Pablo Tata Alcántara •  Memoria Histórica • 18/05/2020

Fue un placer conocerte, Aquilino Polio

Nacido en el bando perdedor, sufrió de niño un simulacro de fusilamiento, a los 15 trabajaba en la mina y era enlace de la guerrilla antifranquista.

Fue un placer conocerte, Aquilino Polio

El mismo día que nos deja Julio Anguita, “Califa rojo”, ex alcalde de Córdoba, ex coordinador de IU y secretario general del PCE, también ha muerto un histórico militante de Asturias: Aquilinio, nacido en 1928 en Polio, en el concejo de Mieres. Aunque su nombre fuera Aquilino Fernández Fernández le gustaba que le conocieran con el nombre de su pueblo como apellido, es decir, Aquilino Polio, o Quilino Polio. Y es que siendo muy niño, a los 8 años, tuvo que abandonarlo, tras la entrada de los soldados del ejército de África (“los moros que trajo Franco”), que arrasaron aldeas como la suya.

Su militancia política ya tenía predecesores. De madre soltera, tres de sus tíos, Florentino, Joaquín y Miguel lucharon junto con la República durante la Guerra Civil. Tras la derrota republicana en el frente del Norte, en octubre de 1937, los tres se fueron al monte para huir de la represión franquista y hacer frente a la dictadura. Los dos primeros fueron detenidos tras el final del conflicto, en abril de 1939 y fueron llevados hasta el campo de concentración de La Vidriera, en Avilés y después a Zaragoza. Más tarde trabajarían en la mina en régimen de militarización.

Homenaje a Quilino por Amigos de Mieres y el Ayuntamiento.

Joaquín sería condenado a 12 años de cárcel en consejo de guerra. El tercero de los hermanos no corrió mejor suerte. Tras estar 44 días en el monte como “fugao”, unos antiguos compañeros suyos les traicionaron y lo mataron a él y a sus camaradas. En el libro “Por qué estorba la memoria” de Gerardo Iglesias, Quilino Polio cuenta lo que tuvo que sufrir en esos primeros años de su infancia, cuando con 11 años, la Guardia Civil realizó con él un simulacro de fusilamiento para que le dijeran donde estaba su tío:

A los 15 años comenzó a trabajar en la mina. A la vez, hacía de enlace de los guerrilleros que estaban en el monte y comienza su militancia clandestina en el PCE

“Lo pasé muy mal. En una ocasión se llevaron a todos y quedé solo en la cama con fiebre muy alta. Ya nos habían echado de Polio y vivíamos en Entrerríos. Cuando salí de casa quiso atraparme un moro. Corrió tras de mí para intentar atraparme. Al llegar al molín de Eloy, hice un quiebro y salté al monte. Así pude zafarme de él. Estaba seguro de que quería violarme. Esta tropa era muy dada a esas prácticas carnales. Hacían lo mismo con mujeres. Les valía para satisfacer sus apetitos sexuales. Por donde pasaban, hacían estragos.”

Sin embargo, a pesar de esta represión, Quilinio siguió la lucha como sus familiares. En 1943, a los 15 años comenzó a trabajar en la mina. A la vez, hacía de enlace de los guerrilleros que estaban en el monte y comienza su militancia clandestina en el PCE. El 30 de diciembre de 1951, la Benemérita casi lo mata, ya que este se había reunido en el monte de Polio con el “fugao” Eusebio Planisolis, Antonio El Maqui, al que asesinaron. El propio Aquilino contó también a Gerardo los hechos que le ocurrieron:

Pozo Polio, Mieres. Foto: Ayuntamiento de Mieres.

