El ‘hobbit’ de Flores no cazaba ni usaba el fuego: era un carroñero que aprovechaba las sobras de los dragones de Komodo
Un nuevo análisis de los restos óseos de la cueva de Liang Bua revela que el Homo floresiensis no poseía un comportamiento tan sofisticado como se creía, sino que se alimentaba de los restos de grandes presas abandonados por los reptiles.

Desde su descubrimiento en 2004, el pequeño Homo floresiensis, popularmente conocido como el ‘hobbit’ por su escasa estatura y su reducido cerebro, ha disfrutado de una excelente reputación.
El hallazgo de sus fósiles en la isla indonesia de Flores junto a herramientas de piedra y huesos carbonizados de Stegodon —un pariente extinto de los elefantes— llevó a muchos investigadores a asumir que este homínido era un hábil cazador capaz de dominar el fuego.
Sin embargo, una nueva y meticulosa investigación arqueológica acaba de desmontar este mito, y desvela que su estrategia de supervivencia se parecía mucho más a la de las hienas.
El estudio, publicado este viernes en la revista Science Advances, sostiene que el Homo floresiensis no cazaba grandes piezas ni cocinaba sus alimentos, sino que practicaba el carroñeo primario, disputándose las sobras crudas de los verdaderos superdepredadores de la isla: los dragones de Komodo.
Para llegar a esta conclusión, un equipo internacional liderado por la investigadora E. Grace Veatch, del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian y la Universidad de Tubinga, reexaminó los restos óseos de Stegodon hallados en el yacimiento de Liang Bua, el lugar exacto donde comenzó la leyenda del ‘hobbit’.
Un reparto desigual de la carne
Mediante análisis tafonómicos y zooarqueológicos, los científicos cuantificaron la ubicación y la frecuencia de los daños sufridos por los esqueletos de estos proboscídeos. Los resultados revelaron un patrón implacable: las marcas de dientes de los dragones de Komodo se concentraban de forma masiva en las zonas anatómicas más carnosas y nutritivas del animal.
Por el contrario, las marcas de corte de herramientas de piedra, atribuibles al Homo floresiensis, aparecían de manera tardía y en las regiones esqueléticas con menor interés calórico.
Este mapa de carnicería demuestra que los grandes reptiles de la isla tenían el acceso prioritario a las piezas, lo que implica que eran ellos quienes realmente cazaban y abatían a los elefantes enanos. El ‘hobbit’ llegaba al festín en un segundo turno, recolectando la carne residual que los lagartos dejaban atrás en lo que los investigadores describen con humor como un auténtico “segundo desayuno”.
Mitos caídos bajo el microscopio
“Nuestros hallazgos cambian de forma radical la percepción que teníamos sobre las capacidades tecnológicas y de comportamiento de esta especie”, apunta el equipo de investigadores en las conclusiones de su análisis. El estudio no solo cuestiona la capacidad de caza del Homo floresiensis, sino también otro de los grandes pilares de su supuesta sofisticación: el control del fuego.
Al revisar los estratos geológicos de la cueva de Liang Bua asociados directamente con los restos del hominino, Veatch y sus colegas no encontraron ninguna evidencia sólida de un uso intencional o controlado del fuego.
Las marcas de quemaduras observadas en estudios previos parecen responder más a procesos ambientales o a incendios fortuitos que a fogatas domésticas para cocinar la carne. El ‘hobbit’ comía sus alimentos crudos y dependía de la pericia cazadora de un lagarto gigante para subsistir en el ecosistema de Flores.
Referencia:
E. Grace Veatch et al, “Taphonomic analysis at Liang Bua reveals the behavioral and technological capabilities of Homo floresiensis”, Science Advances, 2026.
Fuente: SINC
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