Kepa Arbizu •  Cultura •  23/04/2026

“El proyecto”, de David A. Graham. La hoja de ruta “trumpista”

El periodista, ensayista y redactor en la revista The Atlantic, disecciona y analiza en este libro las casi mil páginas de “Project 2025”, documento fundacional sobre el que se sostienen las decisiones tomadas por la administración republicana en la actualidad.

“El proyecto”, de David A. Graham. La hoja de ruta “trumpista”

Una de las demandas populares más achacadas, y no sin falta de argumentos, a la clase política actual (contemporánea, más bien) es la distancia existente entre su discurso, casi siempre repleto de loables intenciones, y la escenificación que éste toma en su traslado a la realidad. Un desajuste que si bien tiene mucho que ver con la falta de una “arquitectura pragmática” que sea capaz de convertir la palabra en acción y de charlatanería en busca de votos, principalmente remite a una orfandad ideológica. Incapacidad que a lo largo de estas últimas décadas ha golpeado y resquebrajado el apoyo a propuestas socialdemócratas, directamente diluidas en su encontronazo con la burocracia o ahuyentadas, al menos en su exposición completa, una vez conseguido el cetro de mando. Frente a esa desilusionante situación, la ultraderecha ha sabido recoger dicha insatisfacción para, maridada con bulos y un verbo grueso escupido en las redes sociales, mostrarse en apariencia comprensiva con ella mientras alimenta un relato distorsionado donde todo aquello que choque con la tradición más tramontana se convierte en enemigo a batir. Una cruzada que tiene en Donald Trump a uno de sus almirantes más sanguinarios, y que como todo “maestro” de la guerra, cuenta con su propio vademécum restrictivo, uno que probablemente ni haya leído, ni por supuesto escrito, pero que sí ejecuta.

Ese decálogo sobre el que se sostiene la nueva administración estadounidense, y que exporta al resto del mundo, es el protagonista del libro “El proyecto” (Shackleton Books), realizado por David A. Graham donde se revela y disecciona “Project 2025”, o lo que es lo mismo el libelo de casi mil páginas que puso en marcha el “think tank” ultraconservador The Heritage Foundation como eje central de la nueva política del partido republicano al poco de conocer, que no reconocer, su derrota electoral en 2020. Aunque puesto a disposición pública desde su creación, en 2022, su presencia en la vida social y política del país ha navegado entre el desconocimiento y el misterio, siendo lo único cierto que aquel PDF, fácilmente descargable por cualquier usuario, albergaba en su interior todo un museo de los horrores reaccionarios que ha ido dirigiendo, y lo peor de todo guarda en su interior una amplitud todavía más estremecedora, unas decisiones que, cual gota malaya, convierten el planeta en un lugar más oscuro y temible.

Al contrario que en otras ocasiones, la más importante la que aupó a Ronald Reagan al poder en 1981, este documento no fue diseñado de cara a una campaña determinada, al contrario comenzó a escribirse el mismo día en que Trump perdía sus primeras elecciones, en una suerte de reflexión sobre los errores cometidos y con destino a preparar el camino para una definitiva intentona de asaltar el poder, como así fue en 2025. El rechazo en las urnas, pronto transformado en una teoría conspirativa a gran escala que tuvo su expresión más deleznable en el asalto al Capitolio por sus hordas, fue utilizado como ingrediente para dibujar un escenario donde el diablo marxista, manifestado por igual en Biden, Obama o Sanders, estaba succionando la esencia de un pueblo americano que necesitaba recuperar su identidad. Que uno de sus textos inspiradores, “Flight 93 election”, en principio publicado de manera anónima pero pronto revelada la identidad de su firmante, Michael Anton, integrante de la Heritage Foundation, utilizara como nombre inspiracional el avión secuestrado durante el “11M” que decidió inmolarse para no seguir las directrices de sus secuestradores, describe bien a las claras el espíritu kamikaze e integrista de quienes no dudan, parafraseando al mantra bélico usado en la guerra de Vietnam, en “hacer arder la aldea para salvarla”. Una mesiánica misión que, al margen de quién fuera su timonel, papel otorgado finalmente a un megalomaníaco, prioriza una mirada holística que tiene en sus dos principales mentores, Paul Dans y Russell Vought, pertenecientes a la administración Trump, a los instigadores de todo un plan de asalto a la democracia.

