Javier Bueno, el periodista olvidado
Tal día como hoy, en 1939, murió fusilado Javier Bueno, periodista imbatible, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid durante los años de guerra y activo militante socialista. Gracias a él, el periodismo español alcanzó una libertad de expresión insólita en la España de los años veinte y treinta; libertad de expresión que hasta entonces no existía, ya que políticos, caciques y oligarcas manejaban la información a su antojo (muchos pensarán que hoy los periodistas seguimos igual o peor que entonces, y no se equivocan).
Su militancia como periodista comprometido con la clase obrera lo llevó a participar activamente en la revolución de Asturias, donde resistió hasta el sanguinario final que impuso el general Francisco Franco (el tendencioso periodista Jorge Vilches ofrece en “la Razón” una aberrante información sobre la legítima sublevación obrera de Asturias). Encarcelado tras la brutal represión a que los presidentes Alejandro Lerroux y Alcalá-Zamora sometieron a los sublevados, los guardias de Asalto encargados de su custodia torturaron a Javier Bueno por su condición de periodista militante (la imagen muestra las huellas de su tortura con heridas en ambos brazos). Fue liberado dos años más tarde, cuando el pueblo español optó finalmente por la alternativa democrática que ofrecía el Frente Popular en las urnas y todos los participantes en la Revolución de Asturias fueron amnistiados.
Como director del diario “Avance” la edición fue secuestrada hasta 34 veces por los gobiernos de derechas en 1934, castigando su apoyo a la clase obrera con cuantiosas multas. Apoyó activamente el independentismo catalán, afirmando desde su periódico que «Si Cataluña llevántase, nun se va llevantar sola” (Si Cataluña se levanta no lo hará sola) lo que lo convierte también en un imbatible luchador por el polemico derecho a la independencia de los pueblos de España.
Cuando los militares traidores a su patria se sublevaron contra la legítima Segunda República en 1936, Javier Bueno luchó contra el fascismo en la guerra civil española. Fue herido en el 1937 y volvió a primera línea en cuanto se recuperó. La derrota republicana lo cogió en Madrid, donde se mantuvo defendiendo la capital hasta el último momento y fue apresado por los falangistas.
El 26 de septiembre, estando detenido en la cárcel de Porlier, fue condenado a muerte por un tribunal de jueces carroñeros que quisieron convertir su ejecución en un escarmiento contra todos aquellos periodistas que siguieran luchando por la libertad de expresión desde la resistencia. Fue fusilado en la madrugada del 26 de septiembre de 1.939.
Hasta ahora no he encontrado a ninguna Asociación de la Prensa que haya dedicado un homenaje a este imbatible luchador por un periodismo serio, libre y comprometido. Ni siquiera la de Madrid, cuya presidencia ocupó durante tres años. Malos tiempos para la libertad de expresión los que corren en España.