De la pasividad progresista de Boric a la proactividad neoliberal de Kast
Han pasado apenas unas semanas desde que José Antonio Kast asumió la Presidencia el 11 de marzo de 2026, y ya se percibe con bastante claridad un contraste marcado respecto de los primeros meses del gobierno de Gabriel Boric en 2022, caracterizados por una pasividad que terminó sepultando la posibilidad de transformación del país.
Lo menciono porque, mientras el relato oficialista del gobierno de Kast se construye en torno a un “gobierno de emergencia” destinado a impulsar una agenda neoliberal y securitaria, el inicio del mandato de Boric quedó marcado, en cambio, por una pasividad estratégica y sin relato claro. Muchos interpretamos esa actitud como una cautela excesiva, condicionada al resultado del proceso constituyente.
De ahí que, si bien Gabriel Boric llegó al poder con un programa que prometía cambios importantes en diversos ámbitos, durante sus primeros seis meses la agenda legislativa se centró en iniciativas relevantes pero acotadas. Las reformas estructurales más ambiciosas —como la reforma tributaria profunda o la de seguridad social— se enviaron o impulsaron con mayor fuerza recién cerca del plebiscito de septiembre de 2022.
Esta espera no fue casual. El gobierno de Boric ató en gran medida su destino político al éxito del proceso constituyente. La idea implícita era que una nueva Constitución otorgaría la legitimidad y las herramientas necesarias para avanzar en una agenda transformadora con menor resistencia. Fue una torpeza estratégica, ya que generó el efecto contrario: aumentó la desconfianza de la ciudadanía hacia el Estado, lo que contribuyó al rechazo de la propuesta constitucional.
Ese golpe obligó al gobierno de Gabriel Boric a realizar un reajuste posterior y adoptar un discurso securitario y de no confrontación con los grandes grupos económicos y extractivistas. Ese giro derivó en un relato de estabilización y normalización del país, que terminó enterrando la posibilidad de un gobierno progresista transformador.
En cambio, Kast ha desplegado en estas primeras semanas una serie de medidas concretas: ajustes fiscales, desregulación y un fuerte énfasis securitario. Entre ellas destacan la neutralización del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), el retiro de 43 decretos medioambientales, la reducción del impuesto corporativo y al impuesto a las herencias, límites a la gratuidad, el retiro del proyecto de negociación ramal, la construcción de zanjas en la frontera y la eliminación del Plan Nacional de Derechos Humanos.
Se podrá argumentar que el gobierno de Kast cuenta con un Congreso más favorable que el que tuvo Boric, lo cual es cierto. Sin embargo, el gobierno anterior disponía de un proceso constituyente en curso, una oportunidad histórica que se desaprovechó por exceso de prudencia y temor. En lugar de impulsar su propia agenda con decisión, el gobierno delegó gran parte de su destino en lo que ocurriera en la Convención Constitucional.
Por el contrario, el gobierno de Kast ha impuesto una retórica simple, repetitiva y enfocada en el orden, el crecimiento económico y la corrección de lo que describe como una herencia de “despilfarro” y “desorden”. Ha llegado incluso a mentir sin complejos para justificar sus fines, afirmando que el país se cae a pedazos bajo Boric y que el Estado se encuentra quebrado, apostando así a una restauración conservadora.
Uno podrá no gustarle y rechazar todo lo que está impulsando José Antonio Kast, pero lo innegable es que lo hace sin complejos ni temores, impulsando su agenda neoliberal con determinación. Muy distinto a lo ocurrido con el gobierno de Gabriel Boric, que no fue capaz de instalar un relato transformador propio y dependió excesivamente del resultado del plebiscito de 2022, lo que lo llevó a un giro estabilizador.
Ante esto, el desafío para los progresismos y los movimientos sociales será reconstruir una alternativa que combine urgencia en la gestión con profundidad transformadora, sin caer en las trampas de la espera pasiva ni en la mera reacción defensiva. Mientras tanto, el país observa cómo el relato dominante ha pasado, en pocas semanas, a la ofensiva del mercado y el orden portaliano.
*Andrés Kogan Valderrama.
Sociólogo.
Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea.
Diplomado en Masculinidades y Cambio Social.
