De Hugo Chávez a Sovintern: El camino que caminamos hacia una nueva primavera para el mundo
“Ya no hay sendas que puedan volver atrás…atrás…La alegría de un mundo mejor, vendrá…vendrá”
En Moscú, no solo recibirá la primavera climática, sino el nacimiento de una herramienta de lucha que abraza el pasado para proyectar un futuro donde la soberanía no sea un delito, permitiendo que el sendero trazado por los mártires de aquel abril dominicano y los líderes revolucionarios contemporáneos, se convierta en la ruta definitiva hacia esa emancipación universal que ya no tiene caminos para volver hacia atrás.
La historia de los pueblos oprimidos se escribe con la tinta de la resistencia y el anhelo inquebrantable de una libertad que parece siempre florecer en los momentos de mayor oscuridad, porque la memoria de las luchas pasadas se entrelaza con las esperanzas del presente para proyectar un destino común que trascienda las fronteras impuestas por el capital y la guerra.
Este trayecto que hoy nos convoca en Moscú encuentra sus raíces en el sacrificio heroico de naciones y pueblos que, como la República Dominicana en aquel abril de mil novecientos sesenta y cinco, se atrevieron a desafiar al gigante del norte para buscar su propia senda democrática, demostrando que ni los cañones ni la propaganda distorsionada pueden apagar la llama de una voluntad popular decidida a redimirse.
Desde el legado integrador de Hugo Chávez hasta la próxima cita en Moscú bajo el nombre de Sovintern, se percibe un movimiento telúrico que busca aglutinar las fuerzas progresistas en una plataforma política moderna, capaz de enfrentar el declive moral de un occidente unipolar que ya no ofrece estabilidad sino exclusión, neocolonialismo y un peligroso abismo ambiental para la humanidad.
El eco de abril en la geopolítica actual
El eco de los fusiles constitucionalistas de mil novecientos sesenta y cinco resuena hoy con una vigencia asombrosa en cada intento de soberanía que florece en el sur global, porque aquel esfuerzo del pueblo dominicano por rescatar su institucionalidad frente a la bota extranjera, estableció un precedente de dignidad que no ha podido ser borrado por décadas de manipulación mediática imperial.
La Revolución de Abril no fue un evento aislado en la cronología del Caribe sino el despertar de una conciencia colectiva que, como bien señaló el profesor Juan Bosch, fue ahogada por montañas de barcos y aviones para impedir que una nación pequeña decidiera su destino, marcando así el inicio de una ruta de resistencia que hoy encuentra continuidad en el horizonte que augura Sovintern.
Aquella primavera interrumpida en Santo Domingo busca ahora su plenitud en un escenario mundial donde la periferia política de las grandes potencias se hace más evidente que nunca, tal como lo advirtiera Fidel Castro al denunciar la incapacidad de los opresores para disfrazar sus acciones criminales contra los pueblos que se atreven a soñar con una organización social basada en la equidad.
De la nostalgia a los bolcheviques digitales
El camino que caminar se nutre de esa memoria histórica para proponer en Moscú una alternativa real frente al declive de un modelo que solo ofrece violencia, rescatando los valores de la educación universal y la salud gratuita que fueron pilares de la civilización soviética y que hoy deben ser defendidos por los bolcheviques digitales en las redes de la información.
Esta nueva articulación política del socialismo del siglo veintiuno no nace de un vacío histórico, sino del diagnóstico de una crisis moral en occidente que concentra la riqueza en una cúspide cada vez más estrecha, frente a una resistencia que enfrenta con saña a naciones que, como la heroica Cuba, sufren un bloqueo criminal utilizado como herramienta de dominación estratégica.
La cita de finales de abril en la capital rusa pretende ser el epicentro de un sismo ideológico que transforme la nostalgia en una estructura de poder interactiva y multilingüe, donde la cooperación sustituya definitivamente a la explotación para evitar que la civilización caiga en el abismo peligroso al que nos conducen las fuerzas imperialistas desesperadas por su pérdida de hegemonía global.
La unidad necesaria para un mundo mejor
“La alegría de un mundo mejor, vendrá…vendrá”, que vaticinaba la lírica del fenecido poeta, y combatiente de abril, René del Risco Bermúdez, se hace tangible cuando las fuerzas anticapitalistas deciden abandonar las pequeñas diferencias tácticas para unirse en una estrategia común, pues solo mediante la convergencia de los partidos socialistas de todos los continentes podremos garantizar que la paz triunfe sobre la barbarie y el odio de los opresores.
La construcción de esta internacional interactiva requiere una gimnasia diplomática monumental que logre consolidar esa red de resistencia política verdaderamente adaptada a la era de la información, superando las barreras geográficas que históricamente limitaron la coordinación de la izquierda para convertir el lema de cooperación en una realidad palpable que devuelva la esperanza a las mayorías trabajadoras del norte y el sur.
Moscú no solo recibirá la primavera climática sino el nacimiento de una herramienta de lucha que abraza el pasado para proyectar un futuro donde la soberanía no sea un delito, permitiendo que el sendero trazado por los mártires de aquel abril dominicano y los líderes revolucionarios contemporáneos, se convierta en la ruta definitiva hacia esa emancipación universal que ya no tiene caminos para volver hacia atrás.
