José Haro Hernández •  Opinión •  01/04/2026

Los valores de Europa son los del imperio

Úrsula Von der Leyen la lió parda el pasado 9 de Marzo cuando, implícitamente, secundó el proceder de Trump y Netanyahu en Irán al afirmar que Europa ya no puede confiar en un mundo basado en reglas y que la política exterior de la UE ha de centrarse en sus intereses.

Una serie de voceros europeos se apresuraron a corregirla y ella misma, en un par de días, recogió cable. Hay que ser muy ingenuo para pensar que esas declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea fueron un simple calentón del que después tuvo que desdecirse: desde hace bastante tiempo, la UE es el brazo político de la OTAN y toda su política está orientada a dar satisfacción a los intereses de su socio y jefe del otro lado del Atlántico. 

Y eso es así desde mucho antes de que Trump accediera, por primera vez, a la presidencia de EEUU. Podríamos decir que el punto de inflexión a partir del cual Europa comenzó a dejar de ser ese ‘jardín’ rodeado de un mundo fallido se sitúa en el momento en que Bruselas, plegándose ante Washington y Londres, y como culminación de la expansión de la OTAN hacia el este, se apunta a la guerra contra Rusia utilizando a Ucrania como proxy.

A partir de entonces, saltaron por los aires los llamados ‘valores europeos’: la distensión y el comercio con Moscú, la neutralidad ante los conflictos en los que EEUU se metía, la primacía del Derecho Internacional sobre la ley de la selva en las relaciones internacionales y el propio marco de derechos y libertades que sostenían los fundamentos de la unidad europea.

En Ucrania, se vio abocada a apoyar a un régimen que la propia Comisión Europea calificó en su día como corrupto e incompatible con el Estado de Derecho, por lo que su ingreso en la UE era vetado reiteradamente; avaló las maniobras de Kiev, bajo impulso británico y norteamericano, destinadas a hacer fracasar los acuerdos de paz con Putin en Minsk y en Estambul.  Llegó incluso a renunciar a la energía barata y abundante procedente de Rusia, con el humillante episodio de la voladura de los gasoductos Nord Stream de por medio, propiciando con ello una situación de declive industrial en Alemania y otros países europeos.

Esta militarización de Europa, subsumiéndose en los planes estadounidenses para desestabilizar Rusia como medio para llegar hasta China, alteró toda la arquitectura social y política del continente. Así, se avanza en la demolición del Estado del Bienestar, iniciada con la crisis financiera, a través de la dedicación de recursos ingentes para el rearme: 800.000 mil millones de euros planteó la Comisión Europea como objetivo comunitario de gasto militar. Y en esa tarea están todos los países europeos, incluida España, que firmaron ante el emperador destinar un 5% de su PIB a Defensa.

También acataron la orden imperial de comprar armas y energía caras en grandes cantidades a EEUU, lo que no podía traer otra consecuencia que la de debilitar sus economías. Unos aranceles asimétricos impuestos por Trump daban la puntilla a la cohesión social europea.

En este contexto destaca la complicidad, expresa o tácita, de las principales capitales de la UE con el genocidio de Gaza. Éstas asumen plenamente el proyecto sionista del Gran Israel a costa de los derechos humamos de los palestinos y de la paz en Oriente Medio. Una consecuencia del respaldo a esta política criminal ha sido el cercenamiento de las libertades: miles de detenciones de ciudadanos y ciudadanas europeas por protestar frente a la barbarie que se desarrolla en Oriente Medio con el apoyo de quien manda en la OTAN. Y en lo tocante a la actual guerra de Irán, si bien Europa ha dicho que no a acudir a las trincheras junto a estadounidenses e israelíes, en ningún momento ha dejado de prestar apoyo logístico, a través de las bases americanas, a la agresión contra el país de los persas.

En lo tocante a la política económica y social, y como no podía ser de otra manera cuando los recursos se canalizan hacia las armas, irrumpen la austeridad y los recortes en un marco en el que los oligarcas tienden a pagar cada vez menos impuestos. La consecuencia es el hundimiento de los servicios públicos, el agravamiento del problema de la vivienda, el deterioro irreversible de las infraestructuras y el crecimiento exponencial de la desigualdad, aspectos en los que destaca nuestro país.

Como muestra de ello, los fondos para la Política Agraria Común (PAC) se reducen en más de un 20% en el presupuesto 2028-2034, mientras que la partida militar se multiplica por 5. Por su parte, el Pacto Verde Europeo está quedando bastante desnaturalizado en materia de  transición energética y en la aplicación de medidas para la sostenibilidad ambiental. 

Si nos adentramos en la cuestión migratoria, no resulta exagerado afirmar que Bruselas ha asumido buena parte del discurso de la ultraderecha al externalizar la gestión del fenómeno y relegar a las personas migrantes a  centros de detención ubicados fuera de las fronteras de la UE. 

 Como se puede apreciar, queda ya muy poco de esa Europa social, ‘baluarte de la civilización’, de la que tanto se ha presumido. Lo que ha ocurrido es que el imperio, en su decadencia, ha llamado a rebato a sus vasallos y les ha ordenado que se pongan al servicio de una política criminal para librar con éxito una batalla contra el Sur global que tienen perdida de antemano.

Lo que ha hecho Úrsula es expresar con sinceridad una posición que, en realidad, comparten las principales familias políticas europeas: liberales, conservadores y socialdemócratas. Ocurre que contarle la verdad descarnada a la gente puede ser muy traumático y descorazonador, además de muy poco rentable electoralmente. De ahí las enmiendas posteriores a sus palabras por parte de unas élites que sólo pueden presentar a sus pueblos un horizonte de guerra y pobreza. Salvo que rompan sus lazos políticos, económicos y militares con los psicópatas que están llevando el mundo hacia el precipicio. joseharohernandez@gmail.com


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