Dos orillas y un mismo verbo: El fenómeno de Bregman y Rufián
En una era donde la desilusión con la partidocracia liberal ha mutado en una apatía peligrosa o en el ascenso de extremismos de derecha, han surgido figuras que rompen el molde del político acartonado. En Argentina, Myriam Bregman; en el Estado español, Gabriel Rufián. Ambos han logrado algo que parecía improbable en la política del siglo XXI: que el discurso de izquierda vuelva a ser punzante, temido y, sobre todo, creíble. Lo que une a Bregman y a Rufián no es solo su escaño en el Congreso o su militancia, sino su capacidad estratégica para decir las cosas claras. En sociedades hartas del eufemismo técnico y la promesa vacía, ellos utilizan el lenguaje de la realidad cotidiana sin perder la profundidad ideológica.
Rufián revolucionó la política española con intervenciones cargadas de ironía y una síntesis demoledora, desnudando la hipocresía de las élites y la derecha rancia con una frase o un objeto cotidiano. Por su parte, Bregman, con una coherencia férrea, ha demostrado que se puede ser una abogada defensora de los derechos humanos y, al mismo tiempo, una oradora implacable que deja en evidencia la fragilidad de los discursos reaccionarios. No es casualidad que ambos sean los blancos predilectos de la derecha: les temen porque no pueden asimilarlos. Se han convertido en figuras mediáticas que no dependen del aparato tradicional, sino de una autenticidad que funciona como un imán para unas bases militantes que estaban huérfanas de referentes valientes y combativos.
Sin embargo, el reto actual trasciende la retórica. Mientras Gabriel Rufián ha sido una voz fundamental en proponer un frente popular antifascista en España, entendiendo que contra el avance de la reacción no sirven los purismos sino la unidad de acción, Myriam Bregman se encuentra ante una encrucijada histórica similar. Tras consolidarse como la voz más lúcida de la izquierda argentina, el desafío es dar ese mismo paso: liderar una convergencia amplia que sea capaz de derrotar al fascismo en las calles y en las urnas. La revolución de las bases que ambos han iniciado solo tendrá éxito si logra cristalizarse en una alternativa real de poder, demostrando que la izquierda no solo tiene la razón, sino también la audacia para vencer.
