Ayote en rapadura
A Milvia la entregaron a los doce años a un hombre de treinta seis que ya se había separado tres veces y tenía en total siete hijos. Era bien sabido que golpeaba a las mujeres con las que convivió y que cuando se cansaba de ellas solamente se iba y no volvía más, dejando a las madres y a sus hijos en el olvido total. Cliente habitual del bar Rojo, el único en el municipio. Sus borracheras no tenían ni día ni horario, pero eso al padre de Milvia no le importó porque el futuro yerno lo invitaba a los cutos[1] cuando se lo encontraba en el bar.
El futuro conviviente, entonces arregló con su papá sin que su mamá ni ella supieran y este aceptó la dote de tres vacas y dos yeguas, diez quintales de máiz y dos de maicillo. En su casa su madre nunca ha tenido ni voz ni voto, todo lo decide su papá entonces para cuando se enteró se puso a llorar porque así mismo le pasó a ella. La tomó de un brazo y la sentó en una silla y le explicó que llegaría un hombre que sería su esposo y que se tenía que ir a vivir con él, le dijo que esa primera noche iba a sufrir pero que tenía que sacar eso de su memoria porque no le iba a servir de nada tenerlo ahí, porque así era la vida de las mujeres.
Milvia no entendió a qué se refería su mamá con eso. Dos semanas después llegó un hombre mayor que ella nunca había visto y se la llevó, ella lloraba porque no se quería ir, después intentó escapar, pero cada vez que llegaba a su casa su padre la iba a dejar de regreso, muy apenado y pidiendo disculpas. A Milvia recién le había bajado la primera sangre, no entendía porque un hombre se le subía encima y la lastimaba tanto, como si la odiara. Los padres que viven en el caserío El Tempisque, se sintieron orgullosos de que su hija viviera en una aldea. Mardo es de la aldea Escuinapa y sus padres le heredaron un pedazo de terreno cundido2 de piedras del tamaño de un estanque, allí construyó su casa de adobe de un solo cuarto y la cocina la hizo afuera con pedazos de lámina y tablas de lepa. 3
Milvia el primer hijo lo tuvo a los nueve meses y fue uno seguido de otro, a los dieciocho ya tenía cinco. Ella no fue la excepción, siguió el mismo patrón de crianza en el sistema patriarcal, como sus ancestras, amigas, vecinas… Hasta los dieciocho su mundo es su caserío, no conoce más allá de Comapa, jamás ha salido a la cabecera departamental, a lo más que ha llegado es a la aldea Guachipilín que es la última antes de llegar al cruce de El Amatón camino a la capital. Un día su conviviente no llegó a dormir, ni la siguiente noche, ni la otra, ni las demás. Supo al mes, que este se juntó con una muchacha de quince años en una aldea de Chiquimula. La familia de Mardo la sacó de la casa y la fueron a entregar junto a sus hijos de nuevo a su padre.
Su padre desde entonces la ha culpado del abandono de Mardo, porque ningún hombre deja a una mujer que sirva, le repite todos los días, despreciándola y restringiéndole la comida mientras que a su mamá la golpea por haber parido a una hija inservible. Milvia no le ha dicho a nadie porque cree que es normal que Mardo al igual que su papá también le pegaba y mucho más cuando llegaba borracho. Milvia siendo la mayor y la única mujer de once hermanos, desde temprana edad comenzó a trabajar el barro, ayudando a su mamá en la elaboración de comales, ollas y jarros que venden los jueves y los domingos al pie del palo de mango que le da sombra a La Pilona, en el parque central de Comapa. Nunca fue a la escuela porque las tareas en la casa siempre han sido infinitas, en cambio a sus hermanos sí los pusieron a estudiar, su papá dijo que los varones son los inteligentes y que las mujeres solo sirven para parir y para el oficio doméstico. Pero la venta no alcanza para la alimentación de trece en casa de sus padres más sus cinco hijos, su padre que trabaja de mozo en una finca lechera tampoco gana lo suficiente.
