Rafael Fenoy Rico •  Opinión • 30/04/2020

Salir de Guatemala para caer en Guatapeor

No se enteran, o no se quieren enterar. Las dos posturas representan la incapacidad para gobernar en esta situación de emergencia y alarma.  Si no se enteran es porque no tienen capacidad para ver lo evidente. Parece increíble que exista un solo ser humano, inteligente, que no se haya enterado. Sobre todo a estas alturas donde la catástrofe climática -anunciada proféticamente hace ya varias décadas, por unos pocos científicos visionarios o alarmistas- se han convertido en el objeto de nada más y nada menos que 25 cumbres climáticas y vamos por la 26 en Hamburgo a celebrar próximamente. Y es que no hay duda de que es real el cambio climático y de que ya está afectando a todos grandes ecosistemas que son responsables del clima en la Tierra.

Y si los gobernantes del mundo mundial, sobre todo del primer mundo, que es el responsable del 90% de la contaminación, no se enteran, no es porque no tenga capacidad de comprender las nefastas consecuencias que ese cambio produce ya, y producirá en mayor medida a corto plazo. Estos magnates de las finanzas, del petróleo, de las grandes corporaciones, de los gobiernos, es que no se quieren enterar, porque su codicia les ciega para ver lo evidente. Sin ir más allá, los polos se derriten a una velocidad mucho mayor de la más pesimista prevista. En estos días una extensa masa de hielo de casi 6000 kilómetros cuadrados se ha separado de la Antártida para fundirse en el mar. Y no es una ficción como la que Julio Verne describió en su novela publicada en 1873 “El país de las Pieles”.  

Para ellos la cita, con el desmantelamiento de las industrias contaminantes y el inmediato cese del consumo de combustibles fósiles, se demora día tras día, para intentar amasar un cuarto de dólar, o euro, más en sus cuentas de resultados. Con ello abocan al mundo al holocausto y saben bien lo que hacen.

Desde que la Pandemia ha tomado las portadas, durante meses, de todos los informativos, los gobiernos están para mantener confinada a sus pueblos aplicando medidas sanitarias para frenarla. Pero no ha quedado más que frenar la producción a gran escala y ello ha provocado inmediatamente la mejora de la calidad del aire de vastas zonas geográficas altamente contaminadas.

La población, que padece esta situación, se ha percatado de que tomando decisiones de gran calado es posible reconducir las graves consecuencias del cambio climático. Y ha comenzado a tomar conciencia de que la gravísima amenaza sobre la humanidad no reside en el COVI-19. Porque no frenar el cambio climático, y ahora es el momento de pararlo en seco, lleva necesariamente aparejadas otras pandemias tanto o más dañinas que la actual.

Porque en estos momentos, con el sistema productivo contaminante paralizado y la reducción drástica  del consumo  de combustibles fósiles, es más que posible afrontar medidas eficaces para reorganizar tanto la producción como el consumo relacionado con la contaminación. Ahora, que se habla de salir de confinamientos, convendría hacerlo para evitar seguir destruyendo lo bueno de este Planeta.


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