Roger Waters, cofundador de Pink Floyd, entra en la campaña brasileña en la recta final: «Lula es un hombre honesto, voten por él»

A pocos días de la segunda vuelta presidencial, el cofundador de Pink Floyd, Roger Waters, publicó un mensaje directo a los electores brasileños en el que no dejó espacio para ambigüedades: respaldó sin reservas la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva y cargó con dureza contra el candidato opositor, Flávio Bolsonaro, y su entorno.
En un video difundido por redes sociales, el músico británico aseguró haber conocido personalmente al presidente y sostuvo que puede dar testimonio de su integridad. «Lo miré a los ojos. Es un hombre honesto, un hombre que ha trabajado para ustedes toda su vida. Deberían dejarlo seguir trabajando para ustedes», afirmó Waters, en un gesto que trasciende el apoyo simbólico y se suma a las voces internacionales que observan con preocupación el avance de la extrema derecha en la región.
Waters no se limitó a elogiar a Lula. También advirtió sobre lo que considera un riesgo concreto para la soberanía brasileña. Según su lectura, el candidato derechista mantiene una connivencia con intereses estadounidenses que, a su juicio, buscan apropiarse de los recursos estratégicos del país, desde la Amazonía hasta las reservas minerales, en beneficio de la familia del presidente Donald Trump y de su yerno Jared Kushner. «Quieren robarles todo lo valioso que tienen en Brasil», alertó.
El músico, que ha actuado en numerosas ocasiones en el país y mantiene un vínculo afectivo con su público, también apeló a la memoria de Marielle Franco, la concejala de Río de Janeiro asesinada en 2018. «Era mi amiga. La asesinaron. ¿Se acuerdan? Yo me acuerdo. Nunca lo voy a olvidar. Por Marielle Franco, voten el domingo. Voten por Lula«, expresó.
En cuanto a la participación electoral, Waters hizo un llamado a movilizar a quienes suelen quedar fuera de las urnas. «La participación fue de apenas el 78% en la primera vuelta. Necesitamos el 90%, el 95%, el 100%», insistió, y pidió expresamente que quienes tengan familiares mayores o con dificultades de movilidad los acompañen a votar.
Un contraste que se mide en números
Más allá del respaldo de figuras internacionales, la campaña brasileña llega a su tramo final con un dato que el oficialismo pone sobre la mesa: los indicadores sociales de los últimos años muestran una mejora sustancial respecto del período anterior, y esa diferencia se explica, en buena medida, por el rumbo que Lula le imprimió a la política social.
Los registros del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) son elocuentes. Durante los tres primeros años del actual mandato de Lula, la pobreza cayó 8,6 puntos porcentuales y la pobreza extrema descendió 3 puntos, siempre en comparación con 2022. En el gobierno de Jair Bolsonaro, en cambio, ambos indicadores retrocedieron apenas 1,8 puntos cada uno. La diferencia no es menor: hablamos de una velocidad de reducción varias veces superior en el período iniciado en 2023.
El poder de compra de los trabajadores también refleja ese contraste. Entre 2023 y 2025, creció a un ritmo promedio del 5,4% anual, después de haber caído un 1,4% anual durante el gobierno anterior, según el investigador Marcos Hecksher. El desempleo, por su parte, bajó del 8% en 2023 al 6% en 2025, en contramano de lo ocurrido en Estados Unidos y Argentina. El crecimiento promedio del PIB pasó del 1,4% con Bolsonaro al 3% con Lula, de acuerdo con el FMI.
A esto se suma el regreso de Brasil al Mapa del Hambre de la ONU, un logro que el país había alcanzado por primera vez durante los gobiernos anteriores del PT y que perdió en los años siguientes. En apenas dos años, la actual gestión retiró a 24 millones de personas de la situación de hambre, según datos oficiales. El programa Bolsa Família fue reformulado, se relanzó el Minha Casa Minha Vida y se pusieron en marcha iniciativas como el Pé-de-Meia para estudiantes de bajos ingresos y el Gas do Povo para garantizar el acceso al gas de cocina.
La comparación con la gestión de Bolsonaro no se limita a los números macroeconómicos. Mientras que en el gobierno anterior el gasto social en año electoral alcanzó los 74.500 millones de reales, en el actual período equivalente esa cifra se duplicó hasta los 184.700 millones, con un foco explícito en los sectores más vulnerables y la clase media. La diferencia de enfoque es evidente: donde antes hubo ajuste y desmantelamiento de programas, ahora hay inversión social sostenida.
El voto útil y la recta final
El mensaje de Waters se produce en un momento de máxima polarización. La primera vuelta dejó a Flávio Bolsonaro ligeramente arriba, pero la campaña de Lula apuesta a revertir ese resultado con una combinación de movilización territorial, respaldo de figuras internacionales y la exhibición de los logros sociales como argumento central. La situación actual en las encuestas es de empate técnico para la segunda vuelta.
La estrategia oficialista apunta a dos frentes: por un lado, garantizar la concurrencia a las urnas de los sectores que tradicionalmente apoyan al PT y que suelen registrar mayores tasas de abstención, especialmente los adultos mayores. Por otro, consolidar el apoyo de los electores de centro que rechazan la agenda radical del bolsonarismo.
Waters, con su intervención, aporta un elemento difícil de ignorar: la voz de una figura global que no tiene intereses electorales en Brasil y que, sin embargo, eligió pronunciarse con una claridad que contrasta con la ambigüedad de otros actores internacionales. Su mensaje no se limita al elogio personal a Lula; incluye una advertencia sobre el modelo de país que está en juego.
El domingo 25 de octubre, los brasileños definirán no solo quién ocupará la presidencia durante los próximos años, sino también qué rumbo tomará la política social que, en los últimos tres años, logró avances que no tienen parangón con el período inmediatamente anterior. Los números están a la vista. La palabra de Waters también.