“Eran, más o menos, las nueve de la noche. En la misma tarde de aquel día me dieron aviso para subir a enlazar a la Muezca con los guerrilleros. No me dijeron qué guerrilleros eran, sólo que me situara junto a las portillas de hierro que daban a la entrada del prau del Ferreru, y que diera la contraseña. […]Llegamos al lugar, di la contraseña y aparecieron dos guerrilleros que estaban por allí escondidos. Uno de ellos eran Ramón el de La Nueva y el otro no lo conocía. Luego supe que era Antonio El Maqui. [….]Antonio sacó unos papeles, supongo que era propaganda, pero no llegó a entregárnoslo, ni a decir por qué me llamaban, porque al momento se levantó Ramón y dijo “Voy a coger vino a casa del Ferreru”. Antonio y yo le seguimos, pero sin entrar. Nos quedamos esperándole detrás de una pared. Vimos que se movían unas sombras junto a la casa, y de repente comenzó a caer una lluvia de fuego donde estábamos nosotros, bombas, disparos de fusil… un infierno. Antonio y yo nos echamos a rodar monte abajo, pero por caminos distintos. Yo conocía bien aquel terreno y eso me valió para alejarme rápido. Cuando ya estaba fuera del radio de donde disparaban, me paré a mirar, pero ya no vi a Antonio, ni le oí quejarse ni nada cuando cayó muerto.”

Tras el final de la guerrilla asturiana, Quilino siguió la lucha a través del movimiento obrero. También a cantar tonada. Participó en las huelgas mineras de 1962, donde estuvo encerrado durante 2 días en el Pozo de Polio. El 12 de marzo de 1962 sería uno de los participantes en el Asalto a la Comisaría de Mieres. De hecho, fue detenido y torturado por ello por el famoso comisario Arce y Claudio Ramos Tejedor, el jefe de la BPS asturiana. En los años de la Transición, además de militar en el PCE, participó en el movimiento vecinal.

Aquilino, subcampeón de tonada,

Todas estas historias tuve el privilegio de escucharlas de la propia voz de Aquilino, el 4 de septiembre de 2017, cuando fui a visitarlo a su casa en el barrio de Arriondo, junto con el documentalista Alberto Vázquez García. Estaba yo haciendo una investigación sobre el Asalto a la Comisaría de Mieres para mi tesis doctoral sobre la BPS en Asturias, cuando entrevisté a Aquilino (y a otros muchos hombres y mujeres, luchadores antifranquistas de la cuenca).En su casa me contó cómo le habían tratado la policía y la Guardia Civil tras el Asalto a la Comisaría:

“El día 17 viene a por mí Arce en persona. Dejaron un Land Rover delante de mi casa. No me esposaron en casa. Tenía un perro que no les dejaba entrar. Me llevaron a la comisaría. No me pegaron, pero Arce me golpeó contra una puerta, que me jodió en la espalda. Me interrogaron todo lo que quisieron. Y me llevaron a Oviedo. Allí estaba Tino el del Alto. Nos llaman a declarar de noche, a las tres. Te trataban como te trataban. Estaba Ramos allí. Un día abrieron la puerta y era Ramos que preguntaban si había cantao [sic]. Y si no cantaba, a la nevera con él. Y como no canté, me mandaron quitar las gafas, porque las gafas no tenían la culpa, me decían. Comenzaron a pegarme de hostias. Me intentaron pegar una patada en los huevos. Y para la celda. Los compañeros me decían que tenía la cara hinchada, encarnada por los golpes.”

Mientras preparaba este artículo, volví a escuchar aquella entrevista que te hice, Aquilino, hace ya casi tres años. Recuerdo como hablabas de la lucha de los “fugaos”, teniendo detrás un cuadro de “guerrilleros antifranquistas” con fotos de guerrilleros asturianos que habían muerto en el monte. Como hablabas del Asalto a la Comisaría y de cómo había que poner una calle o un monumento a aquel acontecimiento. Ahora que ya no estás (aunque nunca te irás de nuestros pensamientos) otros muchos seguiremos luchando por el reconocimiento de vuestra lucha. Gracias por todo, Aquilino.

Pablo Tata Alcántara

Es historiador. Como investigador se ha en centrado en la historia de la represión franquista.

Fuente: nortes.me


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