No se trata de un intento por gobernar durante un espacio de tiempo determinado, sino de trasgredir todas las coordenadas e imponer un nuevo orden, y para eso, no solo hace faltan palabras e ideas (maléficas), también un organigrama que permita su materialización. Por eso, más allá de enarbolar toda una doctrina que hace de eje central y universal al hombre (sobre todo al sexo varón) blanco heterosexual y católico, su aspiración pretende intervenir en los órganos de decisión del Estado. Una intrusión que se cuela hasta el tuétano de cada uno de sus instrumentos, y no exclusivamente en la clara determinación de reducir, hasta hacerlo desaparecer, cualquier poder ejecutivo independiente que restringa o vigile el mandato presidencial, también transformarlo hasta el punto de convertirse en la extensión del presidente. Una meta que solo se puede alcanzar si, como es el caso, se pretende aupar a un poder omnímodo que, encomendándose a un supuesto espíritu primigenio de la constitución deshonrado por la deriva woke y otros eufemismos, persigue paradójicamente abolir algunos de sus valores fundamentales, tales como desterrar cualquier neutralidad de organismos como la Oficina de Administración y Presupuesto o el Departamento de Justicia para quedar transformados en vasallos de la voz emitida por la Casa Blanca. Una afrenta a cualquier tipo separación de poderes que incluso ansía revertir el federalismo a través de amenazas penales a quien no se supedite a lo ordenado desde de Washington, generando un clima de presión donde tecnócratas y burócratas serán martirizados, usando la propia terminología del documento base, “Mandate for Leadership”, en busca de su deserción. Un remplazo que será encarnado por una serie de personas reclutadas e instruidas en las lineas políticas generales del partido, proceso ya puesto en marcha incluso antes de la victoria electoral republicana, que pretende intercambiar a juristas y expertos por un ejército de fanáticos creyentes de esta nueva “religión”.

Un proceso que compete a todas las esferas de la vida cotidiana y que sueña con su propio paraíso ario, donde los abortos no solo sean penalizados, sino que se intervenga y prohíba cualquier prescripción médica o envío de fármacos que interrumpan el embarazo, una decisión que sería catastrófica. En esa visión tutelada por la Biblia, todo aquel que no siga el recto camino místico, por mucho que sea pisoteado por sus propios representantes en su ámbito privado, como las personas transexuales o no binarias son condenadas al ostracismo y la marginación, eliminando su figura del ordenamiento jurídico, lo que les haría quedar en un limbo exento de cualquier ayuda estatal; un destino parecido a los programas de discriminación racial, a los que se les ocultaría cualquier estadística o estudio que utilice el sesgo de la raza; si no se documenta un problema, no existe. Adelgazamiento del sentido público de una nación que compete por igual al sistema educativo, que recogiendo las enseñanzas de Milton Friedman sería mantenido por fondos públicos pero entregados a cada familia para que decidiera el centro privado preferido con el fin de hacer desaparecer íntegramente el Departamento de Educación, y del mismo modo reducir hasta su mínima expresión los programas de salud Medicaid y Medicare, este último dedicado a las rentas más desfavorecidas, para regalar un derecho universal solo a quien pueda hacer un desembolso cuantioso. Un contexto que por supuesto borraría también del espectro colectivo radios y televisiones públicas, pretendiendo que quedasen encendidas solo aquellas pantallas, a las que otorgar licencias, donde se proclame un adoctrinamiento a modo de predicadores guiando el camino de un rebaño universal.

