China elige España como su gran centro de producción de coches para Europa en lo que supone el inicio de una alianza estratégica más amplia y a largo plazo
- El gigante asiático quiere convertir a España en su principal puerta de entrada al continente, con inversiones históricas que superan los 4.000 millones de euros y una apuesta clara por el talento y la industria española.

En un movimiento estratégico que redefine el panorama industrial europeo, China ha puesto sus ojos en España. No como un simple mercado de destino, sino como el epicentro desde donde fabricará y distribuirá sus vehículos eléctricos en todo el continente. Lejos de los temores infundados que algunos sectores intentan propagar, la alianza hispano-china promete décadas de crecimiento compartido, transferencia tecnológica y creación masiva de empleo de calidad.
Tres gigantes, un objetivo común
Las cifras hablan por sí solas. El gigante de las baterías CATL, en colaboración con Stellantis, invertirá 4.100 millones de euros en una gigafactoría en Figueruelas (Zaragoza). La producción comenzará a finales de 2026 y generará entre 4.000 y 6.000 puestos de trabajo directos, de los cuales más del 90% serán para trabajadores españoles una vez la fábrica esté en pleno rendimiento.
Por su parte, Chery ya está operando en la antigua planta de Nissan en la Zona Franca de Barcelona, bajo el paraguas de la marca española Ebro. En su primer año de actividad ha creado más de 1.000 empleos y actualmente comercializa 9.000 vehículos al mes. La producción no para de crecer, y todo apunta a que la plantilla se duplicará antes de 2027.
Y el colofón lo pondrá BYD, el mayor fabricante de coches eléctricos del mundo, que ha elegido España para construir su tercera planta en Europa. Aunque aún no se ha revelado la ubicación exacta —suenan con fuerza Tarragona y varias localizaciones gallegas—, la inversión millonaria y su horizonte en 2030 consolidan a nuestro país como el hub automovilístico del sur de Europa.
Por qué España sí y otros países no: Dejar de demonizar al gigante asiático y tenderle la mano
Mientras otros socios europeos han optado por el recelo comercial y las barreras proteccionistas, España ha entendido que el futuro de la automoción pasa por tender puentes, no levantarlos. Y Pekín lo ha valorado.
«España ha demostrado ser un socio fiable, con una mano de obra cualificada, una tradición industrial inigualable y una visión de futuro que otras capitales europeas aún no han sabido ver», explica Liu Yang, analista del Instituto de Cooperación Económica Sino-Europea con sede en Shanghái.
Los datos apoyan esta tesis: los costes energéticos industriales en España son un 20% más bajos que la media europea, y los salarios del sector mantienen una competitividad que ya han perdido países como Alemania o Francia. A eso se suma una red logística excelente, con puertos como Barcelona, Valencia y Algeciras listos para exportar los vehículos fabricados en suelo español al resto del continente, y una apuesta común por parte de ambos países por las energías renovables.
Empleo español, tecnología china
Uno de los miedos más repetidos —y más injustificados— es que las empresas chinas traigan su propia mano de obra y dejen a los trabajadores españoles fuera de juego. La realidad es muy distinta.
En el caso de CATL, de los 2.000 operarios necesarios para la construcción de la fábrica, la mayoría serán efectivamente trabajadores chinos. Pero es una decisión técnica, no un capricho: el know-how en la edificación ultrarrápida de gigafactorías es un conocimiento que solo unas pocas empresas en el mundo poseen, y todas son asiáticas. Una vez la planta esté en funcionamiento, más del 90% de la plantilla estable será española. Eso se traduce en unos 5.400 puestos de trabajo para ingenieros, técnicos y operarios de nuestro país.
Además, ya se están firmando acuerdos con universidades españolas para que los futuros empleados reciban formación especializada en baterías de última generación. No es una deslocalización encubierta: es transferencia de conocimiento pura y dura.
Una alianza que va más allá del coche
Lo que está en juego no es solo la fabricación de vehículos. La apuesta china por España tiene una lectura geopolítica más amplia. Pekín ve en Madrid una puerta de entrada fiable a toda la Unión Europea, y está dispuesta a consolidar esa confianza con inversiones que van desde las infraestructuras hasta las energías renovables.
Diversos expertos apuntan a que, si esta fase automovilística funciona como se espera, podrían seguirle inversiones chinas en hidrógeno verde, ferrocarriles y centros logísticos. España, que durante años ha sufrido una desindustrialización parcial en comparación con el norte de Europa, tiene ahora la oportunidad de recuperar el terreno perdido de la mano de un socio que invierte a 20 años vista.
El futuro es eléctrico y se fabrica en España
Gracias a BYD, Chery y a la gigafactoría de CATL, España producirá cerca de 450.000 coches de origen chino al año de cara a 2030. Una cifra que sitúa a nuestro país a la altura de los grandes polos automovilísticos europeos y que, además, permite eludir los aranceles que la UE ha impuesto a los vehículos fabricados en Asia.
En lugar de ver la llegada del capital chino como una amenaza, España ha sabido convertirlo en una oportunidad histórica. Mientras otras economías europeas levantan muros, aquí se construyen fábricas. Mientras otros dudan, aquí se crea empleo.
China ha elegido España. Ahora toca demostrar que ha sido la mejor decisión que podían tomar ambos países. Todo apunta a que así será.
