Supervivientes y Familiares, concebido como un espacio desde el que las personas afectadas puedan participar en la orientación de la asociación y velar por el respeto a su memoria y a su dignidad.

Más de cien páginas de alegaciones al reconocimiento del Patronato como Lugar de Memoria Democrática
El primer gran trabajo de Las Olvidadas ha sido la presentación, en julio de 2026, de un documento de alegaciones al expediente para la declaración del Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985) como Lugar de Memoria Democrática. Parten del reconocimiento al paso dado por el Estado al iniciar este proceso y, por eso, han querido hacer aportaciones en todo aquello que, a su juicio, “no puede darse por cerrado”.
Entre las más de cien páginas de alegaciones (el documento completo puede descargarse en este enlace), destacan varios objetivos, como el reconocimiento de la violencia institucional de género, de los robos de bebés y del trabajo esclavo que sufrieron las mujeres encerradas. Además, las alegaciones incluyen aspectos que van más allá de reconocimientos simbólicos y buscan un verdadero proceso de memoria y reparación a partir de diversas acciones, como las siguientes:
— Conocer la verdadera dimensión de la red sobre la que funcionó el Patronato: cuántos centros existieron, dónde estaban, qué función desempeñaban y quién los gestionaba.
— Investigar el papel que tuvieron las congregaciones religiosas y otras entidades públicas y privadas.
— Estudiar la dimensión económica del sistema y averiguar qué empresas o entidades se beneficiaron del trabajo realizado por las internas.
— Acceder a toda la documentación que sigue en manos de organizaciones públicas y privadas.
— Que las mujeres supervivientes o sus familiares accedan de forma preferente y protegida a la documentación relacionada con sus internamientos.
— Localizar, conservar y abrir los fondos documentales relacionados con el Patronato y que los datos sean tratados con respeto y ética, sin que los datos personales se compartan, pues eso supone una revictimización de las mujeres.
— Garantizar la participación de las supervivientes y sus descendientes en los grupos de trabajo, órganos consultivos y espacios que se creen a partir de la declaración del Patronato como Lugar de Memoria Democrática para que puedan ser parte de las decisiones que se adopten y que les afectan.
— Garantizar que la investigación esté al servicio de las víctimas y nunca las víctimas al servicio de la investigación.
Yolanda Morales Pereira, secretaria de la Las Olvidadas, hija de una superviviente e impulsora del documento de alegaciones, ha afirmado: “Muchas supervivientes o sus descendientes llevamos años intentando reconstruir nuestra propia historia a partir de expedientes dispersos entre archivos públicos, instituciones religiosas, administraciones y otros fondos. Seguimos suplicando al Estado y a las congregaciones religiosas que prometieron que facilitarían los expedientes, pero nos siguen tratando con el mismo desprecio que ya sufrimos, al ignorarnos y no atender nuestras peticiones. Sin esos expedientes, las mujeres no pueden obtener la Declaración de reconocimiento y reparación personal prevista en el artículo 6 de la Ley de Memoria Democrática, por lo que la violencia contra ellas se perpetúa”.

Más allá del reconocimiento: verdad y medidas de reparación
Durante el acto de presentación, las participantes han explicado cómo en los últimos meses se han producido actos públicos de reconocimiento que consideran importantes y valiosos. Por ejemplo, el pasado 20 de marzo el Gobierno reconoció oficialmente como víctimas del Patronato a 53 mujeres y se inició el ya mencionado expediente para la declaración del Patronato de Protección a la Mujer como Lugar de Memoria Democrática. Para las supervivientes y sus descendientes, ahora tienen que venir las respuestas y acciones concretas.

Para ello, Las Olvidadas se centran en dos aspectos. Por un lado, la exigencia de investigar y conocer las verdaderas dimensiones de lo que significó esta institución y el alcance de toda su red de centros y entidades implicadas. Como explica Morales Pereira, “todavía necesitamos conocer todos los centros que formaron parte de aquella red. Saber quién los dirigía y qué responsabilidades tuvo cada institución. Localizar archivos y expedientes que siguen dispersos. Investigar el papel de las congregaciones religiosas. Saber qué empresas se beneficiaron del trabajo de las internas. Conocer mejor qué ocurrió con las madres que fueron separadas de sus hijos. Y necesitamos algo tan sencillo como que cualquier superviviente pueda preguntar qué consta sobre ella en los archivos y obtener una respuesta”.
Por otro lado, Las Olvidadas exigen al Estado y todas las instituciones implicadas que asuman su responsabilidad y adopten medidas de reparación. Paca Blanco lo explica así: “No vale solo con decir ‘lo siento’. El hecho de haber estado encerradas marcó nuestras vidas, nos robó la oportunidad de estudiar, de tomar decisiones sobre nuestro futuro; nos generó un dolor que todavía hoy arrastramos. Si quieren reparar, que el Estado nos garantice una vida digna a las que todavía estamos vivas. Muchas estamos en precario, con secuelas psíquicas, físicas, sociales… Nos lo deben. Nos merecemos tener una vida digna”.
Para finalizar, las mujeres participantes han reiterado que su lucha no es individual, es colectiva: “Es indigno que tengamos que recorrer administraciones, archivos y congregaciones intentando demostrar una historia que las propias instituciones documentaron durante años. Por ello queremos encontrarnos, compartir información y ayudarnos. Queremos que una mujer que hoy empieza a buscar su expediente pueda aprovechar lo que otra aprendió después de años de trámites. Queremos que ninguna superviviente vuelva a sentir que tiene que enfrentarse sola a su propia historia”.
Mujeres supervivientes y descendientes que han participado en la mesa redonda: María Carmen Álvarez Moran, Pilar de Arana Morales, Montserrat Arévalo Banderas, Amparo Bellido Querol, Paca Blanco, Socorro Sánchez – Migallon Herreros, Lucía Morales Baena y Yolanda Morales Pereira.
ALEGACIONES
