Carlos Carvajal Martín •  Opinión • 22/10/2020

Cómo despatologizar la intersexualidad en esta sociedad genitalizada

26 de octubre, día internacional de la visibilidad intersexual.

Parece increíble que el artículo “Los cinco sexos” de Anne Fausto Sterling lleve publicado casi 30 años y la intersexualidad siga invisibilizada. En su trabajo, Sterling sostiene que la comunidad médica ha completado lo que el mundo legal comenzó y que no es sino la total eliminación de cualquier forma de expresión sexual que no se ajuste al modelo binario hombre-mujer. Y es que no solo el género es una construcción social, también las relaciones sociales condicionan el sexo biológico y empujan a alterarlo con intervenciones que van desde la dieta, el ejercicio, pasando por los extensores de pene y del ‘thigh gap’, hasta las operaciones quirúrgicas por las que se someten voluntaria o involuntariamente (en su primera infancia) muchas de las personas intersexuales para hacer encajar su cuerpo con calzador quirúrgico al rol de genero asignado al nacer.

Aclaro que escribo sobre ello desde fuera: no soy intersexual; pertenezco a la élite de los varones heterosexuales occidentales y blancos. Me aproximé al tema gracias a un trabajo de Sociología del Género y cuando lo comentaba la reacción entre mis “semejantes” solía ser ”¿Intersexuales?… esos son maricas, ¿no?”. Y es que la confusión entre sexo biológico, género y orientación sexual es aún la norma. El sexo biológico, como cualquier otro rasgo humano, no viene únicamente en dos formatos, al igual que existen personas con la nariz más o menos grande o los ojos de tonalidades distintas, la naturaleza humana es caprichosa. El sexo biológico no es solo cuestión de genitales sino el resultado de la combinación de al menos seis atributos más que concurren en cada persona: gónadas, cromosomas, órganos sexuales internos, producción hormonal, respuesta hormonal y características sexuales secundarias tales como vello corporal o senos. Añadan a este cocktail que cada uno de estos factores presenta más de dos variaciones y se multiplican las combinaciones posibles.

Como ya ocurriera con el malestar femenino o con la discapacidad, la visión bio-médica occidental ha asociado intersexualidad con enfermedad. En teoría, la intención de las intervenciones quirúrgicas es noble: se trataría de eliminar la posibilidad de desarrollar tumores o bien para evitar traumas psicológicos. Sin embargo, se ha comprobado que el riesgo de padecer cáncer es mínimo, inferior al de cualquier mujer de padecer cáncer de mama. Respecto a los traumas, la misma Sterling cita a Emma, la paciente del Dr. Young, a la que describe como “satisfecha e incluso feliz”, otro caso clásico es el de Herculine Barbin que de acuerdo a Foucault vivía en el “feliz limbo de la no identidad” y que sin embargo acabó suicidándose con el gas de su cocina cuando la obligaron a asumir un rol de género masculino tras un examen médico.

Pero ¿cuántos intersexuales hay? Según la OMS, una de cada 2.000 personas nace intersexual, apenas un 0.05%. Esta cifra está claramente infreaestimada ya que la institución solo tiene en cuenta los bebes con genitales significatívamente atípicos, cuando algunos de los atributos biológicos del sexo a los que nos referíamos antes son internos o se manifiestan con posterioridad, en la pubertad o incluso más tarde. Por otra parte, solo un puñado de países entre los que no está la “avanzada” España pero sí las “atrasadas” Bangladesh, Kenia o Pakistán, permiten inscribir al recién nacido en otra categoría a la binaria, por lo que hoy por hoy no contamos con un censo fiable. En realidad se estima que hasta un 2% de la población mundial podría ser intersexual: 154 millones de personas, tantas como personas pelirrojas en el mundo y más que la población de Rusia o México. Suficientes para que se las tenga en cuenta.

Volviendo a nuestro país, en España el formulario para inscribir al recién nacido tiene dos opciones: varón/mujer y viene con la advertencia de “señale el que corresponda”. Y no se puede dejar sin marcar. Este encasillamiento oficial empuja a cualquier progenitor a pensar que algo está mal en su bebé, cuando lo que está mal es el formulario. El sexo asignado será determinante en el aprendizaje de los roles de género del recién nacido. El hecho de que no exista la opción de registrar un sexo biológico distinto al binario tiene efectos devastadores, como la falta de reconocimiento de derechos sociales ola marginación.

En mi trabajo de Sociología ilustraba estos hechos con algunas narrativas cortas protagonizadas por personas intersex que encontré en el blog Brújula intersexual. Una de mis personajes favoritas es Lira a la que su amiga Jane se acerca al verla sola y apenada:

Hola Lira, ¿puedo saber por qué tanta tristeza?

Hola, mmm, pues, no sé cómo debería sentirme… La gente me mira mal, los médicos siempre me han dicho que soy anormal, mi familia no me acepta del todo, ¿cómo he de ser feliz así?

Lira no está deprimida por serintersexual sino por el rechazo que esta condición genera en los otros. Es la gente, los médicos, incluso su familia la que le impide satisfacer la necesidad humana de formar parte de la comunidad. No es ella la que debe someterse a cirugía, sino la sociedad genitalizada que le rodea. Es necesario despatologizar la intersexualidad, como ya se hizo con la homosexualidad o con la transexualidad, consideradas enfermedades mentales hasta 1990 y 2018 respectivamente y reconocer sin ambajes los derechos de las personas intersexuales.

Algunas Comunidades Autónomas se han adelantado a la legislación nacional y en el caso de Baleares, ha redactado un protocolo específico de atención integral para intersexuales en las que se dice literalmente “Se evitará siempre que sea posible la intervención médica inmediata (quirúrgica u hormonal) del proceso de normalización sexual para ajustarse a las normas físicas del binarismo de género”. Ese es el camino a seguir porque en definitiva, y como dice la amiga de Lira:

La normalidad en la naturaleza es la diversidad. Eres perfecta como eres, así que anímate, sonríe y siéntete afortunada, eres hermosa y especial, nunca lo olvides.

* Por Carlos Carvajal Martín. Aprendiz de sociólogo en la UNED.


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