Rafael Fenoy Rico •  Opinión •  31/01/2026

Ya huele a elecciones

Acercándose a los 50 años de “democracia”, la liturgia de los anuncios de inversiones, proyectos faraónicos, promesas de creación de puestos de trabajo… se ha consolidado.  Y se maneja la cifra de 50 años, porque los 40 años anteriores, al dictador no le era preciso prometer nada. Mandaba y ¡a callar! Las personas que comenzaron a vivir las campañas electorales, ya entrado el siglo XIX, recibieron promesas, tras promesas, y en el acervo popular se instalaron chistes de lo más variado. Por ejemplo, aquel en que el diputado, llegado al pueblo, se dirige en el mitin al vecindario prometiendo el “puente deseado”, y lo repite una y otra vez, hasta que desde el público una voz dice: ¡Pero si este pueblo no tiene río!, a lo que le responde con energía el diputado: ¡Pues también le traeremos un río! O este otro más actualizado. El diputado, en campaña electoral, se dirige a una pedanía y ante un auditorio de pocas personas, ya que el “glamour” electoral hace años se desvaneció, les preguntó: —Digan Vds. qué necesitan para que, una vez me apoyen y sea elegido, pueda atender sus necesidades.  Le responde uno de los presentes: —Pues mire Vd., necesitamos solo dos cosas.  El diputado en campaña le dice: ¡Venga, ya me están diciendo la primera de esas dos necesidades! Le responde el vecino:  La primera es que venga a la pedanía un médico aunque sea unos días, ya que tenemos que ir a un ambulatorio bastante lejano. El diputado en campaña muestra cierta indignación. Coge rápidamente su móvil e inicia una conversación con un alto responsable del servicio público de salud. Los presentes le oyen decir: ¡Pero, Bonilla, cómo puede Vd. tener a estas personas tan desatendidas!  ¡Esto es indignante!  ¡Ya me está Vd. mandando sin falta un médico a esta pedanía, todos los días!  ¡Que no me entere de que estas magníficas personas votantes quedan desasistidas!  Se lleva el móvil al bolsillo de la chaqueta y, dirigiéndose a los presentes: —Díganme ahora la segunda necesidad.  El vecino le responde: —Pues la segunda es que no tenemos cobertura de móvil en esta pedanía. 

El esquema infantil, hasta donde se pueda imaginar, es tan simple que sorpresa suscita cuando, ante tanta mentira evidente, las gentes sigan confiando su voto en quien tanto les miente. Que se va a hacer un centro de mayores, que se van a arreglar las carreteras, que los autobuses municipales vendrán cada cuarto de hora de lunes a domingo, que el parque infantil estará hecho en dos semanas, que la barriada contará con un dispensario médico bien dotado, que los jardines y zonas de recreo estarán limpios y cuidados, que se pintará y arreglará el techo del colegio de infantil y primaria… —¡Ah! Que no se nos olvide: construiremos 5000 o mejor 10000 viviendas públicas… que los mayores, todos tendrán ayuda a domicilio, que la policía local estará fija en el barrio, que las matronas y aliviaderos se repararán para evitar inundaciones, vertidos molestos e insalubres,  que ya se va a instalar en la zona una megaempresa que prácticamente reducirá el paro a la nada…  Y un listado de promesas, prometidas, que prometen un entorno idílico y muy satisfactorio, a cambio, eso sí, del voto. 

Se vota. Obtienen el poder preciso para cumplir las promesas y es entonces cuando “donde he dicho digo, posiblemente fuese Diego”. Y pasan semanas, meses…  Las asociaciones vecinales que han ido tomando nota de todo lo prometido comienzan a interesarse por esas realidades anunciadas. Y primero les dicen que sí, que están en ello, que no desesperen, pero es que  ¡con tanta deuda de los anteriores…!  Y las asociaciones vecinales se preguntan: ¿a qué anteriores se refieren, si los anteriores eran ellos mismos? En fin, un misterio que solo la psicología puede explicar: esta disociación, este desdoble de personalidad. Aunque hay quien sigue pensando que los que están gobernando desde hace años son buena gente, que ellos quisieran hacer todo lo que prometen, pero es que no pueden. ¡Qué bien se vive siendo una persona ingenua! Sin experimentar la sensación de que se burlan en su cara, que no le tienen el menor respeto, de que saben que al ser tan buenos, “se les puede llevar al huerto” cuando se quiera y desee. Aunque en su ingenuidad padecen a diario la falta de servicios públicos, la suciedad de sus calles, el abandono de sus zonas ajardinadas, la inexistencia de parques, jardines de infancia, pistas deportivas, centro de mayores, dispensarios médicos cercanos y que la ayuda a domicilio nunca llega después de años solicitada, que su salario, cuando se tiene el escaso trabajo digno,  no le da para vivir, que las listas de espera para que el especialista les vea son interminables, que ven como personas vecinas suyas mueren antes de ser atendidas… En fin que padecer, padecen…  -Pero mire Vd. podríamos estar mucho peor.  Y entonces es que da igual todo absolutamente.  Porque, entre quienes mandan, hay los que saben que con cara de “buena voluntad” se va hasta Roma. A la nueva Roma, la ciudad dorada, la que permite la paga, cuasi vitalicia, incluso permite el trampolín a otras mejores empresas que permiten ganar más, tener más influencia, poder hacer negocios jugosos…

Ya huele a elecciones y el aparato de nuevas mentiras está preparado y se ha ido perfeccionando con el tiempo, ya que las hemerotecas, los podcast, retienen las promesas del pasado y no vayan a repetir las mismas mentiras, aunque a veces, por error, sí lo han hecho, pero como al final no ha pasado nada, posiblemente en la próxima campaña se colará alguna de las anteriores. ¡Sin problemas!, porque estas gentes se lo tragan todo.


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