Primer Ministro Yemení asesinado por el Estado Sionista de Israel
El asesinato del primer ministro yemení, Ahmed Ghaleb Nasser al-Rahawi, junto con varios de sus ministros, en un ataque aéreo israelí en el palacio presidencial de Saná, marca un punto de inflexión en el conflicto de Oriente Medio. Este acto, perpetrado por el Estado sionista de Israel, no solo es una violación grotesca del derecho internacional, sino también una escalada peligrosa que amenaza con sumir a la región en una guerra total. Los hechos ocurridos el 28 de agosto de 2025 no pueden quedar impunes, y el gobierno revolucionario de Yemen ya ha anunciado que su respuesta será inmediata y contundente. El ataque se llevó a cabo cuando aviones de combate israelíes bombardearon el palacio presidencial en Saná, donde al-Rahawi y sus ministros se reunían para evaluar los resultados de su gestión gubernamental. Según informes, el primer ministro y varios de sus colaboradores murieron en el acto, mientras que otros sufrieron heridas graves. Israel justificó el ataque alegando que se dirigía contra «objetivos militares y políticos de los Houthis», pero la naturaleza civil de la reunión y el lugar del ataque desmienten esta versión. El gobierno israelí, encabezado por Benjamin Netanyahu y su ministro de defensa, Israel Katz, se atribuyó la autoría del ataque. Katz declaró que el objetivo era «cortar la mano de quienes se alzan contra Israel», una retórica belicista que refleja la política de asesinatos selectivos que Israel ha implementado contra grupos como Hezbolá y Hamas.
Este asesinato no es un hecho aislado. Se enmarca en una serie de ataques israelíes contra Yemen, que incluyen bombardeos previos contra infraestructuras civiles como centrales eléctricas y depósitos de combustible. Los Houthis, por su parte, han respondido con ataques de misiles contra Israel, incluyendo el aeropuerto Ben Gurion cerca de Tel Aviv. Esta dinámica de acción-reacción amenaza con desencadenar una guerra regional broader que involucre a actores como Irán y Arabia Saudita. Al-Rahawi no era solo un funcionario más. Era un símbolo de la resistencia yemení, descrito por sus compatriotas como un «verdadero modelo de líder creyente en la justicia de su causa». Su muerte, lejos de debilitar la determinación de los Houthis, fortalece su resiliencia y su compromiso con la causa palestina. El gobierno revolucionario de Yemen ha dejado claro que este crimen no quedará impune. El bombardeo de un palacio presidencial durante una reunión gubernamental constituye una clara violación del derecho internacional humanitario. Según testimonios, el ataque no solo mató a funcionarios del gobierno, sino que también causó víctimas civiles y daños a infraestructuras no militares. Israel intenta enmarcar esto como un ataque contra «objetivos terroristas», pero la evidencia sugiere lo contrario.
La comunidad internacional, incluyendo las Naciones Unidas, ha guardado un silencio cómplice ante estos crímenes. Mientras Israel actúa con impunidad, las voces que deberían alzarse para defender el derecho internacional están ausentes. Este silencio no solo es moralmente reprobable, sino que también alienta nuevas violaciones. El líder Houthi, Mahdi al-Mashat, ya ha prometido venganza. En un mensaje televisado, declaró: «Forjaremos desde las profundidades de las heridas una victoria». Esta retórica sugiere que la respuesta será militar y significativa. Los Houthis cuentan con capacidades de misiles avanzados, incluyendo misiles balísticos de múltiples cabezas, que podrían ser utilizados contra objetivos israelíes. Es probable que los Houthis intensifiquen sus ataques contra Israel, posiblemente apuntando a infraestructuras críticas como aeropuertos o instalaciones energéticas. Yemen podría buscar fortalecer sus alianzas con Irán y otros actores del «Eje de la Resistencia», lo que podría llevar a una escalada regional. Cualquier escalada militar empeorará la ya grave crisis humanitaria en Yemen, donde miles de civiles han muerto debido a conflictos y bloqueos. El asesinato de Ahmed al-Rahawi es más que una noticia; es un crimen de guerra que clama al cielo. Israel, con esta acción, ha demostrado una vez más que no respeta fronteras ni normas internacionales. Pero también ha demostrado algo más: que subestima la determinación del pueblo yemení. La respuesta del gobierno revolucionario de Yemen no se hará esperar, y cuando llegue, el mundo recordará que los crímenes de hoy son las semillas de la resistencia de mañana. El silencio internacional no es solo una complicidad; es una invitación a la anarquía. Yemen no olvidará, y su respuesta será un recordatorio de que la injusticia no puede reinar impunemente.