El “sueño americano y America first se desvanecen”
En medio de una nueva escalada en Oriente Medio y un endurecimiento de la política comercial, el emperador de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta señales diversas en el frente interno, como caídas en diversas encuestas, gran incertidumbre económica entre los ciudadanos y un deterioro creciente de la imagen del país en el exterior, todo producto de los nefastos aranceles y la agresión brutal a Irán.
La crisis económica y social que vive Estados Unidos se caracteriza por una marcada «K-economía», donde la riqueza se concentra en sectores altos y tecnológicos (1%), mientras la clase media y baja sufren con salarios estancados, inflación persistente y deuda creciente. Esta desigualdad estructural esta generando malestar social, crisis de vivienda, altos índices de pobreza y desigualdad social, además de una aguda polarización política.
Datos recientes de Ipsos, difundidos por Reuters, apuntan a un descenso en los niveles de aprobación del emperador Trump. El retroceso tiene varias aristas y está vinculado con las deportaciones de inmigrantes al estilo nazi, al secuestro del presidente de Venezuela y su Sra., las amenazas y agresiones al pueblo de Cuba, el deterioro de sus relaciones con Europa, el aumento de tensiones crecientes ante la guerra contra Irán y la suma de impactos acumulados con los aranceles comerciales, que han encarecido los bienes de consumo diversos en el mercado estadounidense.
Para muchos ciudadanos, la geopolítica se traduce en cuestiones cotidianas, el precio de la gasolina-gas, la cesta de la canasta básica y el acceso al crédito. Además, la combinación de desconcierto internacional y las medidas proteccionistas han contribuido a subidas inflacionarias que afectan especialmente a los sectores sociales con menor poder adquisitivo. “Cuando sube todo a la vez, la percepción cambia rápido”, señala un analista económico en Washington. “No importa tanto el discurso estratégico como el efecto directo en la vida diaria de las familias”. Este fenómeno ha sido históricamente determinante en la política estadounidense, el comportamiento electoral suele responder más a los efectos de la economía doméstica que a la relevancia de su política exterior agresiva
A esto se suma un elemento menos tangible pero igualmente significativo, el desgaste social ante nuevos escenarios bélicos en que se involucra directamente los EE.UU. Tras décadas marcadas por intervenciones en Oriente Medio y otros países, gran parte de la población muestra reticencia a que el país se vea involucrado en conflictos prolongado. Este sentimiento recuerda, en cierta medida, al clima posterior a la guerra de Iraq, cuando el apoyo inicial a la intervención dio paso a un creciente escepticismo, pues el pueblo americano no obtuvo ningún beneficio directo, solo grandes corporaciones extranjeras ligadas al negocio del petróleo han obtenido jugosas ganancias.
En paralelo, diversos medios y analistas coinciden en que la percepción global de Estados Unidos se encuentra muy afectada. Las amenazas al mundo, las agresiones militares y la política arancelaria han tensionado relaciones con aliados tradicionales y reforzado el sentimiento antiimperialista de muchos pueblos del mundo.
Sin embargo, esta erosión externa no siempre influye de forma directa en la política interna. A lo largo de la historia reciente, episodios de confrontación internacional han coexistido con aumentos relativos de apoyo ciudadano, especialmente entre sectores de derecha que priorizan la seguridad nacional y la soberanía económica.
De allí que el principio de “America First”, eje del discurso político del emperador Trump, se va deteriorando progresivamente y se aleja del debate. Para sus críticos, los acontecimientos recientes evidencian una contradicción entre la fanfarronería, el eslogan y sus consecuencias económicas. Para el 1% más rico, en cambio representan una reafirmación de la defensa de los intereses de la oligarquía nacional. Esta dualidad refleja la profunda polarización del país, donde un mismo hecho puede generar interpretaciones diversas y según como afecte a los ciudadanos del país y el llamado “sueño americano”.
Por ahora y más allá de la coyuntura política, emerge una cuestión estructural, la percepción de que el American Dream (sueño americano) es cada vez más difícil de alcanzar. El aumento del costo de vida, la dificultad de acceso a la vivienda y el endeudamiento han alimentado una sensación de estancamiento que precede a la actual crisis, pero que podría verse intensificada por ella y que refleja que el capitalismo estadounidense se encuentra en pleno declive y sin respuesta para los grande problemas socioeconómicos del pueblo americano.
Aunque los datos actuales apuntan a un desgaste político creciente, los expertos advierten que las encuestas en contextos de alta tensión suelen ser algo volátiles. La evolución de la brutal agresión a Irán, el comportamiento de la economía y la narrativa política en los próximos meses serán determinantes, en el resultado de los acontecimientos e incluso en los resultados de las elecciones de medio mandato en noviembre del presente año.
Por ahora, Estados Unidos se encuentra en un punto de inflexión, donde política exterior, economía y percepción social convergen, redefiniendo no solo el deteriorado liderazgo político, sino también el ánimo de toda una nación.
Finalmente cabe destacar que los problemas internos de Estados Unidos son diversos y ante el desvanecimiento de eso de America First y el Sueño americano, el emperador Trump declaró que Irán ya estaba muerto y ya no es la principal amenaza, afirmo Trump en su Trust Social y que el “mayor enemigo de Estados Unidos es ahora “la izquierda radical y el Partido Demócrata”. ¿La pregunta que se puede hacer al respecto es si “las palabras de Trump fueron un llamado a enfrentar a sus enemigos políticos con la guerra civil en un país altamente polarizado y producir el ocaso final?”