Su madre que fue al Centro de Salud regresa con la noticia de que le tiene trabajo en la capital, una enfermera le consiguió de empleada doméstica en una casa en la Zona 15. Así es como Milvia deja a sus cinco hijos al cuidado de su mamá y viaja a la capital con tres mudas de ropa en una bolsa de nailon, un par de zapatos y un monedero donde lleva solamente lo del pasaje junto con un rosario bendecido con agua de la Iglesia del Señor de Esquipulas que compró un día de mercado. El trabajo es de viernes a sábado, tiene el domingo libre. No sabe nada de encerar pisos, cubrecamas, estufas con horno, cocinas con gabinetes, aspiradoras, de extractor para jugos. Cafeteras eléctricas, tostadoras de pan, lavadora y secadora de ropa. Son tres trabajos en uno, cuidar a un recién nacido, limpiar la casa y cocinar. Y así se le van pasando los años, ya van quince yendo un domingo al mes a ver a sus hijos, los otros tres trabaja de mesera en una taquería en el mercado La Terminal.
Pero este domingo es especial, porque por primera vez tiene vacaciones, le dieron una semana, aunque no es la de Semana Santa, pero son siete días para pasar con sus hijos. Pero hará que esa semana sea la Semana Santa para ellos, los llevará a conocer la cueva de Andá Mirá, a que conozcan la cabecera departamental y también irán a comer pollo frito y a conocer la iglesia del Señor de Esquipulas, para que bendigan los rosarios que comprarán. Se llevará a su mamá con ellos, porque se merece todo, aunque es muy poco lo que ella le puede dar, el tiempo es lo que han tenido en contra siempre y la economía que los obliga a vivir con tantas limitaciones.
El Tempisque queda más allá del pueblo, tiene que caminar varios kilómetros en calle de terracería donde va encontrándose con los cercos de alambre de púas incrustados en los árboles de jiote. Es época de calor, la quebrada está seca, también los ojos de agua, abundan los remolinos en las polvaredas, tragando polvo y tosiendo va disfrutando la vista de los palos de jocote rojo, de la flor de izote, de los matasanos y la manzana rosa. Es el tiempo de los mangos tiernos y de los jocotes de febrero. Pero hay algo que Milvia extraña más que los pishtones 4 que echa 5 su abuela y la mantequilla de costal 6 que hace su mamá, es el ayote en rapadura7 que hacen juntas con su abuela, sus tías y su mamá, cuando también hacen los tamales de viaje y preparan las pacayas y el pescado seco para hacerlo envuelto en huevo, cuando la familia se une y la vida les sonríe.
Llena de polvo Milvia va asomando, pasa por debajo de la enredadera de buganvilias que se entrelazan con las del güisquilar que siguen su camino hacia las ramas del aguacate y el matasano que su mamá sembró cuando recién se casó. Un olor dulzoso que sale desde la cocina la abraza, la acaricia, la arrulla y le da refugio en su regazo, es el aroma de la rapadura hirviendo en una de las ollonas de barro de su mamá, es el ayote impregnándose de la miel de la caña, de la leche materna que la amamantó, de la tierra que la añora y la recibe emocionada cada vez que llega, son sus hijos saliendo encarrerados a encontrarla con un ramo de flores silvestres y fresco de masa. Son sus tías preparando la masa para los tamales de viaje, es su abuela saliendo de la cocina con las manos palmeando un pishtón y gritándole emocionada: “ingrata, el fuego me avisó que venías”.
Es todo, es todo lo que no tiene la capital.
[1] Cuto. Una medida de octavo de agua ardiente.
2 Cundido: Estar lleno. Ejemplo: Está cundido de gente. Cuando se habla de un lugar lleno de gente.
3 Lepa: Es el primer corte de la troza que elimina la corteza y la primera capa redondeada para crear una superficie plana.
4 Pishtón: Tortilla gruesa.
5 Echar: En el caso propio de las tortillas en Jutiapa es ponerlas en el comal a cocer.
6 Mantequilla de costal: Es una mantequilla cremosa, lavada y desuerada al colgarse en sacos de manta (de ahí su nombre) para extraer el agua. Es famosa por su sabor intenso y elaboración natural. Propia del oriente guatemalteco.
7 Rapadura: Palabra con la que en el oriente guatemalteco se le llama a la panela, que es un endulzante natural que se saca de la caña de azúcar.
Ilka Oliva-Corado.
22 de marzo de 2026.
Estados Unidos.