Uno de los pilares de la doctrina Trump hace referencia a las medidas contra la inmigración, un aspecto que ya prácticamente no hace distingos entre ilegal o legal y que busca, principalmente, candar las fronteras de la nación. Para ello, combina una restrictiva ley de deportaciones con toda una maraña de impedimentos, desde penalizar a los Estados que no cooperen con esa máxima a aumentar los requisitos para cualquier tipo de residencia, en busca de transformar el llamado “país de las oportunidades” en uno regido por los privilegios, ya que el desembolso de una suma considerable de dinero convertirá al temido inmigrante en un bienvenido extranjero. Unas medidas, que tienen en este memorándum racista su cúspide en la entonación de la emergencia nacional por una supuesta invasión extranjera que ponga alerta al ejército en defensa de la territorialidad, que más pronto que tarde tendrían un desenlace económico nocivo para los ciudadanos. Un aspecto, el pecuniario, donde se manifiesta quizás la única falla entre el actual presidente y la ensoñación dictatorial de la Heritage Foundation, que encuentra en el afán populista y -a su manera- proteccionista del mandatario un escollo para su clásico pensamiento neoliberal. Atado, hasta cierto punto, por unas proclamas electorales que mezclaban la defensa del trabajador precario con toda una sarta de prejuicios, sin embargo éstas son lo suficientemente dúctiles como para maridar con una significativa reducción en los tramos de la fiscalidad o la reducción de los impuestos de sociedad, un puente de lujo para liberar de su aportación al ámbito público a las arcas más potentadas. Piruetas que deben lidiar también con el delirio arancelista del hombre del pelo naranja, donde su tozudez es inversamente proporcional al conocimiento económico, una ciencia que bajo ningún concepto determina que las tasas a los productos extranjeros vayan a ser pagados por esos lugares de origen, al contrario acaban por repercutir en el bolsillo autóctono. Un espacio doméstico para el que este “Project 205” sacraliza la vivienda en propiedad como elemento indisoluble al “sueño americano” , un hogar por supuesto sustentado por el duro trabajo -que bajo la vieja dialéctica neoliberal adelgaza hasta la extenuación cualquier ayuda estatal a los más desfavorecidos- realizado por el padre de familia y mantenido pulcro y en orden por la gestante mujer. Porque en esta arcadia, faltaría más, también hay clases y roles firmemente establecidos.

Quizás la mejor, o incluso única, manera de sustentar una ensoñación represiva como la enarbolado por este “proyecto” sea la de construir un mundo de mentiras y a su manera alejado de cualquier racionalidad. Una actitud que sobre todo deja su huella en las páginas dedicadas a obviar cualquier mención, siempre que no sea para señalar a la “marxistas” políticas “verdes” y retirar fondos a las energías renovables, al cambio climático; de nuevo, para estos iluminados, si algo no se menciona, deja de existir. Un truco de prestidigitación en realidad falso, ya que su furibundo ataque a las “injustificadas” guerras contra los combustibles fósiles delatan una contraprogamación a una evidencia científica que entierran alrededor de trabas y supresión de todo organismo dedicado a su estudio. Cerrazón y ceguera que lleva a la (auto)destrucción del mismo modo que una belicista política exterior, sustentada por un implemento desorbitado de las cuentas en relación a armamento y defensa, que además de su, dramáticamente confirmado por los episodios actuales, determinación a sembrar el caos en Oriente Medio tiene como enemigo primordial a China y su expansión, considerado como némesis de un proyecto que levanta su cruz contra todo atisbo de progresismo, señalado como correa de transmisión en su sacrosanto territorio del gigante asiático.

Este libro, en lo que tiene de representación y estudio de ese texto fundacional del movimiento MAGA (“Make America Great Again”) y su extensión ultrarreacionaria a lo largo del mundo, se lee con atención pero con los nudillos prietos por el pánico que desprenden sus iniciativas. Y lo más grave, no es solo que muchas de ellas ya han pasado de la tinta a la realidad, sino que todavía hay un camino más extenso y hondo que recorrer por ese túnel negro. Como todo cuento de terror, y esto lo es, hay en él un aprendizaje oculto, en esta ocasión observar de primera mano la arquitectura ideológica existente detrás de lo que parecen, y algunos lo son, desmanes anárquicos de un magnate metido a rector del universo, pistas más que suficientes para generar un antídoto contra ellas. Escribir, y poner en marcha, la antítesis en forma de relato solidario cimentado en un mundo de iguales, es ahora una misión más urgente que nunca si se trata de impedir la reproducción de este libro de instrucciones para construir el infierno.

Kepa Arbizu.


Donald Trump /