La doctrina Donroe y la indignidad de Occidente
Podemos ver a una oposición venezolana arrodillada y arrastrándose ante Donald Trump que festeja la entrega de la soberanía de Venezuela a los EEUU.
La ultraderecha vendepatrias de América y Europa defiende los intereses de EEUU por encima de los de su propia nación, y sirven a Trump como lacayos, como siervos del autoproclamado emperador del mundo.
Los que están de rodillas o se arrastran como a gusanos ven a Donald Trump como a un gigante, cuando es un enorme ignorante, un mediocre con poder con pies de barro rodeado de otros mediocres de ultraderecha.
El propio Donald Trump ha dicho: «Yo soy un dictador, a veces se necesita». Un dictador en EEUU que empuja a norteamerica hacía una guerra civil y que dice que va a exportar democracia a otros países no es creíble porque miente.
Trump recupera la política exterior del presidente James Monroe de «Estados Unidos para los estadounidenses», con la que el país declaraba en 1823 su intención de resguardar a la región del avance de las potencias ajenas al continente.
«Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental», dice el nuevo documento que llama a este enfoque «corolario Trump a la doctrina Monroe»
Donald Trump vuelve a poner a América Latina en el centro de su política exterior. Con un giro discursivo que mezcla historia y marca personal, el presidente estadounidense ha rebautizado la vieja doctrina Monroe como doctrina ‘Donroe’.
Con la doctrina Monroe EEUU decidió que América Latina era su patio trasero. Un principio nacido en 1823 que sigue justificando golpes, bloqueos y tutelas imperiales dos siglos después
La llamada doctrina Monroe no fue un gesto emancipador ni una defensa sincera de la soberanía latinoamericana. Fue, desde su origen, una declaración de poder imperial. En 1823, el presidente James Monroe proclamó que “América es para los americanos”, una frase aparentemente defensiva que escondía una advertencia clara: Europa fuera, Estados Unidos dentro y mandando.
Pero lo que realmente quiere decir la doctrina Monroe es América para los americanos, pero para los americanos del norte.
En 1904, con Roosevelt, el mensaje se volvió explícito: Washington se reservaba el derecho de intervenir en cualquier país latinoamericano si consideraba que había “desorden”.
Desde entonces, la doctrina ha servido de coartada para golpes de Estado, invasiones, bloqueos y dictaduras. Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Chile (1973), Panamá (1989). No son excesos puntuales, sino la aplicación constante de una misma lógica. La soberanía latinoamericana pasó a ser condicional a estar en manos de los EEUU, su voluntad, y sus intereses.
Cuando Estados Unidos sanciona, amenaza o asfixia a países como Venezuela o Cuba, no improvisa. Repite una doctrina con más de 200 años de historia. Cambia el lenguaje (democracia, seguridad, estabilidad), pero el esquema de dominación sigue siendo el mismo.
La posición de la derecha mundial e incluso de la socialdemocracia es de vergüenza ajena, de indignidad absoluta, de sometimiento ante el nuevo Adolf Hitler que amenaza al mundo, y comete los mismos errores no enfrentándose al fascismo y permitiendo que crezca y se expanda como un cáncer maligno.
