Cuba: Zurdos más que diestros

El capitalismo no es eterno; las condiciones para nuevas revoluciones siguen estando allí. Foto: Resumen Latinoamericano

El capitalismo no es eterno, ni tampoco lo sucedido en América Latina es un ciclo que pasa. Las condiciones para nuevas revoluciones siguen estando allí, pero eso hay que demostrarlo. Recomenzar y reconstruir proyectos creativos resulta esencial

¿Terminó el ciclo progresista en América? ¿Es un ciclo? ¿Por qué algunos se atreven a proclamar hemisferios libres de todo aquello que huela a socialismo?

¿Se trata de una nueva versión del tan difundido «fin de la historia», ahora con otros protagonistas? Es cierto que los gobiernos progresistas del continente no viven sus mejores años, los golpes recibidos en los últimos procesos electorales ocupan a analistas y teóricos de ambos bandos.

Con la llegada del nuevo siglo, nuestros pueblos, cansados del neoliberalismo y de los abusos de los poderes económicos internacionales, comenzaron a votar por gobiernos con programas populares. Antes se tenía la experiencia de Allende en Chile, sin embargo, la mayoría asegura que la luz de cambio en América la encendió Cuba hace 60 años.

LA DÉCADA GANADA

La bonanza petrolera –el barril a más de 100 USD– y los altos precios de las materias primas permitieron desarrollar ambiciosos proyectos de redistribución de las riquezas. Varios gobiernos redujeron la pobreza, la desigualdad, lucharon contra el analfabetismo, elevaron los niveles de salud, pero se quedaron allí.

Si no se transforman las estructuras de la sociedad, si se coquetea o se pacta con la derecha para llegar al poder, es prácticamente imposible trascender.

La mayoría de las constituciones de América Latina resultan pactos con las cúpulas militares o con la derecha, por eso resulta vital para la supervivencia de esos procesos convocar a constituyentes que modifiquen el marco legal.

Tan trascendental es que muchos de los movimientos progresistas que no lo hicieron ya no están en el poder, cayeron en la trampa.

Con el paso del tiempo, la izquierda en algunos países no ha sabido administrar el éxito ni consolidarlo. Apostar solo a la satisfacción de necesidades, sin crear basamentos ideológicos sólidos, llegado un momento deja de funcionar, porque las necesidades son crecientes y la capacidad económica de los Estados no crece de un día para otro.

No podemos seguir construyendo consumidores ni reafirmando capitalistas, eso se paga y ya se ha pagado caro. Ha faltado una estrategia de educación política del pueblo y su consecuente organización y movilización. Los pueblos pasan factura si no se les alfabetiza políticamente. Estamos obligados a crear proyectos políticos de largo plazo.

El distanciamiento con las bases populares es causa también del retroceso. Una vez conquistado el poder tienden a olvidarse de las promesas de cambio.

¿Cuál es la diferencia con la derecha entonces? Esa pérdida de contacto con las masas crea un vacío que ocupan fuerzas de derecha populistas que «se pintan solas» como la alternativa.

No es un fenómeno de América, sino global. La historia demuestra que no se puede abandonar la lucha en las calles, de allí salieron todos esos movimientos y una vez en el poder han dejado de hacer política en las calles. Se trata de un desafío en el campo simbólico que sigue estando allí.

Los tiempos cambiaron, ya la política no se hace como en los 60 o los 70. Nuestros pueblos no quieren saber de los establishment, y en ese sentido utilizar las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) pudiera ser una excelente vía para romper esquemas.

Hasta el Papa habla de los influencer. La derecha se adaptó a ese escenario: Bolsonaro ganó en Brasil apoyado por los youtubers y las fake news difundidas por WhatsApp.

Macri dio clases de mercadotecnia en la campaña contra Scioli, robándose términos tradicionalmente utilizados por sus rivales. Su campaña digital fue uno de los secretos que lo llevó a la Casa Rosada.

Ante tanta ciencia no es posible seguir dando respuestas artesanales. Estamos luchando contra la industria del entretenimiento que tiene un presupuesto mayor que el propio Complejo Militar Industrial norteamericano.

En tal sentido, el mexicano Fernando Buen Abad ha reiterado su llamado a crear semánticas e imaginarios distintos a los del inicio de este siglo, porque estos ya no funcionan. A los pobres que esos gobiernos progresistas sacaron de la pobreza no les funciona el discurso de combatirla, porque ellos ya no lo son y se quedan esperando nuevas propuestas.

La pregunta es cómo continuamos la batalla. No hay más respuestas, debemos reconstruir la imagen de las izquierdas –izquierdas, porque hay que respetar ante todo su pluralidad– y reconfigurarlas más allá de un programa político.

El capitalismo no es eterno, ni tampoco lo sucedido en América Latina es un ciclo que pasa. Las condiciones para nuevas revoluciones siguen estando allí, pero eso hay que demostrarlo. Recomenzar y reconstruir proyectos creativos resulta esencial.

Los cubanos hemos sido un ejemplo de que con un pueblo consciente y preparado sí es posible transformar un país, aun en las condiciones actuales. Como una muestra les dejo nuestro Sí rotundo a la nueva Constitución. Sin dudas, queremos seguir jugando a lo perdido, sabemos que no ha pasado de moda la locura, y queremos seguir siendo zurdos más que diestros.

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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