Kintto Lucas •  Opinión •  26/01/2026

Camilo

Del libro «Mi viaje a Ítaca»

Más allá de Macondo hay otras realidades que se fueron construyendo en medio de desigualdades e injusticias casi endémicas. Desigualdades que venían de atrás y fueron instalándose en los distintos caminos de Colombia. Injusticias que se fueron creando en medio de las desigualdades, de la tierra en pocas manos, del olvido de los campesinos y de los pobres de la ciudad. El pelotón de fusilamiento del Coronel Aureliano Buendía, finalmente es solo un pelotón más en la historia de Colombia.

La guerra entre conservadores y liberales por el poder político y económico tenía en medio a un pueblo que cierto día buscó asumir su protagonismo, creyendo que podría terminar con las desigualdades y las injusticias. Un pueblo que quería la paz, pero la guerra fue invadiendo el camino y luego fue el propio camino, mientras los poderes nacionales y extranjeros diseñaban el destino de Colombia. 

En ese camino, perdido y encontrado tantas veces desde la muerte de Jorge Eliecer Gaitán en 1948, surgieron caminantes que dejarían marcados sus pies en la vida de ese país, como el cura Camilo Torres aquel 15 de febrero de 1966. 

No hubo cuerpo para velar, pero su nombre quedó en los caminos de la América Latina. “Para entender a Camilo hay que situarlo integralmente, no solo como el cura guerrillero. Eso es circunstancial en su vida. Es el sacerdote, el sociólogo, el político  el revolucionario y el guerrillero”, dice su amigo Gustavo Pérez Ramírez. “Un símbolo del compromiso de los cristianos en una transformación de la sociedad”.

La historia de este cura revolucionario quedó grabada en una hermosa canción titulada «Cruz de Luz», creación del cantautor uruguayo Daniel Viglietti. Pero en este momento me gustaría escuchar la versión de Chavela Vargas que supo interpretar con una fuerza y una ternura extraordinarias esa canción que relata una pequeña historia en el camino de Colombia, una gran historia.


Opinión /